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Qué es el efecto canguro y por qué frenar ante un radar ya no evita las multas

Frenar bruscamente al acercarse a un radar y acelerar de nuevo cuando queda atrás es una práctica cada vez más conocida entre los conductores. Sin embargo, esta maniobra no solo puede resultar inútil para evitar una sanción: también genera cambios peligrosos de velocidad, aumenta el riesgo de accidente y reduce la eficacia de los controles de tráfico.

Este comportamiento recibe el nombre de efecto canguro. El término describe la forma en la que algunos vehículos alternan frenazos y aceleraciones al detectar un radar, como si dieran saltos entre dos velocidades distintas. El problema es que el conductor concentra su atención en el dispositivo y no en las condiciones reales de la vía.

Cómo funciona el efecto canguro

La secuencia suele repetirse de manera sencilla. El conductor circula por encima del límite permitido, identifica un radar fijo o recibe un aviso de su presencia y pisa el freno de forma repentina. Una vez superado el punto de control, vuelve a acelerar para recuperar la velocidad anterior.

El resultado es una conducción irregular en la que la velocidad no se adapta al conjunto del trayecto, sino únicamente a la proximidad del radar. El comportamiento puede repetirse con cada dispositivo, provocando una sucesión de frenazos y aceleraciones especialmente problemática en carreteras con tráfico intenso.

Un análisis científico sobre la conducta de los automovilistas ante los radares estudia precisamente este patrón. La conclusión principal es que los controles pueden perder parte de su capacidad preventiva cuando los conductores solo reducen la velocidad durante unos metros y vuelven a superar los límites inmediatamente después.

Por qué frenar justo antes puede no servir

Los radares no siempre se encuentran en un punto visible ni funcionan todos de la misma manera. Además de los dispositivos fijos, existen radares móviles, controles de tramo y sistemas capaces de registrar la velocidad media entre dos puntos. En estos casos, reducir la velocidad únicamente al pasar por un lugar concreto no garantiza que la conducción quede fuera del margen sancionable.

En un control de tramo, por ejemplo, lo relevante no es la velocidad instantánea al pasar por una cámara, sino el tiempo empleado en recorrer la distancia controlada. Frenar delante de una cámara y acelerar después puede mantener una media superior a la permitida durante el recorrido completo.

También hay que tener en cuenta que los agentes pueden establecer controles en ubicaciones variables. La estrategia de memorizar los radares habituales pierde eficacia cuando el conductor se enfrenta a un dispositivo móvil o a una vigilancia no anunciada previamente.

Una maniobra que aumenta el riesgo de accidente

El efecto canguro no es solo una cuestión relacionada con las multas de tráfico. Los cambios bruscos de velocidad pueden sorprender a los vehículos que circulan detrás y obligar a sus conductores a reaccionar en muy poco tiempo. El riesgo se multiplica en autovías, túneles, curvas, zonas de visibilidad reducida y tramos con circulación densa.

Un frenazo repentino puede provocar alcances, sobre todo si no se respeta la distancia de seguridad. Además, cuando el vehículo vuelve a acelerar inmediatamente después del radar, se recupera una velocidad que quizá no sea adecuada para el estado del firme, la meteorología o la densidad del tráfico.

La atención también se desplaza hacia la búsqueda de radares. En lugar de observar la carretera, las señales, los vehículos cercanos y los posibles obstáculos, el conductor permanece pendiente de localizar cámaras o indicios de control. Esa distracción puede tener consecuencias incluso aunque finalmente no se produzca una infracción.

Los radares buscan controlar el comportamiento durante todo el trayecto

La finalidad de los controles de velocidad no es únicamente sancionar a quien supera un límite en un punto determinado. Su objetivo es fomentar una circulación más segura y estable durante todo el recorrido. Por eso, las nuevas tecnologías de vigilancia tienden a dificultar las estrategias basadas en frenar unos segundos y acelerar después.

La combinación de radares fijos, móviles y de tramo permite controlar distintos tipos de comportamiento. También facilita la vigilancia en carreteras donde una velocidad excesiva puede elevar de forma considerable la gravedad de un accidente, como ocurre en vías secundarias, tramos de obras o accesos a zonas urbanas.

El conductor debe recordar, además, que superar el límite puede dar lugar a una multa y a la pérdida de puntos del permiso, según la velocidad registrada y las circunstancias de la infracción. Una reducción puntual ante el radar no corrige el riesgo asumido durante el resto del trayecto.

La forma correcta de evitar sanciones y conducir con seguridad

La recomendación más eficaz es mantener una velocidad adecuada de forma constante, sin esperar a divisar un radar. Eso implica observar la señalización, adaptar la marcha al tipo de vía y tener en cuenta factores como la lluvia, la niebla, el estado del pavimento o la presencia de peatones y ciclistas.

  • Respeta el límite desde el inicio del tramo, no solo cerca del radar.
  • Evita frenazos innecesarios y reduce la velocidad de forma progresiva.
  • Mantén una distancia de seguridad suficiente con el vehículo que circula delante.
  • Presta atención a la carretera y no centres la conducción en localizar controles.
  • Recuerda que los controles de tramo calculan la velocidad media.

El llamado efecto canguro demuestra que intentar engañar a un radar puede generar una falsa sensación de seguridad. La velocidad debe ajustarse a las normas y a las circunstancias del trayecto, no a la distancia que falta para llegar a una cámara. Conducir de forma uniforme no solo reduce la posibilidad de recibir una multa: también evita maniobras peligrosas y mejora la seguridad de todos los usuarios de la vía.

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