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La ansiedad laboral por la IA eleva las amenazas físicas contra los directivos tecnológicos

El 66% de los responsables de seguridad corporativa de Estados Unidos afirma que las amenazas físicas contra sus directivos han aumentado. El dato refleja una tendencia que los equipos de protección empresarial llevan meses detectando: la presión sobre los líderes tecnológicos ya no se limita a las críticas públicas, las campañas de desinformación o los ataques digitales.

Un análisis reciente del experto en seguridad Tim Crockett relaciona este incremento con la pérdida de confianza hacia las grandes compañías tecnológicas y con el temor a que la inteligencia artificial destruya empleos. Aunque los datos no prueban por sí solos una relación causal, sí muestran que la transformación del mercado laboral está alimentando un clima de tensión que puede terminar señalando a personas concretas.

El miedo a perder el empleo gana peso

La percepción social sobre el impacto laboral de la IA se ha endurecido. Una encuesta del Pew Research Center sitúa en el 71% la proporción de adultos estadounidenses que cree que esta tecnología eliminará puestos de trabajo durante los próximos 20 años, frente al 64% registrado en 2024.

El temor coincide con las previsiones empresariales. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum estima que el 41% de los empleadores prevé reducir plantilla en los próximos cinco años en áreas donde la IA puede replicar determinadas funciones. Al mismo tiempo, el 77% asegura que pretende formar de nuevo a sus trabajadores, pero ese compromiso resulta menos visible para la opinión pública que los anuncios de automatización o los despidos.

La llamada ansiedad laboral por la IA no describe solo el miedo a quedarse sin empleo. También incluye la incertidumbre sobre cómo cambiarán las profesiones, qué conocimientos dejarán de ser útiles y quién se beneficiará de los aumentos de productividad. Cuando esas dudas se combinan con una comunicación empresarial deficiente, la frustración puede concentrarse en los máximos responsables.

De la desinformación a la amenaza personal

El fenómeno también tiene una dimensión informativa. El World Security Report de 2025 señala que el 73% de los responsables de seguridad de empresas tecnológicas detectó campañas de desinformación contra su compañía durante el año anterior.

La desinformación consiste en difundir contenidos falsos o manipulados para influir en la percepción pública. En este contexto, puede convertir una preocupación general sobre el empleo en una historia con culpables identificables, fotografías, nombres y supuestas responsabilidades individuales. Las redes sociales aceleran ese proceso al premiar los mensajes emocionales y fáciles de compartir.

La evolución desde una protesta genérica hasta una amenaza concreta es uno de los principales motivos de preocupación para los equipos de seguridad. La monitorización de fuentes abiertas permite detectar señales de escalada, como el paso de mensajes de enfado general a la búsqueda de domicilios, rutas, horarios o localizaciones de un ejecutivo.

Un riesgo que ya combina lo físico y lo digital

La seguridad de los directivos se ha complicado además por el uso de herramientas de inteligencia artificial generativa. Los ataques de ingeniería social pueden emplear voces clonadas, identidades falsas o vídeos manipulados para engañar a empleados y obtener información sobre los movimientos de una persona.

La clonación de voz permite generar una imitación convincente a partir de una grabación breve. Con ese recurso, un atacante puede hacerse pasar por un directivo, solicitar datos sensibles o presionar a un trabajador para que facilite acceso a instalaciones y sistemas. El riesgo se extiende, por tanto, desde la protección física hasta la ciberseguridad y la gestión de la identidad.

La combinación de ambos ámbitos se conoce como amenaza híbrida: una operación que utiliza recursos digitales para facilitar un daño físico, o que aprovecha un incidente presencial para conseguir información tecnológica. Los responsables de seguridad deben coordinar ahora vigilancia, análisis de redes, protección ejecutiva y respuesta ante fraudes digitales.

El precedente de la violencia contra ejecutivos

El asesinato del consejero delegado de UnitedHealthcare a finales de 2024, aunque se produjo en el sector sanitario, abrió un debate sobre la hostilidad hacia los dirigentes de grandes corporaciones. El caso puso de manifiesto cómo algunas decisiones empresariales pueden percibirse como símbolos de un sistema distante del impacto que generan en la vida de las personas.

La industria tecnológica absorbe ahora parte de esa presión por su papel central en la automatización. El desarrollo de modelos de IA, la reducción de determinadas funciones y el crecimiento de los beneficios empresariales pueden reforzar la idea de que los directivos se enriquecen mientras trasladan los costes del cambio a los trabajadores.

En Estados Unidos, documentos de seguridad difundidos en mayo de 2026 incluyeron referencias al llamado extremismo antitech y a la radicalización vinculada al miedo a perder el empleo por la IA. Sin embargo, esta clasificación plantea una dificultad importante: protestar contra un centro de datos o criticar la automatización pertenece al terreno de la participación legítima, mientras que planificar una agresión contra una persona constituye una amenaza criminal.

Mezclar ambas realidades puede llevar a vigilar de forma excesiva la disidencia y, al mismo tiempo, dificultar la identificación de los riesgos verdaderamente graves. La distinción entre expresión política, acoso y preparación de un ataque resulta esencial para cualquier estrategia de seguridad responsable.

La protección no puede limitarse a más vigilancia

Las empresas con directivos especialmente expuestos están reforzando la inteligencia de amenazas, una práctica que analiza información pública para anticipar posibles agresiones. También aumentan la protección de domicilios y desplazamientos, la evaluación de riesgos en eventos y la formación de empleados frente a técnicas de suplantación.

Pero ampliar los perímetros físicos no resuelve el origen del problema. La legitimidad empresarial también depende de explicar qué empleos cambiarán, qué puestos podrían desaparecer y qué formación recibirán los trabajadores. Una transición con medidas concretas y transparencia puede reducir la sensación de abandono que alimenta la hostilidad.

La IA no está destruyendo todos los empleos de manera uniforme ni está creando oportunidades al mismo ritmo para todos los colectivos. También está generando nuevas necesidades en áreas como la ciberseguridad, la supervisión de modelos y la gestión de riesgos. El desafío para las compañías consiste en comunicar esa complejidad con la misma claridad con la que se anuncian las inversiones en automatización.

El aumento de las amenazas contra los directivos tecnológicos funciona así como una señal de alarma más amplia. La seguridad física es la respuesta inmediata, pero la solución a largo plazo pasa por recuperar la confianza, proteger a los trabajadores durante la transición y demostrar que la innovación no se construye a costa de dejar a una parte de la sociedad sin respuestas.

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