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Arturo Pérez-Reverte alerta de la vulnerabilidad de una sociedad dependiente de la electricidad

Arturo Pérez-Reverte, escritor y académico de la Real Academia Española, advierte de que la dependencia tecnológica ha convertido a las sociedades occidentales en especialmente frágiles ante un posible colapso eléctrico o digital. Su diagnóstico apunta a una paradoja del mundo moderno: cuanto más herramientas incorpora para facilitar la vida cotidiana, menos preparada parece estar para funcionar cuando esas herramientas dejan de estar disponibles.

“Ponerse en manos de la electricidad para todo nos hace tan vulnerables como nunca lo hemos sido”, sostiene el autor. La reflexión no se limita a un fallo puntual de suministro, sino que plantea las consecuencias de una interrupción prolongada de los sistemas que sostienen la comunicación, el transporte, la distribución de alimentos, los servicios públicos y buena parte de la actividad económica.

Una dependencia que afecta a todos los ámbitos

La electricidad se ha convertido en la infraestructura invisible sobre la que descansa la vida diaria. Permite mantener conectados los hogares, gestionar pagos, acceder a la información, conservar alimentos y coordinar servicios esenciales. Cuando esa red se interrumpe, muchas actividades que parecen independientes quedan paralizadas en cuestión de horas.

A esta dependencia energética se suma la digitalización. Las personas delegan cada vez más decisiones y tareas en dispositivos, plataformas y sistemas automatizados. Desde orientarse por una ciudad hasta consultar una dirección, realizar una compra o comunicarse con otra persona, buena parte de la rutina pasa por herramientas que requieren energía, conexión y disponibilidad técnica.

Para Pérez-Reverte, esa comodidad también tiene un coste: la pérdida progresiva de autonomía. Una sociedad acostumbrada a que la tecnología resuelva cualquier dificultad puede encontrarse sin recursos prácticos cuando la tecnología falla.

El riesgo de olvidar habilidades básicas

La advertencia del escritor se centra en la necesidad de conservar capacidades que durante generaciones fueron habituales. Organizarse sin conexión, orientarse sin dispositivos, administrar recursos limitados o tomar decisiones con información incompleta son habilidades que pueden resultar decisivas en una situación de emergencia.

No se trata de rechazar los avances tecnológicos ni de idealizar el pasado. El planteamiento defiende, sobre todo, que la innovación no debería sustituir por completo al criterio personal. La tecnología puede ampliar las capacidades humanas, pero también puede debilitarlas cuando se utiliza como única respuesta ante cualquier problema.

En ese contexto, la preparación no depende únicamente de disponer de equipos, baterías o sistemas alternativos. También exige mantener la calma, establecer prioridades y actuar con método. La resistencia individual y colectiva comienza antes de que aparezca la crisis, mediante hábitos y conocimientos que permitan reducir la dependencia inmediata de las redes digitales.

Disciplina y criterio propio frente a la incertidumbre

La disciplina aparece como una de las herramientas centrales para afrontar un escenario de interrupción tecnológica. Planificar, ahorrar recursos, evitar decisiones impulsivas y cumplir unas normas básicas de convivencia puede marcar la diferencia cuando los sistemas habituales dejan de responder.

Junto a ella, el criterio propio adquiere un valor especial. En un entorno dominado por la circulación constante de mensajes, la capacidad de distinguir información fiable de rumores resulta esencial. Una emergencia tecnológica puede generar confusión con rapidez, especialmente si fallan los canales habituales de comunicación y aumenta la incertidumbre.

La autonomía, en este sentido, no significa aislarse, sino recuperar la capacidad de evaluar una situación sin depender por completo de una aplicación, una plataforma o una instrucción automática. También implica saber colaborar con otras personas y contribuir a una respuesta común cuando los recursos son limitados.

Una reflexión sobre el modelo de vida occidental

El mensaje de Pérez-Reverte se dirige a un modelo de sociedad que ha alcanzado un elevado nivel de confort gracias a la tecnología, pero que puede quedar expuesto cuando sus infraestructuras críticas sufren una interrupción. La advertencia afecta tanto a los ciudadanos como a las instituciones y a las empresas responsables de mantener esos servicios.

La cuestión no es si la electricidad y la tecnología deben formar parte de la vida cotidiana, sino hasta qué punto conviene depender de ellas sin contar con alternativas. Una sociedad más preparada debería combinar la eficiencia de las herramientas digitales con conocimientos básicos, planes de contingencia y una mayor conciencia sobre los riesgos de la hiperconectividad.

El escritor plantea así una reflexión de fondo sobre el progreso: avanzar no debería equivaler a renunciar a todas las capacidades que permiten desenvolverse sin asistencia técnica. En un futuro marcado por la automatización y la conexión permanente, mantener la disciplina y el juicio personal puede convertirse en una forma de seguridad.

La vulnerabilidad tecnológica no se percibe mientras todo funciona con normalidad. Precisamente por eso, la advertencia invita a revisar cuánto de la vida diaria depende de sistemas que parecen garantizados, pero que no son infalibles. Prepararse para un fallo no significa vivir con miedo, sino conservar la capacidad de actuar cuando la comodidad desaparece.

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