Publicidad

El reto de la dopamina en el aula: entender para enseñar mejor

Vivimos en una era dominada por la distracción permanente. Los smartphones, las redes sociales y todo tipo de dispositivos conectados activan la dopamina en nuestro cerebro, el neurotransmisor que recompensa el placer inmediato y casi instantáneo. Para Emily Goligoski, investigadora y docente, esta realidad plantea un dilema crucial: ¿cómo mantener la atención de los alumnos en clase cuando compiten constantemente con estímulos digitales diseñados para captar su foco?

Emily Goligoski y su mirada sobre el conflicto entre tecnología y aprendizaje

Goligoski, con una trayectoria donde combina la investigación sobre audiencias digitales y la enseñanza universitaria, no se limita a constatar el problema. Su acercamiento es práctico y directo: reconoce la influencia de la dopamina y el deseo natural de estímulos constantes, pero aplica reglas claras sobre el uso de dispositivos en un entorno académico. Según ella, imponer normas —más que prohibiciones absolutas— ayuda a los alumnos a aprender a gestionar la atención.

¿Por qué es tan complicado mantener la atención en clase?

La clave está en cómo funciona nuestro cerebro. La dopamina se libera ante recompensas rápidas y frecuentes, como los “likes”, mensajes o vídeos cortos, creando una predisposición a buscar esa estimulación constante. Sin embargo, el aprendizaje profundo requiere atención sostenida y un esfuerzo cognitivo que no siempre ofrece una gratificación inmediata.

En el aula, esto se traduce en:

  • Distracciones constantes provocadas por notificaciones y multi-actividad.
  • Dificultades para conectar con contenidos teóricos que demandan concentración.
  • Una cultura del “todo ya” que reduce la tolerancia al esfuerzo intelectual.

Reglas para convivir con los dispositivos, no para eliminar su uso

Goligoski no propone una batalla frontal contra la tecnología, sino una convivencia armónica. Sus reglas para usar dispositivos en clase nacen de la necesidad realista de adaptar el aprendizaje a los tiempos actuales. Entre sus pautas destacan:

  • Permitir el uso de dispositivos para tareas específicas y controladas, evitando su uso libre durante explicaciones teóricas.
  • Fomentar pausas digitales para evitar la fatiga mental y la sobreexcitación dopaminérgica.
  • Promover estrategias de autorregulación entre los estudiantes para que identifiquen cuándo y cómo pueden usar la tecnología sin que afecte su concentración.

Competir contra la dopamina: el papel activo del profesor

En su experiencia, la profesora señala que el docente debe ser consciente de esta lucha silenciosa que hay en cada aula y asumir una posición activa, no pasiva, frente al desafío. Esto implica:

  • Diseñar clases que integren participación dinámica para fomentar la atención.
  • Introducir momentos donde el alumno pueda desconectar conscientemente de la tecnología.
  • Utilizar técnicas que apelan a la motivación intrínseca y no solo a la recompensa externa inmediata.
El aprendizaje como premio a medio plazo

Goligoski subraya que es fundamental enseñar a los estudiantes el valor del aprendizaje como un logro que no se mide en estímulos instantáneos sino en competencias, conocimiento y desarrollo personal, recompensas que llegan con el tiempo y exigen paciencia y esfuerzo. Esta mentalidad es clave para superar el dominio casi adictivo de la dopamina.

Mirando al futuro: ¿pueden cambiar las audiencias digitales su relación con la información?

Como investigadora que ha analizado la evolución del consumo de información en la última década, Goligoski tiene una visión crítica y poco optimista sobre cómo las nuevas generaciones consideran la atención. Su advertencia es clara: sin reglas y sin educación digital que prepare para enfrentar estas distracciones, el riesgo es una pérdida de profundidad y sentido crítico.

Un llamado a los educadores y a la sociedad

La propuesta de Goligoski es un espejo para el sistema educativo y para la sociedad en general. No se trata simplemente de prohibir el móvil, sino de generar espacios donde el autocontrol y la conciencia sobre el impacto de la tecnología en nuestra mente sean una materia fundamental. Porque, como ella señala, la batalla contra la dopamina no es una guerra perdida, sino un campo de entrenamiento para el futuro.

Conclusión: La atención como habilidad crítica del siglo XXI

La experiencia de Emily Goligoski ofrece una enseñanza valiosa: atender la complejidad de la atención en la era digital requiere estrategias claras, reglas flexibles y un compromiso activo tanto por parte de los docentes como de los alumnos. No podemos dejar que la búsqueda inmediata de placer —la dopamina— se imponga sobre el desarrollo intelectual y la capacidad de concentración. Preparar a las nuevas generaciones para gestionar su atención es uno de los retos más importantes de la educación actual y futura.

Artículo anteriorDepurtech lanza tecnología para transformar lodos de aguas residuales: ¿un antes y un después para industria y depuradoras?
Artículo siguienteIndra revoluciona el cielo español: el sistema que potencia las F-100 y guía los aeropuertos gallegos