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OpenAI estudia llevar nuevos centros de datos a Canadá por su energía y disponibilidad de terreno

OpenAI está explorando acuerdos con socios de infraestructura en Canadá para ampliar su capacidad de centros de datos, según explicó George Osborne, director gerente y responsable de países de la compañía. El exministro británico participó los días 14 y 15 de septiembre en una cumbre de inversión celebrada en Toronto, donde destacó dos ventajas del país: el acceso a electricidad competitiva y la disponibilidad de suelo.

Osborne no confirmó una inversión concreta ni anunció la construcción inmediata de un nuevo campus. Su mensaje fue más prudente: Canadá reúne varios de los factores que OpenAI considera esenciales para desplegar infraestructura de inteligencia artificial a gran escala y la empresa está analizando posibles alianzas con operadores y desarrolladores locales.

Canadá gana atractivo frente al Reino Unido

La intervención de Osborne tiene una dimensión especialmente significativa porque antes fue canciller del Tesoro del Reino Unido. Ahora trabaja desde Londres para OpenAI en las relaciones con gobiernos de los países donde la empresa pretende operar, invertir o construir infraestructura.

En Toronto, el ejecutivo elogió también el plan del Gobierno canadiense para impulsar la adopción de la inteligencia artificial. El primer ministro Mark Carney mantiene una relación profesional con Osborne desde 2012, cuando este último participó en el proceso que llevó a Carney a dirigir el Banco de Inglaterra.

La coincidencia resulta llamativa: mientras Osborne presenta Canadá como un destino favorable para los centros de datos, el Reino Unido trata de recuperar una oportunidad de inversión que quedó en suspenso por los costes energéticos y la complejidad regulatoria.

El proyecto Stargate UK quedó paralizado

En abril de 2026, OpenAI pausó el proyecto Stargate UK, que contemplaba levantar un campus de computación en el noreste de Inglaterra. El plan inicial incluía 8.000 GPU de Nvidia, los procesadores especializados que permiten entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial, con una posible ampliación posterior hasta 31.000 unidades.

La decisión estuvo relacionada con el precio de la electricidad industrial y con el entorno regulatorio. En el Reino Unido, la energía para grandes consumidores puede alcanzar un coste aproximadamente cuatro veces superior al de países como Estados Unidos, Finlandia, Noruega o Suecia.

La presión sobre la red eléctrica también ha aumentado. Las solicitudes de conexión asociadas a nuevos proyectos pasaron de 41 gigavatios en noviembre de 2024 a 125 gigavatios en junio de 2025. Un gigavatio equivale a 1.000 megavatios y permite dimensionar la enorme demanda energética de los futuros centros de datos.

Además, el proyecto británico quedó expuesto por problemas de planificación. El Gobierno había presentado públicamente una inversión de 1.900 millones de libras, aunque el contrato todavía no estaba firmado. OpenAI tampoco había visitado el emplazamiento anunciado, una circunstancia que debilitó la credibilidad del proyecto.

La energía, el nuevo cuello de botella de la IA

Los centros de datos destinados a inteligencia artificial necesitan mucha más electricidad que los centros convencionales. El entrenamiento de un modelo requiere miles de procesadores trabajando durante largos periodos, mientras que su uso diario obliga a mantener una capacidad de cálculo elevada de forma constante.

Por eso, las empresas tecnológicas ya no valoran únicamente la proximidad a grandes ciudades o a las redes de telecomunicaciones. También buscan electricidad abundante y estable, acceso rápido a la red, agua para refrigeración, suelo disponible y normas claras para construir.

Canadá parte de una posición favorable gracias a su producción hidroeléctrica, especialmente en provincias con abundantes recursos energéticos y espacios industriales disponibles. La energía hidroeléctrica procede de centrales que aprovechan el movimiento del agua y suele ofrecer una generación estable con bajas emisiones directas de carbono.

El precedente de Noruega

La estrategia canadiense tendría un precedente en el norte de Europa. OpenAI ha impulsado en Narvik, Noruega, una instalación asociada al proyecto Stargate Norway, aprovechando la disponibilidad de energía hidroeléctrica y de terreno.

El centro parte de una capacidad de 230 megavatios y tiene como objetivo alcanzar hasta 100.000 GPU de Nvidia a finales de año. Los dos criterios mencionados por Osborne en Toronto, energía y espacio físico, son precisamente los que han favorecido el despliegue noruego.

La capacidad de cálculo será cada vez más importante para OpenAI. La empresa está ampliando sus servicios de inteligencia artificial y prepara nuevos productos de hardware, entre ellos dispositivos de consumo que requerirán infraestructura suficiente para procesar consultas, generar contenidos y ejecutar modelos en tiempo real.

Canadá aún necesita convertir la ventaja en una inversión

El interés de OpenAI no equivale todavía a una decisión definitiva. Para que Canadá atraiga un proyecto de esta escala deberá ofrecer garantías sobre la conexión eléctrica, los plazos de construcción, la fiscalidad, la regulación de datos y el impacto ambiental.

La experiencia británica demuestra que anunciar una inversión antes de cerrar los acuerdos puede resultar contraproducente. También será necesario definir quién asumirá el coste de ampliar las redes eléctricas y cómo se distribuirán los beneficios entre la empresa, los gobiernos y las comunidades locales.

La Unión Europea intenta responder a esta carrera con un programa de gigafactorías de inteligencia artificial. La convocatoria prevé movilizar más de 20.000 millones de euros de inversión privada y repartir los proyectos entre hasta siete emplazamientos. Francia ya ha presentado una candidatura valorada en 10.000 millones de euros.

Sin embargo, los procesos administrativos europeos pueden avanzar más despacio que las decisiones de las grandes tecnológicas. En este contexto, Canadá aparece como un posible tercer nodo internacional de Stargate, después de los proyectos de Texas y Noruega, aunque OpenAI todavía no ha confirmado una ubicación ni un calendario de inversión.

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