La vuelta al cole exige reforzar la prevención frente al dengue y los virus infantiles
El regreso a las aulas después de las vacaciones aumenta los contactos entre niños, adolescentes, familias y personal educativo. Esta mayor interacción, unida a los viajes y a las condiciones ambientales del final del verano, puede facilitar la aparición de infecciones como el dengue y la enfermedad de manos, pies y boca.
La prevención no depende de una única medida. Lavarse las manos, ventilar las clases, limpiar las superficies de uso frecuente y actuar ante los primeros síntomas son actuaciones sencillas que ayudan a reducir contagios y permiten mantener un entorno escolar más seguro.
Dengue: evitar las picaduras y detectar las señales de alarma
El dengue es una infección vírica que se transmite principalmente a través de la picadura de mosquitos infectados, sobre todo del género Aedes. En España, la mayoría de los casos se relacionan con viajes a zonas donde el virus circula, aunque la presencia de mosquitos capaces de transmitirlo hace necesario mantener la vigilancia en algunas áreas.
El riesgo no suele proceder del contacto directo entre estudiantes. Sin embargo, una persona infectada puede contribuir a mantener el ciclo de transmisión si un mosquito la pica durante los primeros días de la enfermedad y después pica a otra persona.
Para prevenirlo, especialmente tras viajes internacionales, conviene utilizar repelentes autorizados siguiendo las indicaciones del fabricante, vestir ropa que cubra brazos y piernas y emplear mosquiteras cuando sea necesario. También es importante vaciar recipientes con agua acumulada en patios, terrazas y zonas cercanas al centro educativo, ya que pueden convertirse en criaderos.
Los síntomas más habituales del dengue incluyen fiebre alta, dolor de cabeza intenso, dolor detrás de los ojos, molestias musculares y articulares, náuseas y, en ocasiones, erupciones cutáneas. Si aparecen después de un viaje, es recomendable informar al profesional sanitario para facilitar el diagnóstico.
El dolor abdominal intenso, los vómitos persistentes, el sangrado, la somnolencia, la dificultad para respirar o un empeoramiento brusco requieren atención médica urgente. Mientras se obtiene valoración, no deben administrarse aspirina ni antiinflamatorios como ibuprofeno si existe sospecha de dengue, porque pueden aumentar el riesgo de sangrado. Para la fiebre, debe consultarse la opción más adecuada, habitualmente paracetamol, según la edad y las indicaciones sanitarias.
Manos, pies y boca: una infección frecuente en la infancia
La enfermedad de manos, pies y boca está causada por distintos enterovirus y afecta sobre todo a niños pequeños, aunque también puede presentarse en escolares mayores y adultos. Se transmite mediante secreciones respiratorias, saliva, contacto con las lesiones de la piel y las heces de una persona infectada.
El cuadro suele comenzar con fiebre, malestar, dolor de garganta y pérdida de apetito. Después pueden aparecer pequeñas ampollas o llagas dolorosas en la boca y lesiones en las palmas de las manos, las plantas de los pies y otras partes del cuerpo. La mayoría de los casos evoluciona favorablemente en alrededor de una semana.
La medida más eficaz es lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos, sobre todo después de ir al baño, cambiar pañales, sonarse la nariz y antes de comer. También conviene no compartir vasos, cubiertos, toallas, chupetes ni alimentos, además de limpiar los juguetes y las superficies que se tocan con frecuencia.
Los niños con fiebre, mal estado general o dificultades para comer y beber deben quedarse en casa y ser valorados por su familia o por un profesional sanitario. La vuelta al centro dependerá de su estado y de las indicaciones de los servicios de salud y del propio colegio; no siempre es necesario esperar a que desaparezcan todas las lesiones si el menor se encuentra bien y se cumplen las recomendaciones vigentes.
Un plan de prevención para las aulas
- Establecer rutinas de higiene de manos al llegar, antes de las comidas y después de utilizar el baño.
- Ventilar las aulas varias veces al día, siempre que las condiciones de seguridad y climatización lo permitan.
- Limpiar con regularidad pomos, mesas, grifos, baños, material compartido y dispositivos electrónicos.
- Enseñar a cubrirse la boca y la nariz con el codo al toser o estornudar, y desechar los pañuelos tras su uso.
- Evitar acudir a clase con fiebre, vómitos, diarrea o un deterioro evidente del estado general.
- Comunicar al centro los diagnósticos relevantes y los viajes recientes cuando puedan influir en la valoración de los síntomas.
Las familias también pueden contribuir revisando que los niños lleven agua, ropa adecuada y material de higiene cuando sea necesario. En el caso de los adolescentes, es útil reforzar la responsabilidad individual y recordar que compartir bebidas, utensilios o cigarrillos electrónicos puede facilitar la transmisión de infecciones.
Consultar pronto ante síntomas persistentes
La mayoría de las infecciones infantiles son leves, pero la edad, las enfermedades previas y la intensidad de los síntomas pueden modificar el riesgo. Debe solicitarse atención sanitaria si la fiebre dura varios días, el menor no consigue hidratarse, presenta decaimiento marcado, convulsiones, dificultad respiratoria, sangrado o una erupción que empeora rápidamente.
Una vuelta al cole saludable requiere la colaboración de estudiantes, familias y centros educativos. La combinación de higiene, ventilación, limpieza, control de mosquitos y detección temprana permite reducir la propagación de enfermedades y proteger el aprendizaje sin alarmas innecesarias.



