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El almirante Garat acusa al Gobierno de alimentar el “envalentonamiento” de Marruecos

La situación de Ceuta vuelve a situarse en el centro del debate sobre la seguridad española. El almirante retirado Juan Rodríguez Garat sostiene que la ciudad autónoma se enfrenta a una guerra híbrida que trasciende sus fronteras y afecta al conjunto de España. A su juicio, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha contribuido a reforzar la posición de Marruecos al no responder con claridad a las presiones que, según su análisis, se vienen produciendo.

Garat admite, no obstante, que una guerra abierta entre España y Marruecos parece actualmente muy improbable. El riesgo, explica, no se encuentra tanto en un enfrentamiento militar convencional como en una acumulación de actuaciones políticas, diplomáticas, económicas y sociales destinadas a condicionar la respuesta española.

Ceuta, epicentro de una crisis que afecta a toda España

El almirante considera que Ceuta representa uno de los principales puntos de tensión en la relación bilateral con Rabat. La ciudad autónoma, por su posición geográfica y su condición fronteriza, está expuesta a dinámicas que pueden generar inestabilidad sin necesidad de recurrir a una intervención militar directa.

En este contexto, la presión migratoria, la disputa sobre la soberanía, la actividad diplomática y el control de los flujos comerciales forman parte de un escenario más amplio. Garat interpreta estas herramientas como componentes de una estrategia de presión híbrida, cuyo objetivo sería poner a prueba la capacidad de reacción de España y medir el coste político de cada respuesta.

La tesis del almirante es que el problema no se limita a Ceuta. Cualquier crisis localizada en la ciudad autónoma puede tener repercusiones sobre la política exterior española, la seguridad de las fronteras y la posición de España dentro de la Unión Europea y de la OTAN.

Críticas a la gestión de Pedro Sánchez

El análisis responsabiliza directamente al Gobierno de Sánchez de haber permitido, con su actitud, un mayor margen de actuación para Marruecos. Garat sostiene que el Ejecutivo ha optado por minimizar la dimensión del conflicto y por evitar la identificación de responsabilidades políticas.

En su opinión, esa estrategia transmite una imagen de vulnerabilidad. La ausencia de una respuesta pública contundente, unida a la negativa a reconocer que existe una confrontación de naturaleza híbrida, habría favorecido el envalentonamiento de Marruecos.

El almirante cuestiona especialmente el discurso oficial que, según afirma, evita señalar a cualquier responsable. Desde su perspectiva, presentar la situación como una sucesión de episodios aislados impide comprender el patrón general y dificulta la elaboración de una política de Estado para Ceuta y Melilla.

Una guerra que no se declara

El concepto de guerra híbrida al que recurre Garat describe una forma de confrontación que se sitúa por debajo del umbral de la guerra tradicional. No hay una declaración formal de hostilidades ni necesariamente un ataque armado, pero sí una combinación de instrumentos destinados a desgastar al adversario.

Entre ellos pueden encontrarse la presión diplomática, la instrumentalización de la inmigración, las campañas de desinformación, las restricciones comerciales o el uso de la cooperación bilateral como mecanismo de influencia. El objetivo es obtener ventajas sin asumir los costes internacionales que tendría una agresión directa.

La dificultad para responder a este tipo de amenazas reside precisamente en su ambigüedad. Si cada episodio se aborda de forma independiente, el Estado puede quedar atrapado en una sucesión de crisis puntuales sin activar una respuesta estratégica. Garat advierte de que esa indefinición beneficia a quien toma la iniciativa.

La necesidad de una estrategia específica para Ceuta

La situación planteada reabre el debate sobre la protección de Ceuta y sobre el papel que deben desempeñar las Fuerzas Armadas, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y las instituciones europeas. Para el almirante retirado, la defensa de la ciudad no puede depender únicamente de reacciones improvisadas ante cada episodio de tensión.

La respuesta, según su planteamiento, debería combinar una mayor previsión militar con medidas diplomáticas, económicas y de comunicación pública. También considera esencial que España defina con precisión sus líneas rojas y explique a sus ciudadanos y a sus aliados qué actuaciones considera inaceptables.

El debate afecta igualmente a la relación con la Unión Europea. Cualquier presión sobre una frontera española es, al mismo tiempo, una presión sobre una frontera exterior comunitaria. La implicación de Bruselas, sin embargo, dependerá en buena medida de que Madrid presente la situación como un problema de seguridad europea y no solo como una cuestión bilateral.

Un escenario de tensión prolongada

La conclusión de Garat es que el riesgo más inmediato no es una invasión ni un conflicto convencional, sino una tensión prolongada y gradual. Una dinámica en la que cada crisis sirva para modificar poco a poco el equilibrio político y psicológico en torno a Ceuta.

El almirante reclama, por ello, que el Gobierno abandone la negación del problema y asuma responsabilidades. A su entender, reconocer la existencia de una guerra híbrida no implica buscar una escalada, sino prepararse para responder con mayor eficacia y evitar que la presión sobre España avance sin resistencia.

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