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Once días atrapado en un túnel de Nepal: «En cuanto veía la luz, gritaba»

Lu Haitao pasó 11 días atrapado en el interior de un túnel de una central hidroeléctrica de Nepal, aislado tras unas riadas que arrasaron parte de la infraestructura. Durante ese tiempo, la oscuridad, el agua y la incertidumbre se convirtieron en su única realidad. Cuando finalmente los equipos de rescate lograron llegar hasta él, el superviviente chino apenas podía creer que la operación hubiera terminado.

«Cuando vinieron a rescatarme, incluso cuando los tenía justo delante, no me lo podía creer», relató Lu Haitao después de ser localizado. Sus palabras resumen el impacto de una experiencia extrema marcada por el miedo, la espera y la posibilidad constante de no volver a ver la luz del día.

Once días sin saber cuándo acabaría la pesadilla

El trabajador quedó atrapado en un túnel de una instalación hidroeléctrica golpeada por unas inundaciones. Las riadas causaron graves daños en la zona y dejaron el paso bloqueado, impidiendo que Lu pudiera salir por sus propios medios.

En un espacio cerrado y sin una vía de escape visible, cada intento de localizar una salida se convirtió en una lucha contra el agotamiento. El túnel, concebido para facilitar los trabajos de una infraestructura energética, pasó a ser una trampa de la que dependía su supervivencia.

El paso de las horas agravó la angustia. Sin información clara sobre el avance de las labores, el trabajador tuvo que mantenerse con vida mientras esperaba que los equipos de emergencia pudieran abrirse camino hasta el punto en el que se encontraba.

La situación se prolongó durante 11 días, un periodo excepcionalmente largo para una persona atrapada bajo tierra y expuesta a las consecuencias de una catástrofe natural. Cada ruido procedente del exterior podía alimentar la esperanza de un rescate, pero también podía confundirse con el movimiento del agua o de los materiales desplazados.

«En cuanto veía la luz, gritaba»

Lu explicó que reaccionaba gritando cada vez que percibía luz. El gesto era una forma de llamar la atención desde el interior del túnel y de hacer saber a los rescatistas que seguía allí.

«En cuanto veía la luz, gritaba», contó el superviviente. La frase refleja la tensión de aquellos momentos: cualquier indicio de actividad en el exterior podía significar que la ayuda estaba cerca, pero también podía desaparecer en cuestión de segundos.

El rescate no terminó para él en el instante en que los equipos llegaron a su posición. Después de tantos días aislado, la presencia de otras personas resultaba difícil de asimilar. Ver a los rescatadores frente a él no bastó para borrar inmediatamente la sensación de estar solo y atrapado.

«Cuando vinieron a rescatarme, incluso cuando los tenía justo delante, no me lo podía creer», recordó. La declaración muestra hasta qué punto la supervivencia en condiciones extremas puede alterar la percepción del tiempo y de la realidad.

La vulnerabilidad de las obras hidroeléctricas ante las riadas

Las centrales hidroeléctricas y sus túneles de acceso concentran trabajos en entornos complejos, a menudo próximos a ríos, barrancos y zonas montañosas. Esa ubicación permite aprovechar los recursos hídricos, pero también puede aumentar la exposición a crecidas repentinas, desprendimientos y movimientos de tierra.

Cuando una riada alcanza una infraestructura de este tipo, las consecuencias pueden multiplicarse. El agua puede bloquear accesos, arrastrar maquinaria, cortar las comunicaciones y modificar por completo las condiciones del terreno. En un túnel, además, la falta de visibilidad dificulta la evaluación de los daños y ralentiza cualquier intervención.

La historia de Lu Haitao pone el foco en los riesgos a los que se enfrentan los trabajadores de grandes proyectos de construcción y energía. También evidencia la complejidad de las operaciones de emergencia en espacios confinados, donde cada metro ganado por los equipos de rescate puede requerir tiempo, planificación y máxima precaución.

Un rescate marcado por la esperanza

La localización del trabajador puso fin a una espera que durante 11 días estuvo dominada por la incertidumbre. Su supervivencia, en un escenario devastado por las inundaciones, se convirtió en el desenlace más esperado de una operación marcada por las dificultades.

Para Lu, el momento decisivo no fue solo la llegada de los rescatadores, sino la confirmación de que el túnel dejaba de ser su prisión. La luz que buscaba y a la que respondía con gritos se transformó finalmente en la señal de que podía regresar al exterior.

Su testimonio deja una imagen difícil de olvidar: un hombre que, tras casi dos semanas atrapado bajo tierra, necesitó ver a sus salvadores delante de él para aceptar que la ayuda había llegado. La incredulidad fue el último obstáculo antes de recuperar la libertad.

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