Jugar a Super Mario 64 durante dos meses podría modificar algunas zonas del cerebro
Un estudio ha reavivado el interés por los posibles efectos de los videojuegos en el cerebro. Sus resultados apuntan a que jugar aproximadamente 30 minutos al día a Super Mario 64 durante dos meses puede asociarse con un aumento de la materia gris en varias regiones cerebrales.
La investigación no sostiene que el clásico de Nintendo convierta a los jugadores en personas más inteligentes ni que produzca cambios permanentes en todos los casos. Sin embargo, sí ofrece indicios de que determinados videojuegos pueden estimular áreas relacionadas con la memoria, la orientación espacial y la planificación.
Un experimento basado en imágenes del cerebro
Para analizar el posible impacto de la actividad, los investigadores dividieron a los participantes en varios grupos. Uno de ellos jugó a Super Mario 64 durante cerca de media hora diaria a lo largo de dos meses. Otros grupos realizaron actividades diferentes o mantuvieron su rutina habitual.
Antes y después del periodo de prueba, los participantes se sometieron a pruebas de resonancia magnética. Esta técnica permitió comparar el volumen de materia gris en distintas zonas del cerebro y observar si se producían variaciones asociadas a la práctica habitual del videojuego.
El resultado más destacado fue un incremento de materia gris en tres áreas concretas: el hipocampo, el cerebelo y la corteza prefrontal dorsolateral. Todas ellas participan, con diferentes funciones, en procesos como la memoria, el control de los movimientos, la toma de decisiones y la organización de tareas.
¿Por qué Super Mario 64?
El juego de Nintendo no se eligió únicamente por su popularidad. Su diseño obliga al jugador a recorrer escenarios tridimensionales, recordar rutas, localizar objetos y calcular distancias para superar obstáculos.
Además, cada nivel presenta una estructura relativamente abierta. En lugar de limitarse a avanzar en línea recta, el jugador debe explorar, orientarse y decidir qué camino seguir para encontrar estrellas y completar los objetivos.
Según la interpretación de los investigadores, estas exigencias podrían estimular especialmente las regiones cerebrales vinculadas a la navegación espacial y la memoria. El hipocampo, por ejemplo, desempeña un papel importante en la creación de mapas mentales y en el recuerdo de lugares.
Más materia gris no significa automáticamente más capacidad
La materia gris contiene buena parte de las neuronas y participa en el procesamiento de la información. Aun así, un aumento de su volumen no debe interpretarse como una mejora general de las capacidades cognitivas.
El estudio muestra una asociación entre jugar de forma regular y determinados cambios observados en las imágenes cerebrales, pero no demuestra que el videojuego sea la única causa. La motivación de los participantes, sus hábitos previos, la edad o la experiencia con videojuegos también pueden influir en los resultados.
Del mismo modo, la investigación no permite afirmar que cualquier videojuego produzca exactamente el mismo efecto. La estructura de cada título es diferente: no plantea las mismas exigencias una aventura tridimensional que un juego de acción rápida, un rompecabezas o una experiencia narrativa.
La importancia del diseño y del tiempo de juego
Una de las conclusiones más interesantes es que el posible efecto no parece depender solo de jugar, sino también de qué se juega y cómo se juega. Las experiencias que exigen recordar espacios, resolver problemas y adaptarse a un entorno cambiante pueden activar procesos distintos a los de otros géneros.
La duración también resulta relevante. En este caso, la pauta estudiada fue de unos 30 minutos al día durante aproximadamente ocho semanas. Esa cantidad está lejos de las sesiones prolongadas que pueden interferir con el sueño, el estudio, el trabajo o las relaciones sociales.
Por eso, los resultados no deberían utilizarse para justificar un uso ilimitado de los videojuegos. La actividad física, el descanso y una rutina equilibrada siguen siendo factores esenciales para el bienestar general.
Un hallazgo interesante, pero todavía limitado
La investigación contribuye a matizar la visión tradicional de los videojuegos como una actividad exclusivamente pasiva o perjudicial. Algunos títulos pueden funcionar como entornos de entrenamiento mental, sobre todo cuando exigen explorar, planificar y resolver problemas.
Sin embargo, hacen falta más estudios para determinar cuánto duran estos cambios, si se traducen en mejoras medibles fuera del juego y si pueden reproducirse en personas de distintas edades y con diferentes niveles de experiencia.
Por ahora, Super Mario 64 ofrece un ejemplo llamativo de cómo una aventura aparentemente sencilla puede implicar procesos complejos. Jugar media hora al día durante dos meses podría estar relacionado con modificaciones en determinadas zonas del cerebro, aunque la evidencia no permite presentarlo como un método universal para mejorar la memoria o la inteligencia.


