El legado de Santo Tomás de Aquino y su visión sobre la integración
En un mundo cada vez más globalizado y plural, la integración de inmigrantes se presenta como uno de los retos sociales más importantes para las sociedades modernas. Alejandro Macarrón, director del Centro de Humanidades de la Universidad Francisco de Vitoria, recupera la reflexión de Santo Tomás de Aquino para iluminar este desafío actual, invitándonos a entender cómo se concibe la asimilación plena y qué implica realmente para la convivencia social.
¿Qué decía Santo Tomás de Aquino sobre la integración?
El pensamiento de Santo Tomás de Aquino es clave para abordar conceptos contemporáneos como la integración social y la pertenencia cultural. Según Macarrón, Aquino desarrolló la idea de que la verdadera integración se alcanza con las siguientes generaciones, en concreto con los nietos de los inmigrantes. Esto implica que la asimilación no se produce de forma inmediata ni en una sola generación, sino que es un proceso gradual y profundo.
Una integración que va más allá de la mera coexistencia
Para Santo Tomás, la plena integración no se limita a la simple coexistencia con respeto mutuo, sino a la asunción genuina de las costumbres, valores y responsabilidades dentro de la sociedad receptora. Este proceso lleva tiempo y se consolida con la inmersión cultural y social transmitida de padres a hijos, y de estos a sus propios descendientes. Esto nos invita a reflexionar sobre la paciencia y el apoyo necesario para que este fenómeno natural ocurra y se afiance.
¿Qué implica que los nietos sean quienes alcancen la plena integración?
La idea de que la integración plena llega en la tercera generación sugiere varios puntos clave:
- Tiempo suficiente para la adaptación: Los nietos nacen y crecen en el entorno cultural del país de acogida, lo que facilita su identificación con los valores y las normas de esa sociedad.
- Preservación y transformación cultural: Los inmigrantes no solo adoptan una nueva cultura, sino que también la enriquecen, ofreciendo una amalgama cultural que aporta diversidad y dinamismo.
- Reconocimiento social: En la tercera generación, la aceptación social tiende a ser mayor, pues se considera que ya forman parte integral de la comunidad.
¿Qué es lo que realmente cuesta en el proceso de integración?
En ocasiones, la integración se percibe como una pérdida de identidad o como un sacrificio doloroso. Sin embargo, la visión tomista ofrece otro ángulo:
- Reconocer la importancia de renovar y aceptar: Sin perder las raíces, los inmigrantes y sus familias deben estar abiertos a incorporar aspectos nuevos que la sociedad receptora ofrece.
- La paciencia como virtud: Comprender que los cambios profundos requieren tiempo y esfuerzo y que las resistencias naturales forman parte del proceso.
- Ir más allá del prejuicio: Es fundamental vencer las visiones simplistas y adoptar una mirada integradora y optimista sobre la convivencia multicultural.
Lecciones prácticas para la sociedad actual
Tomando como base esta reflexión histórica, podemos extraer varias ideas aplicables a los contextos actuales en España y otras naciones:
1. Fomentar políticas a largo plazo
Las estrategias de integración deben contemplar un horizonte generacional, evitando soluciones inmediatas y superficiales que no aborden las necesidades reales de este proceso evolutivo.
2. Apoyar a las familias inmigrantes
Brindar recursos para la educación, el acceso a servicios y la participación social facilita que los hijos y nietos de inmigrantes puedan desarrollarse plenamente como parte del tejido social.
3. Promover el diálogo intercultural
Espacios que favorezcan la convivencia, el entendimiento y el respeto mutuo son esenciales para derribar barreras y construir empatía.
Un llamado a la reflexión: la integración como un camino compartido
La perspectiva de Santo Tomás de Aquino, retomada por Alejandro Macarrón, nos invita a pensar la integración no como un obstáculo o amenaza, sino como una oportunidad para enriquecer y fortalecer nuestras sociedades. Reconocer que la plena asimilación puede requerir hasta tres generaciones nos impulsa a cultivar la paciencia, la empatía y la solidaridad como valores fundamentales.
En definitiva, la integración es un proceso humano profundo, lleno de retos pero también de esperanza. Nos corresponde a todos, tanto a los ciudadanos de origen como a los inmigrantes, caminar juntos en este recorrido hacia la construcción de comunidades más justas, diversas y cohesionadas.
Conclusión
Inspirarse en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino no es solo un ejercicio académico, sino una invitación a humanizar las políticas y prácticas sociales actuales. Si queremos sociedades realmente integradas, debemos mirar hacia el futuro con compromiso y comprensión, apoyando a las generaciones venideras para que puedan consolidar un sentido de pertenencia pleno y enriquecedor para todos.



