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Suiza convierte un lago alpino en una planta solar flotante con 1.400 paneles

La transición energética busca nuevos espacios para producir electricidad sin ocupar más suelo. En Suiza, una empresa ha llevado esa idea hasta un entorno poco habitual: un embalse situado en los Alpes acoge una instalación solar flotante formada por alrededor de 1.400 paneles, sujetos mediante estructuras ancladas al fondo.

El proyecto, impulsado por Romande Energie, se plantea como una solución singular dentro del sector fotovoltaico. Las placas no se colocan sobre tierra firme, sino sobre una plataforma flotante diseñada para resistir las condiciones de un lago de montaña, con fuertes cambios de temperatura, nieve, viento y variaciones en el nivel del agua.

Una instalación solar sobre el embalse de Les Toules

La planta se encuentra en el lago de Les Toules, un embalse alpino situado a gran altitud, en el cantón suizo del Valais. Su ubicación permite aprovechar una combinación especialmente favorable para la generación fotovoltaica: una atmósfera más limpia, una elevada radiación solar y temperaturas relativamente bajas, que ayudan a mejorar el rendimiento de los paneles.

El sistema está compuesto por decenas de plataformas conectadas entre sí. Sobre ellas se distribuyen los módulos fotovoltaicos, colocados con una inclinación que favorece la captación de luz y facilita la evacuación de la nieve. La electricidad generada se transporta posteriormente a la red mediante las infraestructuras eléctricas asociadas al embalse.

La instalación alcanza una potencia de varios cientos de kilovatios y está diseñada para producir electricidad renovable durante todo el año. La producción resulta especialmente interesante en invierno, cuando la demanda energética aumenta y muchas instalaciones solares convencionales reducen su rendimiento por la acumulación de nieve o por las pocas horas de luz.

El reto de anclar paneles en un lago que cambia de nivel

Uno de los aspectos más complejos del proyecto fue la instalación de los anclajes. El embalse no mantiene siempre la misma cantidad de agua: su nivel varía en función de la producción hidroeléctrica, las reservas disponibles y las necesidades de gestión del sistema. Por eso, las plataformas no podían fijarse como una estructura permanente sobre tierra.

Para colocar los elementos de sujeción fue necesario aprovechar el periodo en el que el lago se encontraba prácticamente vacío. Durante aproximadamente seis meses, los equipos trabajaron sobre el fondo del embalse para instalar las pesas y los puntos de anclaje que mantienen la plataforma en su posición cuando el agua vuelve a cubrir la zona.

Este diseño permite que el conjunto acompañe las variaciones del nivel del lago sin desplazarse de forma incontrolada. También reduce el impacto sobre las orillas y evita la construcción de grandes soportes de hormigón en un entorno de alta montaña.

Más producción gracias a la altitud y al efecto del agua

La ubicación alpina ofrece varias ventajas frente a una instalación solar convencional. A mayor altitud, la radiación solar puede ser más intensa debido a que atraviesa una menor cantidad de atmósfera. Además, las bajas temperaturas ayudan a que los paneles trabajen con mayor eficiencia, ya que las células fotovoltaicas suelen perder rendimiento cuando se calientan demasiado.

El agua también puede contribuir a mantener una temperatura más estable en la parte inferior de los módulos. A esto se suma la posibilidad de aprovechar la luz reflejada por la superficie del lago, aunque el rendimiento final depende de factores como la nubosidad, la orientación de las plataformas y la acumulación de nieve.

Según las estimaciones del proyecto, la producción por panel puede ser superior a la de una planta equivalente instalada en zonas bajas. Esta diferencia convierte a los embalses de montaña en una alternativa atractiva para ampliar la generación renovable sin competir directamente con terrenos agrícolas o espacios naturales destinados a otros usos.

Un modelo con potencial, pero no aplicable a cualquier lago

La energía solar flotante ha crecido en los últimos años, sobre todo en embalses y balsas industriales. Sin embargo, trasladar esta tecnología a un lago alpino implica retos adicionales. Las estructuras deben soportar hielo, fuertes rachas de viento, nevadas intensas y grandes oscilaciones del nivel del agua.

También es necesario estudiar el impacto ambiental. La cobertura parcial de la superficie puede modificar la entrada de luz, la temperatura del agua y el comportamiento de determinadas especies. Por este motivo, cualquier ampliación de este tipo de instalaciones requiere análisis específicos sobre biodiversidad, paisaje, mantenimiento y calidad del agua.

El proyecto suizo funciona, por tanto, como un banco de pruebas para comprobar hasta dónde puede llegar la fotovoltaica flotante en condiciones extremas. Su diseño demuestra que un embalse utilizado para producir energía hidroeléctrica también puede convertirse en soporte para generar electricidad solar, combinando dos tecnologías renovables en un mismo espacio.

La instalación de Romande Energie se presenta como una iniciativa única por su emplazamiento y por la complejidad de su sistema de anclaje. Más allá de sus dimensiones, el proyecto plantea una cuestión clave para el futuro energético: cómo aprovechar infraestructuras ya existentes para producir más electricidad limpia sin aumentar de forma significativa la ocupación del territorio.

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