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Jon Hernández advierte de una nueva brecha laboral: dominar la inteligencia artificial será clave en dos años

La inteligencia artificial está dejando de ser una herramienta reservada a especialistas para convertirse en una competencia cada vez más relevante en el mercado laboral. Jon Hernández, experto en esta tecnología, sostiene que dentro de dos años las personas que no sepan utilizarla con soltura podrían quedar fuera de numerosos procesos de selección y oportunidades profesionales.

La advertencia, formulada en un pódcast publicado en agosto de 2025, apunta a un cambio que ya empieza a percibirse en empresas de distintos sectores. Aunque muchas organizaciones todavía avanzan con cautela, las herramientas de inteligencia artificial evolucionan a una velocidad muy superior a la de los procedimientos internos, la formación y la adaptación de las plantillas.

La fluidez en IA será una competencia profesional

El mensaje de Hernández no se limita a aprender a utilizar una aplicación concreta. La idea de fondo es que los trabajadores deberán adquirir una fluidez funcional en inteligencia artificial: saber qué puede hacer, cómo plantearle una tarea, cómo revisar sus respuestas y cómo integrarla en el trabajo diario.

Esta capacidad será especialmente importante en actividades relacionadas con la redacción, el análisis de datos, la atención al cliente, el marketing, la programación, la gestión administrativa y la creación de contenidos. En todos estos ámbitos, la IA ya puede acelerar procesos que hasta hace poco exigían horas de trabajo manual.

Sin embargo, utilizar estas herramientas de forma eficaz requiere más que introducir una pregunta en un chatbot. También implica formular instrucciones claras, aportar el contexto adecuado, detectar errores y decidir cuándo una respuesta no es suficientemente fiable. El criterio humano seguirá siendo determinante.

Las empresas avanzan más despacio que la tecnología

Una de las principales dificultades se encuentra en la distancia entre la velocidad de innovación de las herramientas y el ritmo de transformación de las empresas. Muchas compañías todavía están definiendo sus políticas internas, evaluando los riesgos legales o decidiendo qué tareas pueden automatizarse sin comprometer la calidad.

Esta diferencia puede generar una situación aparentemente contradictoria. Por un lado, una organización puede no utilizar aún la inteligencia artificial de manera generalizada. Por otro, puede empezar a valorar en sus procesos de selección que los candidatos sepan trabajar con estas soluciones.

La adopción empresarial, además, no será igual en todos los sectores. Las grandes compañías tecnológicas y los negocios digitales parten con ventaja, mientras que las pequeñas empresas pueden necesitar más tiempo, inversión y asesoramiento. Aun así, la presión competitiva puede acelerar el cambio.

Qué significa estar preparado para la inteligencia artificial

La preparación no consiste necesariamente en aprender a programar modelos de IA ni en convertirse en ingeniero especializado. Para la mayoría de los profesionales, el primer paso será identificar las tareas repetitivas o intensivas en información que pueden beneficiarse de una herramienta de este tipo.

  • Conocer las herramientas: entender sus funciones, limitaciones y condiciones de uso.
  • Saber comunicarse con la IA: formular peticiones precisas y proporcionar instrucciones estructuradas.
  • Verificar los resultados: contrastar datos, detectar errores y evitar la difusión de información falsa.
  • Proteger la información: no introducir datos confidenciales o personales en servicios sin garantías suficientes.
  • Aplicarla al propio oficio: utilizarla para mejorar procesos sin perder la supervisión profesional.

Esta combinación de conocimientos técnicos y experiencia sectorial puede convertirse en uno de los perfiles más buscados. Las empresas no solo necesitarán personas capaces de utilizar la IA, sino también profesionales que sepan incorporarla a un flujo de trabajo concreto y medir si realmente aporta resultados.

Una transformación con oportunidades y riesgos

La predicción de Hernández también pone sobre la mesa el riesgo de una nueva brecha laboral. Quienes tengan acceso a formación, tiempo y recursos para experimentar con inteligencia artificial podrán mejorar su productividad y ampliar sus oportunidades. En cambio, quienes no reciban apoyo podrían quedar en desventaja, incluso aunque conserven experiencia en su profesión.

Por eso, la responsabilidad no debe recaer únicamente en los trabajadores. Las empresas tendrán que ofrecer formación práctica, establecer normas claras y explicar qué usos son aceptables. Las administraciones y los centros educativos también deberán actualizar sus programas para que el aprendizaje de la IA no quede limitado a unos pocos perfiles.

La inteligencia artificial no eliminará de forma inmediata todos los empleos, pero sí puede transformar las tareas que forman parte de ellos. Algunas funciones se automatizarán, otras exigirán nuevas habilidades y muchas profesiones incorporarán herramientas que cambiarán la forma de trabajar.

El plazo de dos años, una llamada a la acción

El horizonte de dos años debe interpretarse como una llamada a la acción más que como una fecha exacta. La evolución dependerá de la inversión, la regulación, la confianza de las empresas y la rapidez con la que se formen los profesionales.

Lo que parece claro es que la alfabetización digital avanzada dejará de ser un elemento diferencial para convertirse en una expectativa habitual. Aprender a trabajar con inteligencia artificial puede marcar la diferencia entre limitarse a observar la transformación del mercado laboral o participar activamente en ella.

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