Hong Kong presenta un robot humanoide capaz de transportar 50 kilos y ejecutar órdenes por voz
La empresa hongkonesa NineRay Technology ha presentado el RayNex G3, un robot humanoide diseñado para levantar y trasladar cargas pesadas en entornos industriales. Durante una demostración en el Parque Científico de Hong Kong, la máquina elevó una barra de 50 kilos y la transportó después de recibir instrucciones mediante comandos de voz.
El dispositivo representa la tercera generación de robots humanoides desarrollados por la compañía. Su objetivo principal es ayudar a las personas en trabajos de carga, aunque NineRay también lo plantea para tareas de precisión, manipulación de materiales y operaciones en lugares potencialmente peligrosos para los trabajadores.
Un humanoide de 173 centímetros y menos de 60 kilos
El RayNex G3 mide 173 centímetros de altura y pesa menos de 60 kilos, unas dimensiones similares a las de una persona adulta. Según los datos facilitados por el fabricante, puede transportar hasta 30 kilos en operaciones habituales y sujetar 60 kilos utilizando los dos brazos.
La compañía afirma además que el robot puede levantar entre 100 y 200 kilos en operaciones de peso muerto. Esta capacidad no equivale necesariamente a caminar con esas cargas, pero muestra el margen de fuerza que NineRay atribuye a su sistema mecánico.
La demostración pública se centró en una carga de 50 kilos, una cifra considerable para un robot bípedo que debe mantener el equilibrio mientras se desplaza. En este tipo de máquinas, levantar un objeto no es suficiente: también resulta necesario compensar sus movimientos para evitar tropiezos, desestabilizaciones o daños en la carga.
RayBrain, un sistema de inteligencia artificial de extremo a extremo
El cerebro del RayNex G3 es RayBrain, una plataforma de inteligencia artificial desarrollada por la propia empresa. NineRay describe su arquitectura como de cadena larga y de extremo a extremo, un enfoque que intenta coordinar en un mismo sistema distintas fases de la actuación del robot.
En un diseño más convencional, la percepción del entorno, la planificación de una acción y el control de los motores se gestionan mediante módulos separados. En cambio, una arquitectura de extremo a extremo busca que el sistema pase de lo que detectan sus sensores a la acción física con una integración mayor.
Esto no significa que el robot piense como una persona ni que pueda desenvolverse sin límites en cualquier escenario. La inteligencia artificial debe interpretar las órdenes, reconocer los objetos y calcular cómo mover el cuerpo, pero su eficacia dependerá de la calidad de los sensores, del software y de las condiciones del entorno.
44 conjuntos de sensores para controlar la fuerza y el equilibrio
El humanoide incorpora un sistema de control de fuerza distribuido por todo el cuerpo. Cuenta con 44 conjuntos de sensores de precisión que permiten medir aspectos como la presión, la resistencia y los cambios en el movimiento.
Estos datos se utilizan para ajustar la fuerza aplicada en cada articulación y para mantener la estabilidad mientras el robot manipula objetos pesados. El control de fuerza es especialmente importante cuando se trabaja cerca de personas o cuando la carga puede romperse, desplazarse o provocar un accidente.
NineRay también asegura que el RayNex G3 es el primer humanoide producido en serie que combina articulaciones lineales y articulaciones armónicas SEA. Esta combinación busca equilibrar potencia, precisión y respuesta mecánica, aunque será necesario comprobar su rendimiento en operaciones prolongadas y en condiciones reales de trabajo.
Radiación, calor extremo y laboratorios
Xu Zhigen, fundador de NineRay Technology, sitúa el robot principalmente en escenarios en los que la presencia humana entraña riesgos. Entre ellos menciona zonas con radiación, instalaciones con temperaturas o niveles de humedad extremos, salas destinadas al tratamiento de enfermedades infecciosas y laboratorios donde se utilizan gases técnicos.
La empresa también contempla usos más próximos al público general, como tareas de recepción, traslado de objetos o determinadas labores domésticas. Sin embargo, estos entornos plantean desafíos adicionales: una vivienda es menos predecible que una fábrica y contiene obstáculos, personas y objetos muy variados.
Un precio previsto de unos 200.000 dólares
NineRay todavía no ha publicado una tarifa oficial, aunque su fundador apuntó durante la presentación a un precio de alrededor de 200.000 dólares, o incluso superior. La compañía espera alcanzar una producción de 10.000 unidades anuales en un plazo de dos o tres años.
El plan anunciado contempla abrir las ventas a escala global en septiembre de 2026, con especial atención a China continental, Hong Kong, Australia y Norteamérica. El calendario y la disponibilidad final podrían variar en función de la certificación, la logística y las normativas de cada mercado.
La carrera por los robots humanoides se intensifica
El lanzamiento llega en un momento de fuerte crecimiento de la robótica humanoide en China. Durante el primer semestre de 2026, la inversión en este sector se acercó a los 4.390 millones de dólares. China, Estados Unidos y Alemania concentran cerca del 97% de la financiación mundial destinada a estas máquinas.
Las previsiones también se han revisado al alza. Morgan Stanley calcula que China podría enviar 50.000 robots humanoides en 2026, contando únicamente las ventas externas. Aun así, las cifras deben interpretarse con cautela: muchas demostraciones públicas siguen recurriendo a operadores humanos que controlan parcial o totalmente los movimientos.
La expansión internacional del RayNex G3 se producirá, además, en un contexto geopolítico complicado. Estados Unidos ha prohibido la importación de robots humanoides chinos de última generación, una medida que podría afectar a los planes de NineRay para entrar en el mercado norteamericano.
Por ahora, el RayNex G3 destaca por su capacidad declarada para manipular cargas pesadas y por la integración de sensores e inteligencia artificial. Su verdadera prueba llegará cuando tenga que trabajar durante horas, compartir espacio con personas y desenvolverse sin asistencia directa en entornos no preparados para una demostración.



