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València destina 3 millones de euros a un gemelo digital para combatir el calor urbano

València prepara una nueva estrategia tecnológica para hacer frente al aumento de las temperaturas en la ciudad. El Ayuntamiento invertirá 3 millones de euros en el desarrollo de un gemelo digital capaz de analizar el comportamiento térmico del entorno urbano y ayudar a diseñar nuevos espacios de confort climático.

La iniciativa parte de una previsión especialmente preocupante: las olas de calor podrían durar hasta tres veces más en València en 2050. Ante este escenario, la tecnología se plantea como una herramienta para anticipar los puntos más vulnerables y orientar las actuaciones que permitan proteger a la población durante los episodios de temperaturas extremas.

Un mapa digital para entender el calor en la ciudad

El proyecto se apoyará en un gemelo digital urbano, una representación virtual de la ciudad que permitirá estudiar cómo se distribuye el calor en calles, plazas y otros espacios públicos. Este tipo de tecnología combina datos urbanos y ambientales para simular diferentes situaciones y evaluar sus consecuencias antes de ejecutar una intervención.

Con esta información, València podrá identificar las zonas donde la temperatura resulta más elevada y aquellas en las que la ciudadanía dispone de menos sombra, vegetación o alternativas para resguardarse. El objetivo es que las futuras actuaciones respondan a datos concretos y no únicamente a estimaciones generales.

El sistema también puede servir para comparar distintos diseños urbanos. La administración podrá estudiar, por ejemplo, cómo cambia el confort térmico al incorporar elementos de sombra, vegetación o soluciones orientadas a reducir la acumulación de calor. De este modo, el gemelo digital funcionará como un laboratorio virtual para planificar la ciudad.

Espacios de confort climático frente a las olas de calor

La inversión se dirigirá a diseñar nuevos espacios de confort climático, concebidos para ofrecer refugio durante los días más calurosos. Estas áreas deberán facilitar que la población pueda permanecer en el espacio público con unas condiciones térmicas más soportables, especialmente durante los periodos de mayor riesgo.

La planificación será relevante para colectivos especialmente sensibles a las altas temperaturas, como las personas mayores, los menores, quienes padecen enfermedades crónicas o las personas que trabajan al aire libre. También puede contribuir a mejorar la accesibilidad y la habitabilidad de los barrios con menos recursos urbanos para protegerse del calor.

El enfoque no se limita a reducir la temperatura media de la ciudad. También busca conocer cómo se percibe el calor en cada zona y en distintos momentos del día. Una plaza puede ofrecer condiciones aceptables por la mañana y resultar prácticamente inhabitable por la tarde, mientras que una calle arbolada puede mantener un nivel de confort mayor incluso durante las horas centrales.

La tecnología como apoyo a la adaptación climática

Las ciudades mediterráneas afrontan un doble desafío: las temperaturas son cada vez más elevadas y los episodios de calor extremo se prolongan durante más tiempo. En este contexto, disponer de herramientas para visualizar los efectos del cambio climático permite priorizar inversiones y acelerar la toma de decisiones.

El gemelo digital puede ayudar a responder preguntas esenciales antes de transformar un espacio: qué zonas necesitan una intervención urgente, qué medidas son más eficaces y cómo afecta cada actuación a los barrios colindantes. La simulación también facilita revisar los resultados y ajustar las soluciones con el paso del tiempo.

La iniciativa se enmarca así en una estrategia de adaptación urbana. A diferencia de las medidas destinadas a reducir las emisiones, la adaptación pretende que la ciudad esté mejor preparada para los efectos que ya se están produciendo, como el incremento de las temperaturas y la mayor duración de las olas de calor.

Una inversión con impacto más allá del verano

Aunque el calor extremo suele asociarse a los meses de verano, sus consecuencias afectan a la salud pública, la movilidad, el uso de los espacios comunes y la actividad económica. Diseñar entornos urbanos más confortables puede mejorar la calidad de vida durante todo el año y reforzar la resiliencia de València ante futuros escenarios climáticos.

La inversión de 3 millones de euros plantea, por tanto, un cambio en la forma de planificar la ciudad. Las decisiones sobre plazas, calles y zonas de estancia podrán apoyarse en modelos digitales y análisis ambientales, con el propósito de crear espacios públicos más habitables y seguros.

El reto será trasladar la información tecnológica a actuaciones visibles y útiles para la ciudadanía. Si el proyecto consigue convertir los datos en sombra, vegetación, refugios y mejores condiciones térmicas, València dispondrá de una herramienta decisiva para afrontar un futuro en el que las olas de calor serán más frecuentes y duraderas.

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