Publicidad

Alertan del aumento de la adicción al móvil entre las personas mayores de 70 años

El uso excesivo del teléfono móvil también está creciendo entre las personas mayores de 70 años, un fenómeno que preocupa especialmente cuando el dispositivo se convierte en la principal vía de entretenimiento, comunicación o gestión de la vida diaria.

La situación afecta con mayor intensidad a quienes se sienten solos o atraviesan un periodo de malestar emocional. En estos casos, consultar continuamente la pantalla puede ofrecer un alivio inmediato, pero también favorecer el aislamiento y dificultar la recuperación del bienestar.

La llamada adicción al móvil en mayores no depende únicamente del número de horas de uso. También se relaciona con la pérdida de control, la necesidad constante de revisar el dispositivo y la interferencia que genera en el sueño, las relaciones personales o las actividades cotidianas.

Una conducta que puede pasar desapercibida

El teléfono móvil se ha convertido en una herramienta esencial para muchas personas mayores. Permite mantener el contacto con la familia, pedir citas médicas, realizar gestiones bancarias, consultar información o acceder a servicios públicos.

Por este motivo, distinguir entre un uso frecuente y un uso problemático no siempre resulta sencillo. La preocupación aparece cuando el móvil deja de ser un recurso útil y pasa a ocupar buena parte del tiempo, incluso en momentos destinados al descanso o a la convivencia.

Revisar de forma repetida las notificaciones, sentir nerviosismo al no tener el dispositivo cerca o utilizarlo durante la noche son algunas señales que conviene observar. También puede existir un problema cuando la persona abandona actividades que antes disfrutaba o reduce el contacto presencial con su entorno.

La soledad como factor de riesgo

La soledad no deseada es uno de los elementos que puede impulsar un uso descontrolado del móvil. Las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y los vídeos proporcionan compañía inmediata, aunque no siempre sustituyen a las relaciones personales ni resuelven el malestar que hay detrás.

En las personas que viven solas, el teléfono puede convertirse en una presencia constante dentro del hogar. Las conversaciones digitales ayudan a mantener vínculos, pero el uso continuado como respuesta automática al aburrimiento, la tristeza o la ansiedad puede reforzar la dependencia.

El riesgo aumenta cuando el dispositivo se utiliza para evitar cualquier momento de silencio o para no afrontar emociones difíciles. En esas situaciones, limitar el tiempo de pantalla sin ofrecer alternativas puede resultar poco eficaz.

Cómo identificar un uso problemático

Familiares y cuidadores pueden prestar atención a cambios concretos en la rutina. No se trata de vigilar cada minuto de conexión, sino de valorar si el uso del móvil está afectando a la calidad de vida de la persona.

  • Consulta el teléfono de manera compulsiva y se irrita cuando no puede hacerlo.
  • Utiliza el dispositivo durante largos periodos, incluso mientras come o conversa.
  • Se despierta por la noche para revisar mensajes, redes o vídeos.
  • Deja de participar en actividades sociales, familiares o de ocio.
  • Presenta dificultades para concentrarse en otras tareas.
  • Experimenta ansiedad, tristeza o inquietud cuando no tiene conexión.

Estos signos no constituyen por sí solos un diagnóstico. Sin embargo, pueden indicar que es recomendable hablar con la persona y, si el problema persiste, solicitar orientación profesional.

La prevención pasa por acompañar, no por prohibir

Retirar el móvil de forma brusca puede generar rechazo y aumentar la sensación de aislamiento. La intervención más adecuada suele comenzar con una conversación tranquila, sin reproches y centrada en cómo se siente la persona.

También puede ser útil establecer rutinas sencillas. Por ejemplo, dejar el teléfono fuera del dormitorio durante la noche, fijar momentos concretos para consultar mensajes y reservar espacios sin pantallas para las comidas o las reuniones familiares.

Las medidas deben adaptarse a cada caso. Una persona que utiliza el móvil para hablar con sus hijos o recibir asistencia no necesita las mismas pautas que otra que pasa horas consumiendo contenidos sin descanso.

Alternativas para recuperar el equilibrio

Reducir la dependencia requiere reforzar las actividades que aportan compañía y satisfacción. Pasear, participar en centros de mayores, recuperar aficiones, asistir a talleres o mantener encuentros presenciales puede ayudar a disminuir el tiempo de pantalla de forma natural.

La familia también puede proponer actividades compartidas en lugar de limitarse a señalar el exceso de uso. Una comida, una llamada programada o una salida semanal ofrecen apoyo emocional y ayudan a combatir la soledad.

Si aparecen tristeza persistente, ansiedad, alteraciones del sueño o un aislamiento cada vez mayor, conviene consultar con el médico de familia o con un profesional de la salud mental. La adicción al móvil puede ser la manifestación visible de un problema emocional que necesita atención específica.

Un reto ligado a la digitalización

La incorporación de las personas mayores al entorno digital aporta autonomía y facilita numerosos trámites. El objetivo no es alejarlas de la tecnología, sino promover un uso seguro, consciente y compatible con el descanso y las relaciones sociales.

La clave está en detectar a tiempo cuándo el móvil deja de ser una herramienta y se convierte en una respuesta permanente a la soledad o al malestar. En esos casos, el acompañamiento, la actividad presencial y la atención profesional son más eficaces que la simple prohibición.

Artículo anteriorDrones: la tecnología que está transformando nuestro futuro
Artículo siguienteMarruecos aprovecha el misterio del móvil de Pedro Sánchez