José Javier Fuster: por qué el colesterol no afecta igual a todas las personas
El investigador José Javier Fuster, especialista en enfermedades cardiovasculares del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), ha sido reconocido con un premio de la Sociedad Europea de Cardiología por sus aportaciones al conocimiento y la prevención de las enfermedades del corazón.
Su trabajo se centra en comprender mejor los mecanismos que intervienen en la aparición de los problemas cardiovasculares, una de las principales causas de enfermedad y mortalidad en Europa. Entre los factores más estudiados se encuentra el colesterol, cuyo impacto puede variar de forma notable entre unas personas y otras.
El colesterol no determina por sí solo el riesgo cardiovascular
La concentración de colesterol en sangre es uno de los parámetros que se evalúan habitualmente para calcular el riesgo de infarto, ictus y otras enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, una cifra aislada no explica toda la historia clínica de un paciente.
La respuesta del organismo depende de múltiples elementos: la edad, la genética, la presión arterial, la diabetes, el tabaquismo, el peso, la actividad física y los antecedentes familiares. También influyen la composición de las partículas que transportan el colesterol y la forma en que cada cuerpo las procesa.
En este contexto, Fuster subraya que existe una gran diferencia entre personas en la respuesta del organismo al colesterol. Dos individuos con valores similares pueden presentar una evolución cardiovascular distinta, mientras que otros con cifras no demasiado elevadas pueden acumular un riesgo relevante si concurren otros factores.
Una enfermedad que se desarrolla durante años
La aterosclerosis, proceso por el que se forman placas en las arterias, suele avanzar de manera silenciosa durante mucho tiempo. Estas placas pueden endurecer y estrechar los vasos sanguíneos, dificultando el paso de la sangre. En determinadas circunstancias, además, pueden romperse y desencadenar la formación de un coágulo.
El resultado puede ser un infarto de miocardio, un accidente cerebrovascular u otras complicaciones graves. Por este motivo, la prevención cardiovascular no debe limitarse a actuar cuando aparecen síntomas, sino que requiere identificar y controlar los factores de riesgo con antelación.
La ausencia de molestias no significa que las arterias estén completamente protegidas. La hipertensión, el colesterol elevado y la diabetes pueden permanecer sin síntomas durante años. Las revisiones médicas permiten detectar estos problemas y establecer medidas adaptadas a cada persona.
La importancia de una medicina más personalizada
La variabilidad en la respuesta al colesterol refuerza la necesidad de avanzar hacia una medicina cardiovascular más personalizada. El objetivo no es aplicar la misma estrategia a todos los pacientes, sino valorar el riesgo global y decidir qué intervención puede aportar más beneficio en cada caso.
Las decisiones pueden incluir cambios en la alimentación, ejercicio regular, abandono del tabaco, control de la tensión arterial o tratamiento farmacológico. La elección depende de la situación clínica, los antecedentes y el riesgo estimado, por lo que debe realizarse con el asesoramiento de profesionales sanitarios.
- El colesterol LDL, conocido como colesterol malo, puede favorecer la acumulación de grasa en las paredes arteriales.
- La presión arterial elevada daña progresivamente los vasos sanguíneos y aumenta la carga de trabajo del corazón.
- La diabetes altera los vasos y puede acelerar la progresión de la enfermedad cardiovascular.
- El tabaquismo incrementa la inflamación y favorece la formación de coágulos.
- La falta de actividad física se relaciona con un mayor riesgo de obesidad, hipertensión y alteraciones metabólicas.
Investigación para mejorar la prevención
El reconocimiento de la Sociedad Europea de Cardiología pone en valor la investigación desarrollada por Fuster en el ámbito de las enfermedades del corazón. Este tipo de trabajos contribuye a explicar por qué algunos pacientes desarrollan complicaciones cardiovasculares y otros no, incluso cuando comparten determinados factores de riesgo.
La investigación también resulta esencial para perfeccionar las herramientas de diagnóstico y descubrir nuevas vías de tratamiento. Cuanto mejor se comprendan las diferencias individuales, más preciso será el seguimiento de los pacientes y más eficaz podrá ser la prevención.
Qué puede hacer la población
La prevención cardiovascular empieza con medidas sencillas, pero sostenidas en el tiempo. Mantener una alimentación equilibrada, priorizar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, reducir el consumo de ultraprocesados y realizar ejercicio de forma habitual son recomendaciones de utilidad general.
También es importante conocer los niveles de colesterol y presión arterial, especialmente cuando existen antecedentes familiares o enfermedades como la diabetes. Los resultados deben interpretarse junto con el resto de la información clínica, no de manera aislada.
El mensaje central es que el colesterol importa, pero no actúa solo ni afecta igual a todos los organismos. La combinación de investigación, evaluación individual y hábitos saludables permite avanzar hacia una prevención cardiovascular más eficaz y ajustada a las necesidades de cada paciente.



