Hong Kong recupera las ideas del primer líder tras el dominio británico
Hong Kong se prepara para estrenar su primer plan quinquenal con una orientación que puede convertir a Tung Chee-hwa en una figura reivindicada con el paso del tiempo. El que fue primer jefe del Ejecutivo de la ciudad tras el regreso de Hong Kong a China ha fallecido a los 89 años, dejando tras de sí un proyecto de transformación económica que encontró importantes obstáculos durante su mandato.
El nuevo rumbo plantea reducir la dependencia del sector inmobiliario, impulsar una economía basada en la tecnología y estrechar la coordinación con los objetivos de desarrollo de China. Son precisamente algunas de las ideas que Tung intentó promover durante sus años al frente del Gobierno local, aunque no logró consolidarlas plenamente.
Un legado marcado por la transición
Tung Chee-hwa asumió el liderazgo de Hong Kong en 1997, cuando la ciudad dejó de estar bajo administración británica y pasó a formar parte de China bajo el principio de «un país, dos sistemas». Su llegada estuvo vinculada a una etapa histórica especialmente delicada, en la que las autoridades debían preservar el modelo económico y social de la ciudad mientras se redefinía su relación con Pekín.
Como primer jefe del Ejecutivo de la Región Administrativa Especial, tuvo que gestionar las expectativas de una población acostumbrada a un sistema distinto y, al mismo tiempo, responder a las prioridades de la nueva etapa política. Su mandato quedó condicionado por las dificultades económicas, las tensiones sociales y la complejidad de dirigir una ciudad con una identidad propia dentro del marco nacional chino.
Tung abandonó el cargo antes de completar su segundo mandato. Durante años, su figura quedó asociada a una etapa de incertidumbre y a la dificultad de poner en práctica una agenda ambiciosa en un territorio donde la vivienda, el suelo y las finanzas tenían un peso determinante.
El reto de superar el modelo inmobiliario
Uno de los principales elementos de su visión era la necesidad de que Hong Kong dejara de depender en exceso de la propiedad y del desarrollo inmobiliario. El sector había sido durante décadas un motor esencial de la economía local, pero también había contribuido a encarecer el acceso a la vivienda y a aumentar la vulnerabilidad de la ciudad ante los ciclos financieros.
La concentración de riqueza y actividad en torno al suelo limitaba, además, la capacidad de Hong Kong para diversificar su tejido productivo. Tung defendía una estrategia que ampliara las fuentes de crecimiento y permitiera a la ciudad competir en actividades con mayor valor añadido.
El problema es que transformar ese modelo implicaba enfrentarse a intereses económicos muy consolidados. El peso de las empresas inmobiliarias, la escasez de suelo y la elevada demanda residencial dificultaron cualquier giro rápido. Las propuestas reformistas avanzaron con lentitud y no llegaron a cambiar de forma decisiva la estructura económica.
La apuesta por la tecnología
La construcción de una economía tecnológica ocupaba otro lugar central en el planteamiento de Tung. La intención era aprovechar la posición internacional de Hong Kong, sus conexiones financieras y su capacidad empresarial para desarrollar nuevas industrias, en lugar de limitarse a sus actividades tradicionales.
En aquel momento, sin embargo, la ciudad todavía no contaba con un ecosistema tecnológico suficientemente maduro. La investigación, la innovación y la formación especializada necesitaban más apoyo, mientras que otros centros asiáticos avanzaban con mayor rapidez en sectores estratégicos.
Ahora, la apuesta por la innovación vuelve a situarse en el centro de la agenda. El futuro plan quinquenal apunta a una mayor integración con las prioridades nacionales de China en ámbitos como la tecnología, la industria avanzada y la modernización económica. El enfoque ofrece a Hong Kong una oportunidad para recuperar objetivos que quedaron incompletos durante la etapa inicial de la poscolonización.
Una conexión más estrecha con China
La evolución de Hong Kong también pasa por una relación más coordinada con el desarrollo del conjunto de China. La ciudad conserva su papel financiero y comercial internacional, pero su estrategia económica está cada vez más vinculada a las políticas nacionales y a los grandes proyectos de crecimiento del país.
Para sus defensores, esa conexión puede ampliar el acceso a mercados, infraestructuras y programas de innovación. También puede ayudar a compensar las limitaciones de una economía local muy dependiente de los servicios y de un territorio con poco espacio disponible.
Para otros sectores, el desafío consiste en mantener las características que hicieron de Hong Kong un centro internacional, al tiempo que se profundiza la integración con China. El equilibrio entre ambos objetivos será una de las claves del nuevo plan.
Un reconocimiento tardío
La recuperación de las ideas de Tung no significa que su mandato quede libre de críticas. Su gestión estuvo marcada por decisiones controvertidas y por una relación difícil con parte de la sociedad. No obstante, el contexto actual permite valorar de otra manera algunas de sus advertencias sobre la vivienda, la diversificación económica y la necesidad de anticiparse a los cambios tecnológicos.
Hong Kong afronta hoy problemas que siguen estrechamente relacionados con aquellos retos: precios residenciales elevados, dependencia de actividades tradicionales y presión para adaptarse a una economía regional más competitiva. El plan quinquenal puede convertir esas preocupaciones en una estrategia de largo recorrido.
Si las autoridades consiguen avanzar hacia un modelo menos condicionado por el ladrillo, más innovador y mejor conectado con China, Tung Chee-hwa podría terminar siendo recordado no solo como el primer líder de la etapa posterior al dominio británico, sino también como un dirigente cuyas ideas encontraron su momento mucho después de haber sido formuladas.



