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Los dos alimentos cotidianos que pueden perjudicar seriamente la salud cardiovascular

Forman parte de la alimentación habitual de millones de personas, aparecen en la compra semanal y, en muchos casos, se consumen sin prestar demasiada atención. Sin embargo, el cardiólogo Aurelio Rojas ha advertido sobre el impacto que pueden tener dos grupos de productos muy presentes en la dieta: los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas.

La preocupación no se limita al corazón. Un consumo frecuente de estos productos se relaciona con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, alteraciones del colesterol y enfermedades cardiovasculares. El problema, según los especialistas, no suele estar en una ingesta puntual, sino en convertirlos en una parte habitual de la alimentación.

Ultraprocesados: más allá de la comida rápida

Cuando se habla de ultraprocesados, muchas personas piensan únicamente en hamburguesas, pizzas o patatas fritas. No obstante, este grupo es mucho más amplio e incluye productos que se presentan como opciones prácticas o incluso saludables: algunos cereales de desayuno, galletas, barritas, salsas preparadas, platos precocinados, aperitivos y determinados productos cárnicos.

Suelen contener combinaciones de sal, azúcares añadidos, grasas de baja calidad y numerosos aditivos. Además, están diseñados para resultar muy sabrosos y fáciles de consumir, lo que puede favorecer que se tomen en cantidades superiores a las necesarias.

El consumo habitual también puede desplazar alimentos más nutritivos, como las legumbres, las verduras, la fruta, los frutos secos o el pescado. De este modo, el perjuicio no depende únicamente de lo que aporta el producto, sino también de lo que deja de incluirse en la dieta diaria.

Bebidas azucaradas: calorías que apenas sacian

El segundo foco de atención son los refrescos, bebidas energéticas, zumos industriales y otras bebidas con azúcares añadidos. Al tomarse en forma líquida, sus calorías se ingieren rápidamente y generan menos sensación de saciedad que los alimentos sólidos.

Una sola lata puede aportar una cantidad considerable de azúcar, especialmente cuando se consume junto con otros productos dulces. Si esta rutina se repite, puede contribuir al aumento de peso, a la resistencia a la insulina y a un peor control de la glucosa en sangre.

Las versiones con azúcar no son la única cuestión. Aunque las bebidas edulcoradas pueden reducir la ingesta calórica en determinados casos, los expertos aconsejan que la bebida principal sea el agua. También conviene reservar los zumos, incluso los naturales, para ocasiones puntuales, ya que contienen menos fibra que la fruta entera y pueden facilitar un consumo excesivo de azúcar.

El riesgo está en la frecuencia

La advertencia no significa que una persona deba eliminar de forma inmediata todos los productos procesados. La clave está en distinguir entre un alimento mínimamente procesado y un ultraprocesado, así como en observar la frecuencia con la que se consume cada producto.

Una alimentación saludable puede incluir productos envasados, pero debería basarse principalmente en alimentos frescos o poco transformados. La dieta mediterránea ofrece una referencia útil: verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado, aceite de oliva, frutos secos y agua como bebida habitual.

Cómo reducir su presencia en la dieta

  • Revisar la lista de ingredientes y priorizar productos con pocos componentes reconocibles.
  • Reducir el consumo de refrescos, bebidas energéticas y zumos industriales.
  • Sustituir los aperitivos envasados por fruta, frutos secos sin sal o yogur natural.
  • Planificar las comidas para no recurrir con frecuencia a platos preparados.
  • Comparar el contenido de azúcares, sal y grasas saturadas antes de comprar.
  • Reservar los productos menos saludables para un consumo ocasional y no diario.

En cualquier caso, ningún alimento aislado explica por sí solo la aparición de una enfermedad. El riesgo cardiovascular depende del conjunto de la dieta, la actividad física, el descanso, el tabaco, el estrés y los antecedentes personales y familiares.

La recomendación de los profesionales es sencilla: cuanto más protagonismo tengan los alimentos frescos y menos espacio ocupen los ultraprocesados y las bebidas azucaradas, mayores serán las posibilidades de proteger la salud a largo plazo.

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