La inteligencia artificial puede ayudar a recuperar la mano de obra perdida en la construcción
El auge de la inteligencia artificial está disparando la demanda de centros de datos, pero también abre una oportunidad menos visible: utilizar esa inversión para reconstruir la capacidad de un sector de la construcción debilitado durante años. En los países ricos, el empleo en esta actividad continúa un 16% por debajo de los niveles de 2008, una carencia que afecta a los plazos, los costes y la seguridad de las obras.
La expansión de las infraestructuras digitales exige levantar edificios, instalar redes eléctricas, ampliar sistemas de refrigeración y desarrollar nuevas conexiones. Esa necesidad puede convertirse en un estímulo para formar trabajadores, modernizar procesos y mejorar las condiciones laborales de un sector esencial para la economía y para la salud de quienes trabajan en él.
Más centros de datos, más presión sobre los recursos
Francia, con el presidente Emmanuel Macron como uno de sus principales impulsores, apuesta por atraer centros de datos y consolidarse como un polo tecnológico europeo. Estas instalaciones son necesarias para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial, pero consumen grandes cantidades de electricidad, agua y suelo.
En Estados Unidos, el gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, ha planteado la necesidad de limitar el impacto de estos complejos sobre los recursos públicos. El debate incluye el acceso a la red eléctrica, el uso del agua y la capacidad de las infraestructuras locales para soportar una actividad industrial en rápido crecimiento.
La cuestión no es únicamente cuántos centros de datos se construyen, sino cómo se levantan y quién dispone de la capacidad necesaria para hacerlo. La falta de profesionales puede retrasar proyectos estratégicos y aumentar la presión sobre plantillas que ya afrontan jornadas exigentes, desplazamientos frecuentes y tareas físicamente intensas.
Una oportunidad para reforzar la formación
La inversión vinculada a la inteligencia artificial debería incluir un plan permanente para ampliar la fuerza laboral de la construcción. No bastaría con contratar personal de forma puntual para completar una obra. Sería necesario financiar formación profesional, reciclaje de trabajadores y programas de acceso para jóvenes, mujeres y personas procedentes de otros sectores.
La escasez de mano de obra no se resuelve únicamente con salarios más altos. También requiere itinerarios formativos claros, certificaciones reconocidas y posibilidades reales de progresión profesional. La digitalización puede contribuir a hacer más atractiva una actividad que durante años ha tenido dificultades para atraer relevo generacional.
- Programas de formación en electricidad, climatización, obra civil y mantenimiento.
- Aprendizaje combinado con simuladores y herramientas de realidad aumentada.
- Reconocimiento de competencias adquiridas en otros empleos técnicos.
- Medidas para mejorar la conciliación y reducir la rotación laboral.
La seguridad y la salud deben estar en el centro
La construcción se encuentra entre las actividades con mayor exposición a caídas, golpes, ruido, polvo, vibraciones y sobreesfuerzos. Cuando faltan profesionales, aumenta el riesgo de recurrir a subcontratas encadenadas, acelerar los ritmos o asignar tareas a trabajadores con una preparación insuficiente.
El crecimiento de las infraestructuras digitales debería servir para elevar los estándares de prevención, no para rebajarlos. La planificación de cada proyecto tendría que contemplar descansos adecuados, equipos de protección, vigilancia de la salud y protocolos específicos frente a temperaturas extremas y exposición a materiales potencialmente peligrosos.
La salud mental también merece atención. Los plazos ajustados, la incertidumbre contractual y la presión por completar instalaciones complejas pueden favorecer el estrés, los problemas de sueño y el agotamiento. Una plantilla estable y mejor formada permite organizar el trabajo con más seguridad y reducir la dependencia de jornadas prolongadas.
La tecnología como apoyo, no como sustituto
La inteligencia artificial puede ayudar a prever retrasos, detectar riesgos y coordinar a los distintos equipos que intervienen en una obra. Los sensores pueden alertar de condiciones inseguras, mientras que los modelos digitales permiten identificar conflictos antes de que se produzcan sobre el terreno.
Sin embargo, estas herramientas no sustituyen la experiencia de los profesionales ni eliminan la necesidad de supervisión humana. Un sistema automatizado puede señalar una anomalía, pero son los trabajadores y los responsables de seguridad quienes deben interpretar la situación y actuar con rapidez.
Además, la digitalización debe implantarse sin crear una nueva brecha entre empresas grandes y pequeñas. Si solo las grandes constructoras pueden acceder a estas soluciones, buena parte del tejido empresarial quedará al margen de las mejoras en productividad y prevención.
Construir capacidad para el largo plazo
El actual entusiasmo por la inteligencia artificial puede generar una oleada de inversión, pero sus beneficios no deberían limitarse a levantar centros de datos. La prioridad tendría que ser crear una base industrial y laboral capaz de responder también a la vivienda, las infraestructuras energéticas, el transporte y la adaptación al cambio climático.
Convertir este ciclo de inversión en una solución duradera exige coordinar a gobiernos, empresas, centros educativos y representantes de los trabajadores. La construcción necesita más profesionales, mejores procesos y condiciones de empleo saludables. Si la expansión tecnológica se acompaña de esa estrategia, la inteligencia artificial no solo impulsará nuevas instalaciones: también puede ayudar a recuperar un sector imprescindible para el bienestar colectivo.



