
Project OT: el plan de Zuckerberg para sustituir con IA al 60% de algunos equipos se frena por sus propios fallos
Meta ha aparcado la segunda fase de una reestructuración diseñada para convertir a la compañía en una empresa nativa de inteligencia artificial. El proyecto, bautizado como Organization Transformation y conocido internamente como Project OT, pretendía que la IA asumiera el trabajo de hasta el 60% de algunos equipos y permitiera reducir personal sin perder capacidad productiva.
La primera ronda se ejecutó en mayo de 2026, con el despido de alrededor del 10% de la plantilla y el traslado de unos 7.000 empleados a proyectos relacionados con inteligencia artificial. Sin embargo, la segunda fase, prevista para noviembre, fue cancelada antes de hacerse realidad. Los problemas de fiabilidad de los sistemas automatizados y el aumento del trabajo de supervisión obligaron a Meta a revisar sus previsiones.
Una apuesta basada en el supuesto de que cada empleado podía multiplicarse
Mark Zuckerberg presentó el plan a su equipo directivo en enero, con una pregunta que ya llevaba implícita una respuesta: cuántas tareas humanas podían realizar los sistemas de IA. El planteamiento partía de una idea extendida en Silicon Valley: un profesional equipado con herramientas de inteligencia artificial puede producir lo mismo que varios trabajadores sin ellas.
Project OT pretendía llevar esa hipótesis a la estructura completa de Meta mediante dos rondas de cambios. La primera tendría lugar en mayo y la segunda en noviembre. El objetivo era reducir puestos, reasignar recursos y acelerar el desarrollo de productos basados en IA generativa.
La IA generativa es el tipo de tecnología capaz de crear texto, imágenes, código o respuestas a partir de instrucciones. En el caso de Meta, el plan se apoyaba especialmente en agentes de IA: programas diseñados para ejecutar tareas de forma parcialmente autónoma, como escribir código, modificar sistemas o completar procesos internos.
Los agentes generaron más problemas de los previstos
Antes incluso de los despidos de mayo, los equipos de infraestructura ya habían advertido de errores en el código producido por estos agentes. En abril, varios avisos internos alertaron de acciones ejecutadas a gran escala que no habrían sido autorizadas por un empleado.
Los datos internos revisados durante la investigación apuntan a un incremento del 40% en los incidentes técnicos y de seguridad. Además, el tiempo dedicado por los trabajadores a corregir esos fallos creció un 70%. En lugar de liberar recursos, la automatización estaba trasladando la carga hacia los pocos empleados que permanecían en los equipos.
El problema refleja una dificultad habitual en los procesos de automatización: una herramienta puede ahorrar tiempo en la ejecución de una tarea y, al mismo tiempo, crear nuevas necesidades de control, revisión y reparación. Si el sistema aún no es suficientemente fiable, el supuesto aumento de productividad desaparece entre comprobaciones y correcciones.
La segunda fase se canceló la víspera de los despidos
La noche del 19 de mayo, pocas horas antes de anunciar la primera ronda de recortes, Zuckerberg canceló la fase prevista para noviembre. Los despidos y las reubicaciones se llevaron a cabo al día siguiente, pero el resto del programa quedó congelado.
Meta admitió posteriormente que no había aplicado todos los escenarios contemplados en el diseño del proyecto. En la práctica, la compañía había comenzado a reducir su capacidad humana antes de comprobar que sus agentes podían asumir el trabajo en entornos reales y a gran escala.
La decisión se produjo en un contexto de fuerte presión sobre las empresas tecnológicas para justificar recortes mediante la inteligencia artificial. Los datos internos citados en la investigación calculan que la IA estuvo relacionada con más de 12.000 despidos en la industria durante 2026, aunque Meta planteó uno de los planes más ambiciosos.
Vigilancia de empleados y malestar interno
Mientras los sistemas autónomos se encontraban con dificultades, Meta comenzó a registrar pulsaciones de teclado y clics de ratón de empleados en Estados Unidos. El propósito era recopilar información sobre cómo se desarrollaban determinadas tareas y utilizarla para entrenar agentes capaces de imitar procesos humanos.
La medida provocó una reacción interna. Más de 1.500 empleados firmaron una petición para retirar Meta Capabilities Initiative, el sistema asociado a esta estrategia. Los mensajes difundidos en los canales corporativos reflejaron el malestar por la vigilancia y por el temor a que esos datos se emplearan para sustituir puestos de trabajo.
La compañía también organizó un hackathon con la intención de mejorar la moral de la plantilla. La iniciativa, sin embargo, fue recibida por muchos trabajadores como un gesto poco adecuado después de los despidos y de la presión para acelerar la adopción de la IA.
Meta reconoce que calculó mal los plazos
En julio, Zuckerberg reconoció ante la plantilla que había estimado mal la velocidad de desarrollo de los agentes de inteligencia artificial. Meta pausó el registro de actividad mediante teclado y ratón y permitió que algunos empleados reubicados regresaran a sus puestos anteriores.
La empresa no ha abandonado por completo Project OT. Su planteamiento es que los agentes necesitarán más tiempo para alcanzar un nivel de fiabilidad suficiente. La inversión continúa, incluida una elevada partida de gasto de capital, conocida como capex, destinada a centros de datos, chips y sistemas informáticos para entrenar y ejecutar modelos de IA.
El caso deja una conclusión relevante para el conjunto del sector: la inteligencia artificial puede acabar asumiendo una parte importante del trabajo de determinados equipos, pero reducir primero la plantilla y validar después la tecnología introduce riesgos operativos, laborales y legales. En Meta, la productividad prometida no llegó a tiempo para compensar el coste de los errores.
Además, continúa abierta una demanda presentada por antiguos empleados que acusan a la compañía de utilizar un sistema de IA para aplicar criterios discriminatorios en despidos, especialmente contra trabajadoras embarazadas y personas de baja médica. Mientras los tribunales analizan esas acusaciones, Project OT se consolida como un ejemplo de los límites de una transformación tecnológica acelerada.



