Vacunas en la edad adulta: cuáles conviene revisar y cuándo hacerlo
Las vacunas no son solo cosa de la infancia. Con el paso de los años, algunas dosis pueden quedar pendientes, perder protección o necesitar un refuerzo. Revisar el calendario vacunal en la edad adulta ayuda a prevenir enfermedades como el tétanos, la difteria, la varicela, la gripe o el herpes zóster.
La recomendación concreta depende de la edad, los antecedentes médicos, el trabajo, los viajes previstos y las vacunas registradas. Además, los programas pueden variar entre comunidades autónomas. Por eso, lo más adecuado es consultar la cartilla o el historial sanitario y pedir una valoración en el centro de salud.
Tétanos y difteria: comprobar las dosis recibidas
El tétanos es una infección grave que puede aparecer cuando una bacteria entra en el organismo a través de una herida, especialmente si está sucia, profunda o causada por un objeto contaminado. No se transmite entre personas y la vacunación es la principal medida de prevención.
La protección frente al tétanos suele administrarse junto con la de la difteria, mediante vacunas combinadas. En adultos que no tienen la pauta completa o no pueden acreditar sus dosis, el personal sanitario puede indicar varias dosis para completar la protección. Quienes sí cuentan con una pauta adecuada pueden necesitar un recuerdo en determinadas circunstancias.
Una herida no debe ser motivo para vacunarse por cuenta propia. El tipo de lesión, el tiempo transcurrido desde la última dosis y el historial de vacunación determinan si hace falta un refuerzo u otra medida preventiva. Ante una herida profunda, con tierra, mordedura o signos de infección, conviene acudir a un centro sanitario.
Varicela: una vacuna especialmente relevante si no se pasó la enfermedad
Muchas personas adultas creen que han tenido varicela, pero no siempre existe certeza. En quienes no han pasado la enfermedad y no están vacunados, la infección puede ser más intensa que en la infancia y provocar complicaciones, sobre todo en personas con defensas bajas o con determinadas enfermedades crónicas.
La pauta habitual para adultos susceptibles consiste en dos dosis separadas por un intervalo establecido por los profesionales sanitarios. La vacuna está contraindicada durante el embarazo y no debe administrarse sin valoración médica a personas inmunodeprimidas.
Las mujeres que estén planificando un embarazo deben consultar previamente su situación vacunal. Tras recibir una vacuna viva atenuada, como la de la varicela, se recomienda respetar el periodo indicado por el equipo sanitario antes de buscar la gestación.
Triple vírica: sarampión, paperas y rubéola
La triple vírica protege frente al sarampión, la parotiditis y la rubéola. Las personas adultas que no tengan documentadas las dosis recomendadas pueden necesitar completar la pauta, especialmente si nacieron en periodos con menor cobertura, trabajan en entornos sanitarios o educativos o tienen previsto viajar.
El sarampión es una enfermedad muy contagiosa y los brotes pueden reaparecer cuando disminuye la cobertura vacunal. La vacuna tampoco se administra durante el embarazo y requiere precauciones específicas en personas con alteraciones del sistema inmunitario.
Gripe, COVID-19 y neumococo: protección según edad y riesgo
La vacunación frente a la gripe se recomienda cada temporada a los grupos definidos por las autoridades sanitarias. Entre ellos suelen encontrarse las personas mayores, quienes padecen enfermedades crónicas, las embarazadas y determinados profesionales. La composición de la vacuna se actualiza porque los virus circulantes cambian.
Las dosis frente a la COVID-19 se indican según la situación epidemiológica, la edad y los factores de riesgo. También puede recomendarse la vacunación frente al neumococo a personas mayores o con enfermedades respiratorias, cardiovasculares, renales, hepáticas o inmunológicas. La pauta depende de la historia previa y del perfil de cada paciente.
Herpes zóster, tosferina y virus del papiloma humano
El herpes zóster aparece cuando se reactiva el virus de la varicela y puede causar dolor persistente. La vacuna se ofrece principalmente a determinados grupos de edad y a personas con condiciones de riesgo, de acuerdo con los programas de cada comunidad autónoma.
La protección frente a la tosferina puede ser importante durante el embarazo, ya que ayuda a proteger al recién nacido en sus primeros meses de vida. También se valoran dosis en algunos adultos con indicaciones concretas o que mantienen contacto estrecho con bebés.
La vacuna frente al virus del papiloma humano no se limita a la adolescencia. Puede estar indicada en algunas personas adultas, según la edad, los antecedentes y las circunstancias individuales. No sustituye a las revisiones ginecológicas ni a las medidas de prevención de infecciones de transmisión sexual.
Cómo poner al día el calendario vacunal
- Consultar la cartilla de vacunación y la aplicación sanitaria de la comunidad autónoma.
- Informar al profesional sobre enfermedades crónicas, embarazo, alergias y tratamientos que reduzcan las defensas.
- Comunicar viajes internacionales, trabajo sanitario, exposición laboral o convivencia con personas vulnerables.
- No reiniciar una pauta sin indicación: cuando faltan dosis, normalmente se completa sin empezar de nuevo.
- Solicitar atención médica si existe una herida de riesgo y se desconoce la última vacuna frente al tétanos.
Revisar las vacunas en la edad adulta es una medida sencilla de prevención y una oportunidad para detectar dosis pendientes. Mantener el historial actualizado permite tomar decisiones seguras y adaptar la protección a cada etapa de la vida.



