Page lanza un aviso al Gobierno y a Urtasun: ¿es la cultura un asunto que debe ser controlado?
La reciente polémica suscitada en torno a las declaraciones de la ministra de Cultura, Mertxe Urtasun, ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión profunda y necesaria: ¿debe la cultura estar sujeta a un régimen de control gubernamental o es un territorio de libertad plena? Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, ha alzado la voz para lanzar un mensaje crítico y reflexivo que invita a mirar más allá del debate puntual y a cuestionar el papel del Estado en la gestión cultural.
La cultura: ¿Recurso o derecho?
En el actual contexto político y social, la cultura se debate entre ser un activo económico estratégico o un derecho fundamental inherente a toda sociedad democrática. Esta tensión no es nueva pero se intensifica cuando desde instancias gubernamentales se habla de “regímenes” o controles, lo que pone en alerta a creadores, instituciones y ciudadanos.
La visión de Emiliano García-Page
Para García-Page, la cultura no puede ni debe sentirse amenazada por intentos de control estricto o por agendas ideológicas que pretendan limitar la diversidad y la pluralidad de expresiones culturales. Expresó que “muchos piensan que la cultura tiene régimen”, una idea que considera peligrosa, pues sitúa la cultura bajo una especie de censura o tutela excesiva que restaría valor y libertad a los procesos creativos.
Un llamado a la libertad creativa
El presidente autonómico advierte que una cultura vigilada es una cultura empobrecida, y que ponerle “regímenes” es cercenar la riqueza que surge de la diversidad. Subrayó la necesidad de que el gobierno central entienda la cultura como un espacio libre, donde las ideas, las tradiciones y las innovaciones puedan coexistir sin cortapisas.
¿Qué implica un “régimen” cultural?
Hablar de régimen en cultura puede entenderse como establecer mecanismos de control o directrices que limiten qué se puede o no expresar. Esto puede traducirse en:
- Limitación de contenidos que se ajusten a una línea política o ideológica.
- Restricciones sobre qué proyectos o manifestaciones reciben apoyo o financiación.
- Censura o autocensura derivada de la presión institucional.
Estos factores podrían generar un ambiente de inseguridad para artistas, creadores y gestores culturales, que verían mermadas sus libertades.
El equilibrio entre apoyo y control
No obstante, el papel del Estado en la cultura también es fundamental para garantizar su acceso y desarrollo. La clave está en encontrar un equilibrio que permita:
- Financiar y promover la cultura de forma inclusiva.
- Proteger el patrimonio y las expresiones culturales diversas.
- Evitar cualquier forma de imposición ideológica o censura.
Reflexiones para la gestión cultural en España
El debate suscitado invita a repensar cómo se estructura la política cultural en España, especialmente en tiempos de polarización política y cambios profundos en la sociedad. Algunas reflexiones clave son:
1. Cultura y pluralidad
La cultura española es un mosaico diverso y plural, que incluye múltiples lenguas, tradiciones y formas artísticas. Cualquier intento de control rígido podría mermar esta riqueza, afectando no solo a creadores sino a toda la ciudadanía.
2. Autonomías y gestión local
Las comunidades autónomas tienen un papel esencial en la gestión cultural. La defensa de la libertad cultural también implica fortalecer los espacios locales y regionales frente a posibles centralismos.
3. Participación ciudadana
La cultura no es solo cosa de gestores o políticos, sino también de la sociedad civil. Impulsar procesos participativos garantiza que las políticas culturales respondan a las verdaderas necesidades y deseos de la población.
Una llamada a la responsabilidad compartida
En definitiva, el mensaje lanzado por García-Page resuena como un llamado a la responsabilidad colectiva para preservar la cultura como un bien común, libre y respetuoso con la diversidad. El Gobierno, las instituciones y la sociedad en general deben colaborar para que la cultura no quede atrapada en “regímenes” que la coarten, sino que se impulse como un espacio de encuentro, diálogo y crecimiento.
¿Qué podemos hacer como ciudadanos?
- Informarnos y participar en iniciativas culturales de nuestra comunidad.
- Apoyar a artistas y proyectos diversos, promoviendo la pluralidad.
- Exigir transparencia y libertad en las políticas culturales.
- Fomentar el diálogo sobre el papel que queremos para la cultura en nuestra sociedad.
Conclusión
La cultura es uno de los pilares fundamentales de una sociedad libre y democrática. Cualquier intento de imponerle un “régimen” corre el riesgo de limitar su potencia y su capacidad para conectar a las personas. España se encuentra en un momento crucial para reafirmar el compromiso con una cultura diversa, plural y libre, que sea motor de identidad, inclusión y progreso. El mensaje de García-Page abre la puerta a un debate necesario que debemos asumir entre todos, para luchar contra cualquier forma de control que restrinja la esencia misma de la cultura.



