La IA y su impacto en la productividad empresarial: un análisis a fondo
No paramos de escuchar que la IA va a sustituir a los empleados en sus puestos de trabajo y que eso supondrá un apocalipsis en el mercado laboral. Si bien es cierto que se avecina un cambio de paradigma, incluso las voces más agoreras han atenuado su discurso aminorando el impacto real sobre el empleo.
Hace cuatro décadas pasó algo parecido con el ordenador personal. Las oficinas se llenaron de ordenadores que hacían el trabajo de varios contables, pero los balances de las empresas no notaron sus beneficios nada durante años. Tal y como recoge Fortune, una economista de Goldman Sachs acaba de repasar esa historia con lupa y su conclusión es que la IA podría tardar incluso más que los ordenadores en comenzar a demostrar sus beneficios.
La curva en J de los PC
Elsie Peng, economista de Goldman Sachs, ha analizado qué pasó tras la llegada del PC en 1981. Los datos apuntan a que en los primeros de implantación de los ordenadores de cuatro años la productividad cayó un poco. Luego, esa productividad se estancó otros cuatro. Solo al octavo año se comenzaron a notar los primeros indicios de crecimiento en la productividad atribuible al uso de esas nuevas tecnologías. Su pico llegó doce años después de su lanzamiento.
A la tendencia que registró la implementación de los ordenadores en las empresas se la conoce como curva en J y, antes que los ordenadores, ya la vivieron otras tecnologías disruptivas del mercado laboral, como la máquina de vapor y la llegada de la electricidad. Si la IA es «el nuevo PC», esa curva situaría los primeros indicios de impacto en torno a 2030, y su pico de rendimiento no llegaría hasta 2034.
El teletrabajo como factor clave
Desde Goldman Sachs admiten que gran parte del impacto de la IA actual todavía no es apreciable en las cifras oficiales. Esto sucede pese a las ingentes cifras de inversión que están haciendo las empresas en sistemas de IA. En los ochenta con los PC sucedió exactamente lo mismo: los chips y el hardware eran caros y las aplicaciones que aportaban un valor real, como internet, tardaron años en tener una masa crítica de usuarios lo suficientemente grande como para tener un impacto en la productividad real.
De hecho, según las investigaciones realizadas por el experto de Stanford, Nick Bloom, el reciente incremento de la productividad que se ha registrado no respondería a la llegada de la IA, sino a la implementación masiva del teletrabajo tras la pandemia de Covid-19.
La importancia de la reorganización del trabajo
Bill Gates ha enfatizado que «a medida que la IA asuma más trabajos, podrás jubilarte antes y trabajar semanas laborales más cortas». Según los datos que recoge Fortune del informe de Goldman Sachs, por cada dólar gastado en hardware en los 90 por las empresas, fue necesario otro dólar con setenta centavos en algo que no siempre se tiene en cuenta: rediseñar cómo trabajaba la gente.
Ese gasto en reorganizar no despegó hasta una década tras la llegada del PC a los despachos. Ganaron las empresas que cambiaron su forma de trabajar, no las que compraron antes el hardware. La inversión en centros de datos para IA crece más rápido que entonces. Pero el gasto en reorganizar el trabajo con la IA va más lento que en los noventa con los PC.
El sabotaje de los empleados
La analista de Goldman Sachs destaca una gran diferencia entre el escenario de implantación de los ordenadores y el de la IA: los ordenadores no tenían a los trabajadores en contra. Ese escenario puede retrasar todavía ese pico de productividad esperado para 2034.
Los empleados, en muchos casos, rechazan la IA no porque falle, sino porque sienten que amenaza su empleo. Un estudio reveló que al menos el 30% de los proyectos de IA generativa acabarán abandonados por este rechazo de los empleados.
En definitiva, el impacto de la IA en la productividad empresarial es un proceso complejo que requiere de la reorganización del trabajo y la aceptación de los empleados. Si bien la curva en J de los PC puede servir como guía, cada tecnología tiene sus particularidades y la IA no es una excepción. El futuro del trabajo está en constante evolución, y adaptarse a las nuevas tecnologías será clave para el éxito de las empresas en los próximos años.



