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La IA va a generar una riqueza sin precedentes. ¿Quién se quedará con ella?

La Inteligencia Artificial (IA) ha desatado un intenso debate sobre su rentabilidad. A pesar de la enorme inversión en centros de datos, esta tecnología aún no está contribuyendo al crecimiento económico de Estados Unidos. Sin embargo, hay quienes aseguran que la IA ya está generando riqueza, aunque aún no sepamos cómo cuantificarla.

Donald Trump, en una reciente declaración, mencionó la importancia de que las empresas de IA «devuelvan algo al público» y compartan la riqueza que están generando. Esta postura refleja el impacto que la IA está teniendo en el mercado laboral, con consecuencias como despidos masivos.

Según una encuesta de Reuters e Ipsos, el 53% de los ciudadanos estadounidenses temen perder su empleo a manos de la IA, generando preocupación en la sociedad. Ante este panorama, surgen propuestas como la creación de un fondo público que invierta en IA y distribuya las ganancias entre la población, siguiendo el modelo de Noruega con el petróleo.

En un escenario futurista, la IA podría ocupar el 80% de los trabajos valiosos actualmente desempeñados por humanos, lo que conllevaría un desempleo masivo. Ante este panorama, se plantean medidas como igualar impuestos entre ganancias de capital y salarios, y crear un impuesto sobre los ingresos de la IA para cubrir el paro y abaratar servicios automatizables.

IA y riqueza

La importancia de repartir la riqueza generada por la IA

La declaración de Trump y las propuestas de distribución de riqueza generada por la IA reflejan la necesidad de regular y equilibrar el impacto de esta tecnología en la sociedad. Ante el temor de desempleo masivo y la concentración de riqueza en manos de empresas, es crucial plantear medidas que garanticen un reparto justo y equitativo.

El papel del estado y la sociedad en el beneficio de la IA

Las decisiones que se tomen en torno a la distribución de la riqueza generada por la IA determinarán en gran medida el futuro del mercado laboral y la economía global. Es fundamental que tanto el estado como la sociedad civil se involucren en este debate y busquen soluciones que beneficien a todos los sectores de la población.

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