Las infecciones de transmisión sexual aumentan desde hace cinco años y afectan especialmente a los jóvenes
Los casos de enfermedades de transmisión sexual, también llamadas infecciones de transmisión sexual (ITS), mantienen una tendencia ascendente desde hace aproximadamente cinco años. Los jóvenes se encuentran entre los grupos más afectados, en un contexto marcado por el menor uso del preservativo, el desconocimiento sobre las vías de contagio y la falta de controles médicos periódicos.
La situación preocupa a los profesionales sanitarios porque muchas ITS pueden avanzar sin síntomas durante semanas, meses o incluso años. Esa ausencia de señales visibles facilita que la infección se transmita a otras personas y retrasa el acceso al tratamiento. Por eso, los especialistas insisten en consultar ante cualquier cambio y realizar pruebas cuando haya existido una relación sexual de riesgo.
Las infecciones más habituales
Entre las infecciones que se observan con mayor frecuencia en las consultas se encuentran la clamidia, la gonorrea, la sífilis, el virus del papiloma humano (VPH), el herpes genital y el VIH. La presencia de una infección no siempre implica que aparezcan molestias, especialmente en las primeras fases.
La clamidia y la gonorrea pueden provocar escozor al orinar, secreción genital anormal, dolor en la parte baja del abdomen o molestias durante las relaciones sexuales. Sin embargo, muchas personas no presentan síntomas, sobre todo en el caso de la clamidia. Esta circunstancia hace que las pruebas sean fundamentales para detectar la infección a tiempo.
La sífilis puede comenzar con una lesión indolora en la zona genital, anal o bucal. Posteriormente pueden aparecer manchas en la piel, fiebre, cansancio o inflamación de los ganglios. Si no se trata, puede causar complicaciones graves en distintos órganos, aunque su diagnóstico y tratamiento son posibles mediante pruebas específicas y antibióticos.
El VPH es una de las infecciones más extendidas. En muchos casos desaparece por sí solo, pero algunos tipos pueden producir verrugas genitales o alteraciones que, con el tiempo, aumentan el riesgo de determinados cánceres. La vacunación y los programas de cribado ayudan a reducir sus consecuencias.
Qué síntomas deben motivar una consulta
Los profesionales recomiendan pedir atención sanitaria ante la aparición de secreciones inusuales, heridas, ampollas, verrugas, picor intenso o irritación en los genitales. También deben vigilarse el dolor al orinar, el sangrado fuera de la menstruación, el dolor pélvico y las molestias durante las relaciones sexuales.
La fiebre, el malestar general, la inflamación de los ganglios o la aparición de lesiones en la boca o el ano también pueden estar relacionados con una ITS. No obstante, la ausencia de síntomas no descarta la infección. Quienes hayan mantenido relaciones sin preservativo o con una pareja cuyo estado se desconoce deberían consultar sobre la conveniencia de realizarse pruebas.
El preservativo sigue siendo una herramienta esencial
El uso correcto del preservativo externo o interno reduce de forma notable el riesgo de transmisión. Debe utilizarse desde el inicio de la relación sexual, también durante el sexo oral y anal, y cambiarse entre prácticas o parejas. Además, es importante comprobar la fecha de caducidad, conservarlo en buenas condiciones y no utilizar dos preservativos a la vez.
El preservativo no elimina por completo el riesgo de infecciones que pueden transmitirse mediante el contacto con zonas de piel no cubiertas, como ocurre con el herpes o algunos tipos de VPH. Por ese motivo, la prevención debe combinarse con vacunación, información, comunicación entre las parejas y controles médicos.
Por qué el diagnóstico temprano es clave
Detectar una ITS cuanto antes permite iniciar el tratamiento adecuado, cortar las cadenas de transmisión y evitar complicaciones. Algunas infecciones bacterianas pueden curarse con antibióticos, mientras que las infecciones víricas disponen de tratamientos que reducen la carga viral, controlan los síntomas o disminuyen el riesgo de desarrollar problemas de salud.
En el caso del VIH, el diagnóstico temprano permite comenzar rápidamente el tratamiento antirretroviral. Con una atención adecuada, las personas pueden llevar una vida larga y saludable, y alcanzar una carga viral indetectable, lo que impide la transmisión sexual del virus.
Las pruebas pueden realizarse mediante análisis de sangre, muestras de orina o exudados, según la infección y la práctica sexual mantenida. El personal sanitario determinará qué exploraciones son necesarias y en qué momento conviene hacerlas, ya que algunas pruebas requieren que transcurra un periodo desde la posible exposición.
Más información y menos estigma
La educación sexual sigue siendo una de las principales herramientas para frenar el aumento de las ITS entre los jóvenes. Conocer las vías de transmisión, saber utilizar el preservativo y entender la importancia de los controles permite tomar decisiones más seguras.
También es esencial evitar la vergüenza y los prejuicios. Consultar por una posible infección no debe interpretarse como una acusación ni como un motivo de culpabilidad. La atención sanitaria es confidencial y está orientada a proteger tanto a la persona afectada como a sus parejas sexuales.
Ante una posible exposición, la recomendación es no automedicarse, evitar las relaciones sexuales sin protección y solicitar asesoramiento profesional. Esperar a que los síntomas desaparezcan puede retrasar el diagnóstico y favorecer nuevas transmisiones.



