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Los bancos adoptan la tecnología de Bitcoin, pero podrían acelerar su propia transformación

Los bancos atraviesan una etapa de elevada rentabilidad, aunque su modelo de negocio se apoya en una infraestructura cada vez más difícil de sostener. Esa es la lectura de Mike Belshe, CEO de BitGo, que considera que las entidades financieras están incorporando herramientas inspiradas en Bitcoin mientras intentan preservar un sistema basado en intermediarios, horarios limitados y procesos fragmentados.

La paradoja es evidente: cuanto más utilizan la tecnología asociada a los activos digitales, más visibles resultan las ineficiencias que durante décadas han protegido el negocio bancario. La cadena de bloques, la custodia digital, la liquidación automatizada y los pagos disponibles de forma continua pueden mejorar los servicios actuales, pero también reducen la necesidad de intermediarios.

Una rentabilidad apoyada en un sistema bajo presión

La banca sigue generando ingresos gracias a la concesión de crédito, las comisiones, la gestión de activos y la intermediación de pagos. Sin embargo, esa rentabilidad no implica que su estructura tecnológica sea eficiente. En muchas entidades todavía conviven sistemas antiguos, bases de datos aisladas y procesos que requieren verificaciones manuales.

El resultado es una red financiera capaz de mover grandes cantidades de dinero, pero con costes y tiempos que no siempre encajan con las expectativas de una economía digital. Las transferencias internacionales, la liquidación de valores y la conciliación entre instituciones pueden tardar horas o días, especialmente cuando intervienen distintos países y marcos regulatorios.

La propuesta tecnológica de Bitcoin parte de una lógica distinta. En lugar de depender exclusivamente de registros internos controlados por cada entidad, utiliza una infraestructura compartida que permite verificar las operaciones y mantener un historial resistente a modificaciones. No elimina todos los intermediarios, pero sí cuestiona la necesidad de muchos procesos de coordinación.

Qué están aprovechando los bancos de Bitcoin

Las entidades no tienen por qué adoptar Bitcoin como activo para beneficiarse de algunas de sus innovaciones. Muchas exploran redes blockchain privadas, sistemas de tokenización y monedas digitales vinculadas a divisas tradicionales. El objetivo es utilizar registros programables y automatizados sin asumir necesariamente la volatilidad de las criptomonedas.

  • Liquidación más rápida: las operaciones podrían completarse en menos tiempo y con menos pasos de conciliación.
  • Disponibilidad permanente: las redes digitales funcionan sin depender del horario de apertura de los mercados tradicionales.
  • Activos tokenizados: acciones, deuda, fondos o dinero pueden representarse mediante tokens con reglas automatizadas.
  • Mayor trazabilidad: cada movimiento puede quedar registrado y ser consultado por las partes autorizadas.
  • Programabilidad: los contratos inteligentes permiten ejecutar determinadas condiciones sin intervención manual.

Estas capacidades pueden reducir costes operativos y facilitar nuevos productos financieros. También ayudan a las entidades a competir con fintech, plataformas de pagos y empresas tecnológicas que han construido servicios más ágiles sobre infraestructuras modernas.

La tecnología que reduce la intermediación

El riesgo estratégico aparece cuando la misma tecnología que mejora la eficiencia bancaria permite que clientes y empresas interactúen con menos actores. Una transferencia basada en una red abierta puede realizarse directamente entre dos partes. Un activo tokenizado puede liquidarse de forma automática. Una stablecoin puede utilizarse para pagos internacionales sin pasar por todas las capas de la banca corresponsal.

En ese escenario, la entidad financiera puede dejar de ser el centro obligatorio de la operación y convertirse en un proveedor más: custodio, emisor, operador tecnológico o gestor de cumplimiento normativo. La banca seguiría teniendo un papel relevante, pero tendría que justificar su valor por la calidad del servicio y no solo por su posición dentro del sistema.

Para Belshe, esta dinámica puede acabar desmantelando progresivamente el modelo tradicional. No se trataría de una desaparición inmediata de los bancos, sino de una pérdida gradual de funciones que hoy concentran: custodiar activos, validar transacciones, coordinar pagos y mantener registros de propiedad.

El desafío de pasar de la prueba piloto a la escala

La adopción de blockchain en el sector financiero todavía afronta obstáculos importantes. La regulación varía entre jurisdicciones, los estándares técnicos no siempre son compatibles y la gestión de claves digitales exige nuevos procedimientos de seguridad. Además, los bancos deben garantizar privacidad, capacidad de recuperación y continuidad operativa.

También existe una dificultad comercial. Una infraestructura más eficiente no garantiza por sí sola que los clientes cambien de proveedor. Las entidades necesitan integrar estas herramientas en servicios sencillos, seguros y comprensibles para usuarios que no quieren gestionar carteras digitales ni enfrentarse a complejidades técnicas.

La tokenización, por ejemplo, puede agilizar la negociación de activos, pero requiere mercados con suficiente liquidez y reglas claras sobre la propiedad. Del mismo modo, las monedas digitales vinculadas a divisas pueden mejorar los pagos, aunque plantean preguntas sobre reservas, supervisión y protección del usuario.

Una transformación más profunda que una simple actualización

La cuestión no es si los bancos utilizarán tecnología inspirada en Bitcoin, sino hasta qué punto esa tecnología modificará su función. Adoptar una cadena de bloques para replicar los procesos actuales tendría un impacto limitado. El verdadero cambio llegaría cuando las entidades rediseñen sus productos alrededor de pagos continuos, liquidación instantánea y activos programables.

La banca puede beneficiarse de esta transición si consigue convertirse en una infraestructura digital abierta, segura y competitiva. Pero también puede perder parte de su poder si solo incorpora nuevas herramientas para mantener estructuras antiguas. La rentabilidad actual, por tanto, no garantiza la estabilidad futura: el mismo avance tecnológico que reduce costes puede revelar que algunas funciones bancarias ya no son imprescindibles.

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