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Cuando la tecnología sustituye al abrazo: una reflexión necesaria

Vivimos en un mundo conectado, donde la tecnología forma parte casi inevitable de nuestro día a día, incluso desde la infancia. Sin embargo, la psicóloga infantil Estefanía Hita lanza una advertencia clara y necesaria: el uso excesivo y mal planteado de dispositivos digitales puede convertirse en un “chupete digital”, una herramienta para calmar y distraer a los niños que, en realidad, perjudica su desarrollo emocional y cognitivo.

El reto de educar en la era digital

La sociedad actual, marcada por la cultura de la inmediatez y la multitarea, provoca que los adultos busquen soluciones rápidas para manejar el comportamiento infantil. “En los más pequeños no debemos usar la tecnología como un chupete digital para calmarlos”, comenta Estefanía Hita en una entrevista con AS. Esta imagen atrapante refleja un problema común: el recurso fácil de entregar una tablet o un smartphone como válvula de escape ante el llanto o el aburrimiento.

¿Por qué es peligroso el “chupete digital”?

  • Interfiere en la regulación emocional: Los niños necesitan aprender a gestionar sus emociones a través del contacto humano, la escucha activa y el acompañamiento paternal o docente.
  • Limita el desarrollo de habilidades sociales: La interacción cara a cara es clave para el aprendizaje de la empatía, la comunicación y el reconocimiento de emociones propias y ajenas.
  • Reduce la atención sostenida: La multitarea acelerada y la excesiva estimulación digital dificultan la capacidad de concentración y el desarrollo de la paciencia.

La multitarea y la cultura de la inmediatez: un enemigo silencioso

Según Hita, la sociedad actual premia la rapidez, la eficiencia y la ejecución paralela de tareas. Esta dinámica afecta a niños y adultos por igual, pero es en la infancia donde el impacto puede ser más dañino. La atención sostenida, una competencia clave para el aprendizaje, requiere de tiempos libres y concentración profunda, aspectos que se ven comprometidos cuando el niño está constantemente expuesto a estímulos digitales fragmentados y cambiantes.

Consecuencias para el desarrollo infantil

El resultado es un círculo vicioso en el que los pequeños, ante la dificultad para concentrarse o autorregularse, demandan más tecnología para tranquilizarse, y los adultos, buscando resolver rápidamente, se la entregan sin cuestionar alternativas.

Este escenario puede originar:

  • Dificultades en el aprendizaje de habilidades básicas como la atención y la paciencia.
  • Aumento de la dependencia tecnológica desde edades muy tempranas.
  • Menor desarrollo de la creatividad y el juego espontáneo.

¿Cómo podemos actuar los adultos para un uso saludable?

No se trata de demonizar la tecnología, sino de acompañar, educar y poner límites claros. Estefanía Hita propone algunas claves que pueden inspirar a padres, educadores y cuidadores:

1. Priorizar el contacto humano

El abrazo, la atención directa, el juego compartido y la escucha activa son insustituibles para el bienestar emocional y la construcción de vínculos seguros.

2. Establecer momentos sin pantallas

Crear rutinas donde los niños aprendan a estar presentes en actividades sin estimulación digital favorece la concentración y el desarrollo de otras habilidades.

3. Fomentar la creatividad y el juego libre

El juego espontáneo con recursos naturales o materiales sencillos favorece la imaginación, la resolución de problemas y la autonomía.

4. Educar desde el ejemplo

Los adultos deben ser conscientes de su propio uso de la tecnología, ya que los niños aprenden observando primero que escuchando. La coherencia es fundamental.

Un mensaje inspirador para el futuro

El avance tecnológico es imparable y ofrece herramientas maravillosas, pero exige una reflexión profunda sobre cómo las incorporamos en nuestras vidas y, muy especialmente, en la educación de los más pequeños. La invitación de Estefanía Hita nos recuerda que la tecnología no puede ni debe remplazar el calor de un abrazo ni la presencia atenta de un adulto.

Con un uso consciente y equilibrado, podremos acompañar a las nuevas generaciones para que crezcan emocionalmente sanos, curiosos y capaces de aprovechar lo mejor que ofrece la era digital sin perder la esencia humana que nos conecta.

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