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El antiguo número dos del espionaje marroquí se refugia entre Madrid y Cáceres tras romper con Rabat

Mehdi Hijaouy, antiguo colaborador directo de Yassine Mansouri, responsable de los servicios de Inteligencia de Marruecos, permanece oculto en España después de abandonar su país tras varios enfrentamientos con las autoridades de Rabat. La información disponible sitúa al exagente entre un piso en Madrid y una finca en la provincia de Cáceres.

Hijaouy habría formado parte de la cúpula de la estructura de información vinculada al rey Mohamed VI. Desde esa posición, habría tenido acceso a documentación obtenida mediante Pegasus, el programa de espionaje capaz de infiltrarse en teléfonos móviles y extraer mensajes, llamadas, archivos, fotografías y datos de localización sin que el usuario tenga constancia de ello.

Su paradero se convirtió en una incógnita hace aproximadamente dos años, cuando salió de Marruecos después de acumular discrepancias con responsables del aparato de seguridad. Desde entonces, su presencia en España se habría mantenido bajo un perfil discreto, con desplazamientos entre la capital y una propiedad rural situada en Extremadura.

Un antiguo hombre de confianza de la Inteligencia marroquí

El nombre de Mehdi Hijaouy está ligado al entorno de Yassine Mansouri, una de las figuras más influyentes del sistema de seguridad marroquí. Mansouri dirige la Dirección General de Estudios y Documentación, el organismo encargado de buena parte de las operaciones de Inteligencia exterior del reino alauí.

La relación con el máximo responsable de ese servicio habría permitido a Hijaouy ocupar una posición de relevancia dentro de la red de información. Su conocimiento de los procedimientos internos y de la documentación manejada por los servicios marroquíes le convertiría en una figura especialmente sensible para cualquier investigación sobre las operaciones de vigilancia desarrolladas fuera de Marruecos.

Las circunstancias exactas de su salida del país no han trascendido por completo. Las informaciones conocidas apuntan a conflictos con las autoridades de Rabat, aunque no detallan si estuvieron relacionados con discrepancias operativas, luchas internas o el control de información obtenida durante las operaciones de espionaje.

El rastro español: Madrid y una finca en Cáceres

Tras abandonar Marruecos, el exagente habría optado por una estrategia de bajo perfil. Su vida se repartiría entre un domicilio en Madrid y una finca situada en la provincia de Cáceres, dos ubicaciones que le permitirían alternar el anonimato de la gran ciudad con un entorno rural menos expuesto.

Su estancia en España no implica, por sí sola, la existencia de un procedimiento judicial abierto ni una orden de detención conocida. Tampoco consta públicamente que las autoridades españolas hayan confirmado su presencia o hayan informado de una investigación específica sobre sus actividades en territorio nacional.

La posible residencia de un antiguo responsable de Inteligencia marroquí en España añade, no obstante, un elemento de interés a las relaciones de seguridad entre ambos países. Rabat y Madrid mantienen una estrecha cooperación en materias como la lucha contra el terrorismo, el control migratorio y la prevención de amenazas transnacionales.

Pegasus, una herramienta en el centro de la polémica

El caso se sitúa en el contexto de las investigaciones internacionales sobre el uso de Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO Group. El software se comercializa oficialmente para combatir amenazas graves, pero su utilización contra periodistas, activistas, abogados y dirigentes políticos ha provocado una oleada de denuncias y pesquisas en distintos países.

En España, el espionaje mediante Pegasus ha afectado a responsables políticos y a miembros del Gobierno. Los teléfonos del presidente Pedro Sánchez y de varios ministros fueron analizados después de detectarse infecciones, mientras que el caso catalán llevó a investigar la vigilancia de dirigentes independentistas y de personas de su entorno.

La atribución de un ataque de este tipo resulta técnicamente compleja. La presencia del programa en un dispositivo no siempre permite identificar de forma concluyente al operador que lo utilizó, por lo que las investigaciones deben apoyarse en informes forenses, registros técnicos y datos de Inteligencia.

Una pieza relevante para conocer la red de información

La importancia de Hijaouy radicaría en su supuesto conocimiento directo de los mecanismos empleados por los servicios marroquíes para recopilar, clasificar y trasladar información sensible. También podría conocer qué responsables tenían acceso a los datos obtenidos mediante herramientas de vigilancia digital.

Por ahora, no se han hecho públicos documentos que permitan verificar el alcance de su participación ni el contenido concreto de la información que habría manejado. Las acusaciones relacionadas con operaciones de espionaje deberán ser contrastadas mediante pruebas independientes y, en su caso, por las autoridades judiciales competentes.

Su permanencia en España, rodeada de discreción, mantiene abierta una incógnita sobre las razones de su salida de Marruecos y sobre el papel que pudo desempeñar en el entramado de Inteligencia vinculado al uso de Pegasus. Mientras no existan confirmaciones oficiales, los detalles conocidos deben interpretarse como indicios dentro de una trama todavía pendiente de esclarecer.

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