El Gobierno niega haber reprochado al Rey y confía en que Marruecos comprenda su visita a Ceuta
El Gobierno ha negado que haya reprochado al Rey la posibilidad de visitar Ceuta y ha defendido que una eventual presencia de los monarcas en la ciudad autónoma “va a tener lugar”. El Ejecutivo espera que Marruecos entienda la decisión y que el viaje se interprete dentro de la normalidad institucional española.
La visita de los Reyes a Ceuta sigue pendiente de concretar, pero el Gobierno ha dejado claro que no contempla retirarla por las posibles reacciones de Rabat. La cuestión tiene una especial sensibilidad diplomática, ya que la última visita de los monarcas a la ciudad se produjo en 2007 y fue calificada entonces por el Gobierno marroquí como una “provocación inadmisible”.
Una visita pendiente desde 2007
Desde aquel viaje, Ceuta no ha vuelto a recibir oficialmente a los Reyes. La ausencia se ha prolongado durante años en un contexto marcado por la relación entre España y Marruecos, especialmente sensible en todo lo relacionado con las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
La posibilidad de que Felipe VI y la Reina visiten de nuevo Ceuta ha reabierto el debate sobre el equilibrio entre la agenda institucional de la Corona y la gestión de las relaciones bilaterales con Marruecos. Para el Ejecutivo, la presencia de los Reyes en la ciudad forma parte de sus funciones y no debería presentarse como un gesto dirigido contra ningún país vecino.
El mensaje trasladado por el Gobierno pretende despejar cualquier interpretación de conflicto interno. El Ejecutivo ha rechazado que haya llamado la atención al Rey o que haya intentado condicionarle sobre una decisión que corresponde a la institución de la Corona. También ha insistido en que la visita terminará celebrándose.
El Ejecutivo apela a la normalidad institucional
La posición gubernamental se apoya en la idea de que Ceuta es una ciudad española y que sus ciudadanos tienen derecho a recibir a los Reyes como el resto del territorio nacional. En este sentido, el viaje se plantea como una visita institucional, sin intención de provocar ni de alterar la relación con Marruecos.
La referencia a la reacción marroquí de 2007 evidencia, sin embargo, que cualquier desplazamiento de la Familia Real a Ceuta tiene una dimensión política añadida. La ciudad se encuentra en la costa norte de África y mantiene una relación geográfica, económica y social estrecha con su entorno, pero forma parte de España y de la Unión Europea.
El Gobierno confía en que Rabat comprenda ese marco y no convierta la visita en un nuevo motivo de tensión diplomática. La expectativa del Ejecutivo es que el viaje pueda desarrollarse con normalidad y que las relaciones bilaterales no se vean afectadas por una actividad oficial de la Corona.
Ceuta, entre la agenda de la Corona y la diplomacia
La visita de los Reyes a Ceuta tendría un fuerte valor simbólico para la ciudad. Además de la dimensión protocolaria, supondría la recuperación de una tradición institucional interrumpida desde hace casi dos décadas. Para sus habitantes, la presencia de la Corona representaría un reconocimiento directo a la ciudad y a su papel dentro del Estado.
Al mismo tiempo, el viaje se produciría bajo la atención de Marruecos, que históricamente ha rechazado la soberanía española sobre Ceuta y Melilla. Esa posición explica que cualquier visita de las principales autoridades españolas pueda ser observada por Rabat como un mensaje político, aunque Madrid la presente como un acto institucional.
El Ejecutivo trata de separar ambos planos. Por un lado, mantiene su apuesta por una relación estable y cooperativa con Marruecos. Por otro, defiende que esa relación no puede impedir la actividad ordinaria de las instituciones españolas en Ceuta.
Una decisión con impacto político
La confirmación de que la visita “va a tener lugar” abre ahora la puerta a que se concrete su fecha y su formato. Hasta entonces, el Gobierno deberá seguir gestionando las expectativas en España y evitar que el anuncio derive en una escalada de declaraciones con Marruecos.
La clave estará en presentar el desplazamiento como lo que el Ejecutivo sostiene que es: una visita de los Reyes a una ciudad española, integrada en su agenda institucional y ajena a cualquier voluntad de provocación. El precedente de 2007, no obstante, garantiza que el viaje tendrá una lectura diplomática además de la estrictamente protocolaria.



