El marcado láser de alimentos pasa del aguacate a la batata y prepara su salto industrial
La tecnología de marcado láser sobre productos frescos empieza a ampliar su campo de aplicación. Tras el éxito de un proyecto desarrollado para identificar aguacates, la solución se dirige ahora a la batata, un alimento que podría beneficiarse de una alternativa más limpia, flexible y eficiente frente a las etiquetas adhesivas y otros sistemas de impresión.
Michael Dossor, CEO de Result Group, considera que la experiencia acumulada con los aguacates está facilitando una adopción más amplia de esta tecnología en la cadena hortofrutícola. El objetivo es que el marcado deje de verse como una solución puntual y se convierta en una herramienta integrada en los procesos habituales de productores, distribuidores y operadores logísticos.
Una marca directa sobre la superficie del alimento
El marcado láser permite aplicar información directamente sobre la piel del producto, sin necesidad de incorporar una pegatina individual. En función de las características del alimento y de la configuración del sistema, puede utilizarse para mostrar datos como la variedad, el origen, el calibre, el lote o la identificación comercial.
En productos como el aguacate, esta técnica ofrece una respuesta a varios retos habituales. Las etiquetas pueden despegarse durante el transporte, dificultar la gestión de residuos o exigir una manipulación adicional. Al eliminar parte de esos elementos, el proceso puede simplificarse y reducir el consumo de materiales asociados al etiquetado.
La aplicación sobre batatas plantea un nuevo escenario. Su superficie irregular, las diferencias de tamaño y las condiciones de conservación obligan a adaptar los parámetros del láser para que la información resulte legible sin comprometer la calidad del alimento. Por ello, el paso de un producto a otro no consiste únicamente en replicar una instalación, sino en ajustar la tecnología a cada variedad y proceso.
Del proyecto piloto a una adopción más amplia
El caso de los aguacates ha servido para demostrar que el marcado láser puede integrarse en operaciones comerciales de gran volumen. Esa validación resulta especialmente relevante para una industria que necesita mantener la trazabilidad y, al mismo tiempo, responder a la presión para reducir envases y consumibles.
La tecnología puede encajar en distintas fases de la cadena de suministro. Los productores pueden emplearla para identificar lotes desde el origen; los centros de confección pueden añadir información comercial, y los distribuidores pueden disponer de una referencia visual que facilite la clasificación y el control del producto.
Además, el marcado directo puede convivir con sistemas digitales de seguimiento. Un código, una referencia alfanumérica o una combinación de elementos visuales puede vincular el alimento con bases de datos internas y herramientas de control logístico, siempre que la información sea compatible con los sistemas utilizados por cada empresa.
Menos materiales, más control del producto
Uno de los principales argumentos a favor del marcado láser es la posibilidad de reducir el uso de etiquetas y soportes adicionales. Esta ventaja cobra importancia en un contexto en el que el sector alimentario revisa sus procesos para limitar residuos y mejorar la eficiencia de las operaciones de envasado y distribución.
La reducción de materiales no implica, por sí sola, que el impacto ambiental desaparezca. La evaluación debe tener en cuenta el consumo energético de los equipos, la velocidad de las líneas, el mantenimiento y el destino final de los productos. Sin embargo, sustituir determinados componentes desechables puede contribuir a diseñar procesos más ajustados y con menos elementos auxiliares.
También hay una dimensión operativa. Al no depender de una superficie adhesiva, el marcado puede evitar algunos problemas relacionados con la humedad, el roce o los cambios de temperatura. Esto puede ser útil en alimentos que pasan por cámaras frigoríficas, almacenes y trayectos de larga distancia antes de llegar al punto de venta.
La estandarización, el próximo reto
Para que el marcado láser se extienda, será necesario avanzar en criterios comunes sobre el tipo de información que debe aparecer, su tamaño, su contraste y su ubicación. La legibilidad debe mantenerse durante la vida comercial del producto, pero también debe ser compatible con las exigencias de seguridad alimentaria y con las normas de cada mercado.
La aceptación por parte de los consumidores será otro factor decisivo. Aunque la marca láser puede integrarse de forma discreta en la piel de la fruta u hortaliza, los compradores deben identificarla como una señal de información y no como un defecto del alimento. La comunicación en el punto de venta tendrá un papel importante en esa transición.
El avance de los aguacates a las batatas muestra una tendencia más amplia: la búsqueda de sistemas de identificación que aporten trazabilidad sin añadir necesariamente más envases. Si la tecnología demuestra que puede funcionar con distintos productos, velocidades de producción y modelos de distribución, el siguiente paso podría ser su incorporación progresiva a otras frutas y hortalizas.
Por ahora, el sector se encuentra en una fase de expansión y aprendizaje. La experiencia con los aguacates ha abierto la puerta; la llegada a las batatas puede convertirse en la prueba de que el marcado láser está preparado para dejar de ser una innovación especializada y formar parte de la infraestructura habitual de la industria alimentaria.



