Publicidad

La agricultura y la ganadería lideran el uso de dispositivos IoT en España

La agricultura y la ganadería se sitúan a la vanguardia de la tecnología IoT en España. Así lo refleja el mapa nacional de dispositivos conectados, que muestra cómo el Internet de las cosas está ganando peso en actividades vinculadas a la producción agroalimentaria.

El análisis también evidencia una concentración territorial relevante. Cataluña, la Comunidad de Madrid y Andalucía reúnen conjuntamente el 45,2% del total de dispositivos IoT registrados en el país, una cifra que confirma el papel de estas comunidades en el despliegue de tecnologías conectadas.

El campo acelera su transformación digital

La incorporación de sensores, sistemas de monitorización y equipos conectados está cambiando la forma de gestionar explotaciones agrícolas y ganaderas. Estas herramientas permiten recopilar datos de manera constante y utilizarlos para tomar decisiones más precisas.

En la agricultura, el IoT puede facilitar el control de variables como la humedad del suelo, la temperatura, el estado de los cultivos o el consumo de agua. Con esta información, los profesionales pueden ajustar el riego, anticipar determinadas necesidades y optimizar el uso de recursos.

En el ámbito ganadero, los dispositivos conectados ayudan a supervisar el comportamiento y las condiciones de los animales. La monitorización continua puede contribuir a detectar cambios que indiquen problemas de salud, controlar la alimentación o mejorar la gestión de las instalaciones.

El avance de estas soluciones responde a una necesidad concreta: producir de forma más eficiente en un contexto marcado por el aumento de los costes, la escasez de agua y la exigencia de reducir el impacto ambiental. La conectividad aporta datos para convertir esa presión en decisiones operativas más ajustadas.

Cataluña, Madrid y Andalucía concentran casi la mitad de los dispositivos

La distribución geográfica de los dispositivos conectados no es uniforme. Cataluña, la Comunidad de Madrid y Andalucía acumulan el 45,2% del total, lo que sitúa a estas tres comunidades como los principales polos de implantación del IoT en España.

La concentración puede explicarse por la combinación de distintos factores, como la actividad empresarial, la disponibilidad de infraestructuras digitales, la presencia de centros tecnológicos y el peso de determinados sectores productivos. También influye la capacidad de las empresas para invertir en automatización y análisis de datos.

Andalucía destaca por la importancia de su actividad agrícola y ganadera, dos áreas en las que la sensorización puede aportar beneficios directos. Cataluña cuenta con un tejido industrial y empresarial especialmente desarrollado, mientras que la Comunidad de Madrid concentra compañías, servicios tecnológicos y organizaciones con capacidad para impulsar proyectos de conectividad.

Qué aporta el Internet de las cosas a las empresas

El IoT conecta objetos físicos a redes de comunicación para que puedan recoger, enviar y, en algunos casos, procesar información. En una explotación agrícola, por ejemplo, una red de sensores puede enviar alertas cuando la humedad desciende por debajo de un nivel determinado.

Esta capacidad permite pasar de una gestión basada únicamente en la experiencia o en revisiones periódicas a un modelo apoyado en datos actualizados. El objetivo no es sustituir el conocimiento de los profesionales, sino complementarlo con información que facilite una respuesta más rápida.

  • Mayor eficiencia: los recursos pueden utilizarse en función de las necesidades reales de cada parcela, instalación o grupo de animales.
  • Control remoto: los responsables pueden consultar determinados parámetros sin desplazarse constantemente.
  • Mantenimiento preventivo: las alertas ayudan a identificar anomalías antes de que provoquen una avería o una interrupción.
  • Trazabilidad: los datos generados durante el proceso productivo pueden mejorar el seguimiento de los productos.
  • Sostenibilidad: una gestión más precisa puede reducir el desperdicio de agua, energía y otros insumos.

Un despliegue que todavía afronta retos

A pesar de su crecimiento, la expansión del IoT en el sector primario no está exenta de dificultades. La cobertura de red sigue siendo desigual en algunas zonas rurales, y el coste inicial de sensores, plataformas y sistemas de gestión puede resultar elevado para pequeñas explotaciones.

También es necesario contar con personal capaz de interpretar los datos y mantener los equipos conectados. Una instalación tecnológica no garantiza por sí sola mejores resultados: debe integrarse en los procesos diarios y ofrecer información útil para la toma de decisiones.

La seguridad es otro aspecto clave. Cada dispositivo conectado puede convertirse en un punto de acceso a la infraestructura digital de una empresa. Por eso, resulta esencial actualizar los equipos, controlar los permisos y proteger la información generada por las explotaciones.

La conectividad gana peso en la economía española

El mapa de dispositivos IoT refleja una transformación que va más allá de la agricultura y la ganadería. La tecnología conectada también está presente en la industria, la logística, la energía, el comercio y la gestión de infraestructuras.

Sin embargo, el protagonismo del sector agroalimentario demuestra que la digitalización no se limita a las grandes ciudades o a las fábricas automatizadas. El campo se está convirtiendo en uno de los espacios donde la tecnología puede tener un impacto más visible sobre la productividad, el consumo de recursos y la sostenibilidad.

La evolución futura dependerá de que la conectividad llegue a más territorios y de que las soluciones sean accesibles para empresas de distintos tamaños. Si se reducen esas barreras, el Internet de las cosas puede consolidarse como una herramienta estratégica para modernizar el sector primario y reforzar la competitividad de España.

Artículo anterior6 videojuegos familiares que unen a todos en la vuelta al cole
Artículo siguienteThanasis Antetokounmpo vuelve a Europa para jugar en el Aris