Los virtuosos profesionales Begoña y David
Cero autocrítica. La España de Pedro Sánchez va bien. Todo se tapa con el humo de los incendios. Avalancha de cifras. Tanto, que nos quejamos de vicio. La derecha es la culpable. De todo. Ellos queman los montes, no los desbrozan y encima no quieren firmar un pacto para la emergencia climática. Y, por si fuera poco, esa misma derecha, cuyo brazo armado es la acusación popular –no decía lo mismo el presidente de la de Urdangarin o la Gürtel–, ha deshumanizado a sus corruptos de cabecera: ZP, Begoña y David. Pero como Zapatero es una tea ardiente, Pedro Sánchez se puso a resguardo para no achicharrarse más y tiró de lugares comunes –«respeto a su presunción de inocencia, estamos en las fases iniciales, ya veremos en qué deriva»– y hasta negó que él fuera «el portavoz» del expresidente. De los cuñados Bego y David, resulta que son grandísimos profesionales, merecedores de cargos de élite. Lástima que ambos terminaran así: una, firmando cartas de recomendación para empresarios amigos y disfrutando de una cátedra en una universidad pública para la que no contaba con títulos; y el otro, disfrutando de un puestecito público en una diputación provincial, gobernada por el partido de su hermano.



