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Los centros de datos independientes recuerdan al auge de las telecos alternativas

La carrera por desarrollar inteligencia artificial está impulsando una nueva generación de operadores de centros de datos. Empresas como CoreWeave e IREN están ganando protagonismo al ofrecer capacidad informática especializada para entrenar y ejecutar modelos de IA, un negocio que hasta hace poco parecía reservado a los grandes gigantes tecnológicos.

Estos operadores, conocidos en el sector como neoclouds, se sitúan entre las compañías tecnológicas tradicionales y los proveedores de infraestructuras. Su crecimiento recuerda, en algunos aspectos, al de las operadoras alternativas de telecomunicaciones que proliferaron durante el auge de internet a finales de los años noventa.

Una demanda extraordinaria de capacidad informática

El desarrollo de la inteligencia artificial generativa ha disparado la necesidad de procesadores avanzados, redes de alta velocidad y sistemas capaces de gestionar grandes volúmenes de datos. Las empresas que entrenan modelos necesitan miles de chips especializados y una infraestructura preparada para mantenerlos activos de forma continua.

Los grandes proveedores de servicios en la nube, como Amazon, Microsoft y Google, lideran buena parte de esta inversión. Sin embargo, su capacidad no siempre crece al ritmo de la demanda. Ahí han encontrado una oportunidad los operadores independientes, que construyen o adaptan centros de datos para clientes que necesitan acceso rápido a recursos de computación.

CoreWeave e IREN forman parte de este grupo. Su propuesta se centra en ofrecer infraestructura orientada a cargas de trabajo de inteligencia artificial, con contratos y servicios diseñados para compañías que no quieren depender exclusivamente de las plataformas más grandes.

El paralelismo con la burbuja de las telecomunicaciones

A finales del siglo XX, la expansión de internet provocó una oleada de inversiones en nuevas redes de fibra óptica. Numerosas operadoras alternativas prometían conectar ciudades, empresas y hogares ante el crecimiento previsto del tráfico de datos.

La expectativa de una demanda imparable llevó a muchas compañías a captar grandes cantidades de capital y a construir infraestructuras a gran velocidad. El problema fue que, cuando llegó el cambio de ciclo alrededor del año 2000, muchas redes todavía no generaban ingresos suficientes para cubrir su coste.

La caída de las cotizaciones y el endurecimiento de las condiciones financieras provocaron quiebras, fusiones y ventas de activos. Parte de aquellas infraestructuras acabó siendo adquirida por empresas más sólidas a precios muy inferiores a los de su construcción.

El paralelismo con los neoclouds no implica que la historia vaya a repetirse exactamente, pero sí plantea una cuestión central: ¿la demanda de inteligencia artificial será suficiente para rentabilizar toda la capacidad que se está construyendo?

Una inversión intensiva y con riesgos crecientes

Levantar un centro de datos exige inversiones millonarias en terrenos, suministro eléctrico, refrigeración, conectividad y equipos informáticos. A ello se añade el coste de los aceleradores de IA, unos componentes de alta demanda y disponibilidad limitada.

El modelo también depende de que los clientes mantengan sus compromisos durante varios años. Si las empresas reducen sus presupuestos tecnológicos, retrasan proyectos o cambian de proveedor, los operadores independientes pueden quedarse con instalaciones costosas y una capacidad difícil de recolocar.

El acceso a la financiación es otro factor decisivo. Los proyectos de infraestructura suelen requerir deuda y contratos a largo plazo. Cuando los tipos de interés suben o los inversores empiezan a exigir beneficios más inmediatos, las compañías con balances más débiles pueden verse sometidas a una presión considerable.

Las diferencias frente a las antiguas operadoras

También existen diferencias importantes respecto al boom de las telecomunicaciones. La inteligencia artificial ya está generando ingresos para numerosas empresas y se utiliza en sectores como la sanidad, las finanzas, la industria y la atención al cliente.

Además, los centros de datos pueden prestar servicio a distintos clientes y adaptar su capacidad a varias aplicaciones. Las redes de fibra construidas durante la burbuja de internet, en cambio, dependían en gran medida de que aumentara de forma rápida el tráfico de comunicaciones y de que los operadores consiguieran vender suficiente capacidad.

La concentración del mercado es igualmente distinta. Los grandes proveedores tecnológicos disponen de recursos financieros, clientes globales y acceso privilegiado a chips y energía. Los neoclouds deben competir con una escala menor, aunque pueden ganar terreno mediante una mayor especialización y una respuesta más flexible.

El reto de convertir el entusiasmo en rentabilidad

El futuro de estas empresas dependerá menos de la popularidad de la inteligencia artificial que de su capacidad para transformar esa demanda en beneficios estables. Para ello tendrán que controlar los costes, asegurar contratos duraderos y garantizar el suministro eléctrico necesario para mantener operativas sus instalaciones.

Los inversores también analizarán si el crecimiento procede de clientes recurrentes o de una expansión basada principalmente en expectativas. La evolución de los precios de los chips, la eficiencia de los nuevos modelos de IA y la aparición de tecnologías que requieran menos capacidad de cálculo serán variables determinantes.

Los operadores independientes desempeñan ya un papel relevante en la construcción de la infraestructura de inteligencia artificial. Pero, como ocurrió con las telecos alternativas, el crecimiento acelerado puede convertirse en una ventaja o en un riesgo. La diferencia estará en que el entusiasmo tecnológico vaya acompañado de demanda real, financiación sostenible y una gestión prudente de la capacidad.

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