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¿Rehenes de la tecnología?

¿Somos conscientes del tiempo que la tecnología nos roba? ¿Nos percibimos autónomos y libres cuando pasamos minuto tras minuto ante la pantalla de cualquier dispositivo electrónico, engullendo el contenido que el algoritmo desea que devoremos?

Es lo que sucede cuando la atención voluntaria es secuestrada por la tecnología para satisfacer sus fines de control, de persuasión, de creación de tendencia y, por supuesto, de opinión. En ese momento, la atención deja de ser voluntaria y escapa al control de la persona.

Se trata de un fenómeno muy generalizado en el que la persona ni controla ni elige el estímulo visual o auditivo que recibe. Además, para resultar más placentero y adictivo, la rápida y cambiante presentación de los estímulos provoca la generación de dopamina en el cerebro e interfiere en el desarrollo de la atención sostenida.

Este, en apariencia, inocuo fenómeno está profundamente estudiado por los poderosos de las tecnologías. Conocen las debilidades humanas que nos convierten en vulnerables y las aprovechan para ir debilitándonos.

Control de la atención

Mantener la atención de forma voluntaria y sostenida en un estímulo que genera interés supone esfuerzo y gasto energético, por lo que no resulta difícil desviarse de esta tarea y dejarse llevar por otro contenido que nos distrae y divierte.

Esta circunstancia es aprovechada por las grandes firmas tecnológicas para descubrir qué nos interesa y de qué forma nos lo presentan para anular la autonomía y la capacidad de pensamiento crítico.

Dictaduras digitales

Quizá en el siglo XXI las dictaduras y los sistemas de control y vigilancia no radiquen tanto en las armas, sino en la información acumulada, que gestionada maliciosamente es una sutil fuente de poder y control con ingentes beneficios.

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