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El nuevo FIFA eleva la edad recomendada a 16 años por el riesgo de sus sobres de pago

La próxima entrega de la popular saga de fútbol eleva a 16 años su recomendación de edad debido a la presencia de sobres de pago que pueden combinar azar, gasto y ventajas competitivas. La medida vuelve a poner el foco en las llamadas cajas de botín y en su impacto potencial entre los jugadores menores.

El psicólogo Juan M. Machimbarrena, de la Universidad del País Vasco (EHU), advierte de que este tipo de mecánicas pueden acercarse a dinámicas propias del juego de apuestas. En su análisis, el problema no se limita al precio de los contenidos, sino a la interacción entre incertidumbre, dinero real y presión por mejorar el rendimiento dentro del videojuego.

Sobres que mezclan azar y competición

Los sobres permiten obtener jugadores, objetos o mejoras sin conocer de antemano cuál será la recompensa. El usuario paga por abrirlos y recibe un contenido determinado por un sistema aleatorio. Aunque la compra ofrece siempre algún premio, su valor y utilidad pueden variar considerablemente.

En un título centrado en la competición en línea, esa incertidumbre adquiere una dimensión adicional. Los jugadores que consiguen cartas más potentes pueden formar equipos con mejores estadísticas y afrontar los partidos con una ventaja frente a quienes no gastan dinero o dependen únicamente de las recompensas obtenidas jugando.

Según Machimbarrena, la combinación de azar, gasto y ventaja competitiva puede generar patrones de conducta preocupantes, especialmente cuando el público tiene dificultades para valorar las probabilidades reales de conseguir un determinado contenido.

El riesgo de normalizar el gasto entre menores

La principal preocupación no es que todos los jugadores desarrollen una conducta problemática, sino que el videojuego pueda presentar como normal una relación constante entre pagar y progresar. La repetición de aperturas, las recompensas poco frecuentes y la posibilidad de obtener un objeto muy valioso pueden animar a realizar nuevas compras.

En el caso de los menores, esta dinámica puede resultar más difícil de controlar. La impulsividad, la presión del grupo y el deseo de competir al mismo nivel que otros jugadores influyen en la toma de decisiones. Además, el gasto suele realizarse mediante sistemas digitales que reducen la percepción del dinero utilizado.

El uso de monedas virtuales también puede dificultar que niños y adolescentes comprendan cuánto cuesta realmente cada sobre. Cuando el precio aparece expresado en puntos, créditos o paquetes, la distancia entre el pago y la recompensa se vuelve menos evidente.

Una clasificación que reabre el debate sobre las cajas de botín

El aumento de la edad recomendada a 16 años refleja el debate cada vez más amplio sobre las compras aleatorias en videojuegos. Durante los últimos años, distintos organismos y especialistas han analizado si estas mecánicas deberían recibir un tratamiento similar al de otras formas de juego con recompensa económica.

La discusión no se centra únicamente en prohibir o permitir los sobres. También incluye la transparencia de las probabilidades, la información ofrecida antes de pagar, los límites de gasto y las herramientas de control para las familias. La cuestión clave es determinar hasta qué punto el usuario entiende lo que está comprando y las posibilidades reales de obtener el contenido que busca.

En este contexto, una recomendación de edad más elevada funciona como una señal de advertencia. No impide por sí sola el acceso de los menores ni sustituye a la supervisión familiar, pero indica que determinados elementos del juego pueden requerir una mayor madurez para ser comprendidos y gestionados.

Qué pueden hacer las familias

Ante la llegada de la nueva entrega, los expertos recomiendan revisar las opciones de control parental de la consola, el ordenador o la cuenta utilizada para jugar. También conviene desactivar las compras automáticas y exigir una autorización antes de cualquier operación con dinero real.

  • Comprobar si el juego permite realizar compras dentro de la aplicación.
  • Establecer límites de gasto y activar avisos para cada transacción.
  • Explicar que el contenido de los sobres es aleatorio y que pagar más no garantiza obtener una carta concreta.
  • Observar si el jugador muestra frustración, ansiedad o necesidad de seguir gastando.
  • Priorizar modos de juego y opciones que no dependan de las compras para competir.

La nueva clasificación sitúa a la saga futbolística en el centro de una cuestión que afecta a buena parte de la industria. Mientras los sobres sigan vinculados a la progresión y al rendimiento en línea, el debate sobre su parecido con las apuestas continuará abierto, especialmente cuando el público al que llegan incluye a menores.

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