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La seguridad del paciente debe acompañar toda la atención, también fuera del hospital

La seguridad del paciente no puede limitarse a los días de ingreso o a las consultas hospitalarias. Ese es el mensaje central difundido el 17 de septiembre, con motivo del Día Mundial de la Seguridad del Paciente 2026, bajo el lema Atención segura y de por vida. La reivindicación pone el foco en las personas con enfermedades no transmisibles, que necesitan cuidados continuados y coordinados durante años, y en muchos casos durante toda su vida.

Las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes, las patologías respiratorias crónicas o los problemas neurológicos exigen una atención que atraviesa distintos niveles asistenciales. El paciente puede pasar de su domicilio al centro de salud, de ahí al hospital, a una farmacia o a un servicio de rehabilitación. En cada transición existe el riesgo de que se pierda información, se dupliquen tratamientos o se retrase una decisión clínica.

Una protección que no termina al recibir el alta

El alta hospitalaria no debe entenderse como el final de la atención, sino como un momento especialmente delicado. A partir de ese instante, la persona y su entorno deben saber qué medicación tomar, qué señales de alarma vigilar, cuándo acudir a revisión y a quién consultar si surge un problema.

Una comunicación incompleta puede favorecer errores con las dosis, interrupciones de tratamientos o visitas evitables a urgencias. Por eso, la seguridad requiere instrucciones comprensibles, informes accesibles y una coordinación efectiva entre los profesionales que participan en el seguimiento.

Este reto afecta especialmente a quienes conviven con varias enfermedades o toman numerosos fármacos. En estos casos, revisar periódicamente la medicación, comprobar posibles interacciones y adaptar las indicaciones a la situación real de cada persona resulta esencial.

Continuidad asistencial para enfermedades crónicas

La atención segura de por vida implica que los servicios sanitarios trabajen como una red y no como compartimentos aislados. La información clínica debe acompañar al paciente, con garantías de privacidad, para que el equipo de atención primaria, los especialistas y otros profesionales puedan tomar decisiones sobre una base común.

La coordinación también incluye a los servicios de enfermería, farmacia, rehabilitación, salud mental y atención social. En muchas enfermedades no transmisibles, el estado de salud depende tanto del tratamiento médico como de la capacidad para mantener rutinas, desplazarse, alimentarse adecuadamente o contar con apoyo en casa.

  • Revisar los tratamientos en cada cambio de profesional o de nivel asistencial.
  • Explicar las decisiones clínicas con un lenguaje claro y adaptado a las necesidades del paciente.
  • Confirmar que la persona ha entendido las pautas antes de abandonar una consulta o un hospital.
  • Facilitar canales de contacto para resolver dudas y comunicar cambios en el estado de salud.
  • Garantizar el seguimiento tras una prueba, una intervención o una modificación del tratamiento.

El paciente también forma parte del sistema de seguridad

La seguridad del paciente no depende únicamente de protocolos y tecnologías. La participación activa de la persona atendida y de sus cuidadores puede ayudar a detectar inconsistencias y prevenir incidentes. Preguntar para qué sirve un medicamento, informar de alergias o llevar una lista actualizada de tratamientos son acciones sencillas que mejoran la calidad de la atención.

Esto no significa trasladar la responsabilidad al paciente. La obligación de ofrecer una asistencia segura corresponde al sistema sanitario y a sus profesionales. Sin embargo, una relación basada en la escucha y la información permite identificar antes los riesgos y tomar decisiones compartidas.

Para que esa participación sea posible, la información debe ser comprensible y estar disponible en formatos adecuados. Las personas mayores, quienes tienen dificultades de comprensión o comunicación y quienes viven en situaciones de vulnerabilidad necesitan apoyos específicos, sin que ello suponga una barrera para acceder a la atención.

Más seguridad en el domicilio y en la atención digital

Una parte cada vez mayor del seguimiento de las enfermedades crónicas se realiza fuera de los hospitales. Las consultas telefónicas, la telemedicina, los dispositivos de monitorización y las aplicaciones pueden facilitar el control de la salud, pero deben integrarse en circuitos asistenciales seguros.

La tecnología no sustituye por sí sola a la relación clínica. Es necesario comprobar que los datos llegan al profesional adecuado, que las alertas se interpretan correctamente y que el paciente sabe cuándo una incidencia requiere atención presencial. También deben protegerse la confidencialidad y el acceso a la información sanitaria.

En el hogar, la prevención de riesgos incluye revisar la organización de los medicamentos, evitar confusiones entre envases y adaptar el entorno cuando existen problemas de movilidad o riesgo de caídas. Las recomendaciones deben ajustarse a las circunstancias de cada familia y coordinarse con los servicios que participan en los cuidados.

Una responsabilidad compartida y sostenida

El mensaje del 17 de septiembre reclama una visión amplia de la seguridad del paciente: desde la prevención y el diagnóstico hasta el tratamiento, la rehabilitación, los cuidados paliativos y el acompañamiento diario. En las enfermedades no transmisibles, la atención se prolonga en el tiempo y los riesgos pueden aparecer en cualquier etapa.

Garantizar una atención segura y de por vida exige sistemas coordinados, profesionales comunicados y pacientes informados. También requiere aprender de los errores, mejorar los procesos y asegurar que nadie quede sin seguimiento al cambiar de servicio o de lugar de atención.

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