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El hogar conectado no empieza por un dispositivo, sino por las personas

La tecnología doméstica atraviesa una etapa de transformación. Durante años, la conversación se centró en sumar dispositivos conectados a la vivienda: televisores, electrodomésticos, altavoces, cámaras o sistemas de climatización. Ahora, el reto es mucho más ambicioso: conseguir que todos ellos respondan de forma natural a las necesidades de quienes viven en casa.

Esta es la perspectiva que plantea Ronald Ro, vicepresidente y director del área AI Home Solution de LG. Su planteamiento parte de una idea sencilla, pero decisiva: la construcción de un hogar inteligente debe comenzar por el usuario y no por el catálogo de productos.

La tecnología debe adaptarse a la rutina

Conectar una vivienda no consiste únicamente en vincular aparatos a una aplicación móvil o en controlar determinadas funciones mediante la voz. El verdadero valor aparece cuando la tecnología entiende el contexto y facilita las tareas diarias sin exigir una atención constante.

La experiencia de uso, por tanto, se convierte en el elemento central. Una solución doméstica puede ser técnicamente avanzada, pero perder utilidad si obliga a configurar demasiados parámetros, utilizar varias aplicaciones o aprender procesos complejos. En el hogar, la innovación debe ser prácticamente invisible: tiene que ayudar sin convertirse en una carga.

Desde esta perspectiva, la inteligencia artificial no debería limitarse a ejecutar órdenes. También puede contribuir a interpretar hábitos, anticipar necesidades y coordinar diferentes funciones de la vivienda. El objetivo no es que el usuario controle más dispositivos, sino que tenga que preocuparse menos por ellos.

Un ecosistema con sentido para las personas

El concepto de hogar conectado ha estado condicionado a menudo por la fragmentación. Cada fabricante ofrece su propia plataforma, sus propios controles y sus propios criterios de compatibilidad. Para el usuario, esto puede traducirse en una experiencia poco homogénea, incluso cuando todos los equipos están conectados a internet.

El enfoque de AI Home Solution apunta hacia una visión más integrada. Los distintos elementos de la vivienda deben funcionar como parte de un mismo entorno, con una interacción coherente y comprensible. No se trata solo de que los aparatos puedan comunicarse entre sí, sino de que esa comunicación tenga una utilidad real.

Un hogar inteligente debería ser capaz de ajustarse a diferentes perfiles y circunstancias. Las necesidades de una persona que vive sola no son las mismas que las de una familia, una pareja o alguien que requiere apoyos adicionales en su día a día. La personalización, en este contexto, no es un extra: es una condición para que la tecnología resulte verdaderamente práctica.

La inteligencia artificial como capa de servicio

La inteligencia artificial está llamada a convertirse en una capa transversal dentro del hogar. En lugar de percibirse como una función independiente, puede integrarse en los electrodomésticos, las pantallas y los sistemas de gestión para ofrecer respuestas más ajustadas al contexto.

Esto exige cambiar la manera de diseñar los productos. La pregunta ya no es únicamente qué puede hacer un dispositivo, sino cómo puede mejorar una situación concreta. Ahorrar tiempo, simplificar una tarea, optimizar el consumo o adaptar una configuración son ejemplos de beneficios más relevantes que la mera acumulación de funciones.

También resulta importante que la interacción sea clara. La inteligencia artificial debe explicar sus acciones cuando sea necesario y permitir que el usuario conserve el control. La automatización solo genera confianza cuando se percibe como previsible, reversible y respetuosa con las preferencias personales.

Privacidad, seguridad y confianza

La expansión de la inteligencia artificial en la vivienda plantea, además, preguntas relacionadas con la privacidad. Un hogar conectado puede manejar información sobre horarios, costumbres, consumo energético o presencia de personas. Por eso, la confianza debe formar parte del diseño desde el primer momento.

El usuario necesita saber qué datos se recopilan, con qué finalidad se utilizan y qué opciones tiene para gestionarlos. La seguridad tampoco puede quedar relegada a un segundo plano. Cuantos más equipos estén conectados, mayor es la importancia de actualizar los sistemas, proteger las cuentas y establecer controles sencillos.

La transparencia será uno de los factores que determinarán la aceptación de estas tecnologías. La inteligencia artificial puede ofrecer experiencias más cómodas, pero su adopción dependerá de que las personas entiendan sus límites y puedan decidir cómo quieren utilizarla.

Del producto a la experiencia

La visión defendida por Ronald Ro refleja un cambio de prioridades en el sector tecnológico. El foco deja de estar exclusivamente en el dispositivo individual y pasa a situarse en la experiencia completa del hogar. La innovación ya no se mide solo por el número de funciones disponibles, sino por la capacidad de resolver problemas cotidianos de forma sencilla.

En los próximos años, la evolución del hogar conectado estará marcada por esta transición. Los productos seguirán siendo importantes, pero tendrán que encajar en ecosistemas más intuitivos, personalizados y seguros. La tecnología doméstica que consiga imponerse será la que comprenda que, detrás de cada aparato, hay una persona con hábitos, preferencias y necesidades concretas.

En definitiva, conectar una casa no consiste en llenarla de dispositivos. Consiste en crear un entorno que acompañe a sus habitantes, reduzca la complejidad y aporte valor en los momentos que realmente importan.

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