Alcanzar la fase REM durante el sueño se relaciona con un menor riesgo de más de 80 enfermedades
Una investigación reciente apunta a que dormir de forma adecuada y alcanzar la fase REM podría estar relacionado con un menor riesgo de desarrollar más de 80 enfermedades. El análisis destaca, además, la importancia de mantener una duración del sueño de entre seis y ocho horas, siempre teniendo en cuenta las necesidades individuales de cada persona.
Los resultados refuerzan la idea de que el descanso nocturno no debe valorarse únicamente por el número de horas dormidas. La calidad del sueño, su continuidad y el tiempo que el organismo permanece en sus distintas fases también parecen desempeñar un papel relevante en la salud física y mental.
La fase REM, una etapa clave del descanso
El sueño se organiza en varios ciclos que se repiten durante la noche. En ellos se alternan las fases de sueño no REM, vinculadas a la recuperación física, y la fase REM, caracterizada por una mayor actividad cerebral y por la aparición de la mayoría de los sueños.
Durante la fase REM se producen procesos relacionados con la consolidación de la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional. También se considera que esta etapa contribuye a integrar la información recibida durante el día y a mantener un funcionamiento adecuado del sistema nervioso.
La investigación sugiere que las personas que consiguen alcanzar esta fase de manera regular podrían presentar un perfil de salud más favorable. La asociación se observó en relación con un amplio grupo de enfermedades, aunque los resultados no significan que dormir más o alcanzar la fase REM garantice evitar cualquier patología.
Más de 80 enfermedades relacionadas con el descanso
El análisis vincula la calidad del sueño con un menor riesgo de desarrollar enfermedades de distinta naturaleza. Entre ellas se incluyen trastornos metabólicos, cardiovasculares, neurológicos y relacionados con la salud mental, áreas que pueden verse afectadas cuando el descanso es insuficiente o se interrumpe de forma habitual.
La falta de sueño puede alterar la regulación del apetito, la respuesta del organismo a la insulina, la presión arterial y los mecanismos inflamatorios. También puede influir en el estado de ánimo, la capacidad de concentración y la respuesta frente al estrés.
Sin embargo, se trata de una relación compleja. Algunas enfermedades pueden dificultar el descanso y reducir el tiempo de sueño REM, mientras que los problemas de sueño también podrían favorecer determinados cambios fisiológicos. Por este motivo, los resultados deben interpretarse como una asociación y no como una prueba definitiva de causa y efecto.
¿Cuántas horas conviene dormir?
El estudio sitúa entre seis y ocho horas el intervalo asociado a un mejor perfil de salud. Aun así, las necesidades varían según la edad, el estado de salud, los horarios laborales y las características de cada persona.
En términos generales, los adultos suelen necesitar alrededor de siete u ocho horas de sueño por noche. Dormir sistemáticamente menos de lo necesario puede acumular una deuda de sueño, mientras que descansar muchas más horas de forma habitual también puede ser una señal de que existe algún problema médico o una alteración del descanso.
La cifra, por tanto, no debe convertirse en una regla rígida. Más importante que cumplir un número exacto es mantener un horario regular, despertarse con sensación de descanso y no sufrir somnolencia excesiva durante el día.
Cómo favorecer un sueño reparador
Algunas medidas sencillas pueden ayudar a mejorar la continuidad del sueño y facilitar que se completen sus diferentes fases:
- Mantener horarios estables para acostarse y levantarse, también durante los fines de semana.
- Reducir la exposición a pantallas y a luz intensa antes de dormir.
- Evitar la cafeína, el alcohol y las cenas copiosas en las horas previas al descanso.
- Conservar el dormitorio oscuro, silencioso y con una temperatura agradable.
- Practicar ejercicio con regularidad, aunque no justo antes de acostarse.
- Reservar la cama para dormir y evitar utilizarla como espacio habitual de trabajo.
Cuándo consultar a un especialista
Roncar de forma intensa, sufrir pausas respiratorias, despertarse repetidamente, tener pesadillas frecuentes o sentir un cansancio persistente durante el día puede indicar un trastorno del sueño. También conviene pedir valoración médica si existen dificultades para dormir durante varias semanas.
El insomnio, la apnea del sueño y otros problemas pueden reducir la calidad del descanso e interferir en la progresión normal de las fases nocturnas. Identificarlos y tratarlos puede mejorar tanto el bienestar diario como determinados factores de riesgo relacionados con la salud.
La principal conclusión es que dormir bien forma parte de la prevención. Un descanso suficiente, regular y de calidad permite al organismo completar sus ciclos nocturnos, incluida la fase REM, y puede contribuir a proteger la salud a largo plazo.



