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Bruselas consulta a los editores sobre el veto a la búsqueda con IA de Google

La Comisión Europea ha preguntado a los editores de medios si la opción de exclusión de las funciones de inteligencia artificial de Google ofrece una protección real o si, por el contrario, apenas modifica su relación de dependencia con el buscador. El cuestionario se envió en julio y los participantes tuvieron hasta el 28 de agosto para responder.

Bruselas quiere conocer si los medios tienen previsto activar el opt-out global anunciado por Google en junio, qué condiciones les llevarían a utilizarlo y cómo valoran la decisión de integrar AI Overviews y AI Mode en una única experiencia denominada AI Search.

Una elección entre visibilidad y tráfico

La opción de exclusión permite a los editores impedir que sus contenidos se utilicen en las respuestas generadas por la IA del buscador sin perder, al menos formalmente, su posición en los resultados tradicionales. El problema es que la búsqueda de Google está dejando de mostrar únicamente enlaces y empieza a responder directamente a las preguntas de los usuarios.

Estas respuestas se generan mediante modelos de inteligencia artificial capaces de analizar grandes volúmenes de información y redactar un resumen para cada consulta. Aunque suelen incluir enlaces de referencia, pueden resolver la necesidad del usuario sin que este visite la página del medio, lo que reduce las oportunidades de obtener tráfico y mostrar publicidad.

Para los editores, la decisión plantea un dilema difícil. Permanecer dentro de AI Search permite conservar presencia de marca y aparecer como fuente, pero también facilita que Google utilice sus artículos para elaborar respuestas que sustituyen al clic. Excluirse protege el contenido frente a esos resúmenes, aunque puede reducir la visibilidad en la zona más destacada del buscador.

El alcance del opt-out sigue en cuestión

Google anunció esta posibilidad el mismo día que el regulador británico exigió a la compañía una medida similar. La coincidencia reforzó la percepción de que la iniciativa respondía a una presión regulatoria creciente en varios países, más que a una concesión completamente voluntaria.

Además, la fusión de AI Overviews y AI Mode ha reducido la separación entre las distintas áreas del buscador. AI Overviews ofrecía resúmenes generados en la página de resultados, mientras que AI Mode permitía mantener una conversación y formular preguntas sucesivas. Al integrarse en una sola experiencia, el bloqueo afecta a un espacio más amplio, pero también puede tener consecuencias mayores para la visibilidad de los medios.

La cuestión central para Bruselas es si los editores disponen de una capacidad de elección efectiva. En teoría pueden aceptar o rechazar el uso de sus contenidos. En la práctica, ambas opciones pueden perjudicarles: una implica ceder material sin una compensación clara y la otra asumir el riesgo de perder exposición ante los usuarios.

Los primeros datos apuntan a una caída de los clics

La búsqueda con IA ya sería el modo predeterminado en el 43% de las consultas de Google, según datos correspondientes a julio de 2026. Al mismo tiempo, distintos medios han informado de descensos de hasta el 58% en los clics procedentes del buscador.

Las cifras no significan que todos los editores estén sufriendo la misma caída ni que la IA sea el único factor implicado. Los cambios en los algoritmos, el comportamiento de los usuarios y la competencia por la publicidad también influyen. Sin embargo, dibujan una tendencia preocupante para un sector que depende de las visitas orgánicas para distribuir contenidos y generar ingresos.

La presión económica aumenta porque los ingresos publicitarios vinculados al tráfico procedente de buscadores se redujeron un 31% durante la primera mitad de 2026 entre las publicaciones integradas en el European Publishers Council. Cada descenso de visitas limita la capacidad de los medios para financiar redacciones, investigación y cobertura local.

Más vías de presión contra Google

El cuestionario de la Comisión no constituye una investigación formal. Su objetivo es reunir pruebas sobre el impacto de las nuevas funciones de Google y determinar si la solución ofrecida por la empresa resulta suficiente. Las respuestas podrían ayudar a decidir si procede abrir un expediente de competencia.

Mientras tanto, los editores están recurriendo a distintas autoridades. Medios franceses han solicitado a su organismo nacional de competencia que obligue a Google a pagar por el uso de sus contenidos en los resúmenes generativos. En Alemania, un tribunal ha declarado responsable a la compañía por el funcionamiento de AI Overviews. El Reino Unido, por su parte, ha optado por imponer requisitos de conducta.

La Unión Europea ya ha impuesto a Google multas antimonopolio por más de 10.000 millones de euros en casi dos décadas. Ese historial ayuda a explicar por qué las recientes medidas de la empresa se analizan con especial atención y por qué Bruselas estudia si las reglas actuales son suficientes para el nuevo escenario.

Los buscadores alternativos no compensan la dependencia

Servicios como Kagi, Brave Search y Perplexity han apostado por modelos que intentan dirigir al usuario hacia las páginas originales en lugar de retenerlo dentro del buscador. Su existencia demuestra que hay alternativas técnicas, pero su volumen de tráfico todavía está muy lejos del que concentra Google.

También se observa una evolución en el tráfico procedente de asistentes conversacionales. Durante mayo de 2026, la proporción de visitas que llegaron a webs de editores desde ChatGPT se duplicó. El dato sugiere que algunos sistemas de IA están aplicando un modelo de referenciación distinto, con mayor énfasis en enviar usuarios a las fuentes.

La decisión de Bruselas tendrá consecuencias que van más allá de una función concreta del buscador. Si la Comisión concluye que el opt-out no ofrece una elección real, podría abrir la puerta a nuevas obligaciones sobre atribución, compensación o acceso a los contenidos. Si considera suficiente la medida actual, los editores seguirán afrontando una negociación en la que Google controla tanto la interfaz como las reglas de visibilidad.

El debate llega en un momento crítico. Un procedimiento formal de competencia puede prolongarse durante años, mientras la búsqueda con IA se extiende con rapidez. Para entonces, parte del ecosistema de medios que aún depende del tráfico orgánico podría haber cambiado de forma irreversible.

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