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España vuelve a tumbar a Inglaterra en Wembley con una remontada de carácter

La selección española volvió a demostrar su capacidad para competir hasta el último minuto con una remontada por 3-2 ante Inglaterra en Wembley. El equipo inglés llegó a tener el partido bajo control, pero España reaccionó con personalidad y encontró en los cambios la energía necesaria para darle la vuelta al marcador.

Álex Baena y Mikel Oyarzabal fueron los grandes protagonistas de la noche. Ambos saltaron al césped como revulsivos y cambiaron por completo el ritmo del encuentro. Su influencia en el tramo decisivo permitió a España superar el dominio local y firmar una victoria de enorme valor en la Liga de Naciones.

Una remontada construida desde el banquillo

Inglaterra planteó un partido físico, intenso y con una presión muy alta. Durante buena parte del choque, la selección española tuvo dificultades para progresar con claridad y sufrió cada pérdida en zonas comprometidas. Wembley empujó a los locales, que aprovecharon sus mejores minutos para ponerse por delante.

España no encontró soluciones inmediatas, pero mantuvo la calma. La circulación de balón permitió rebajar el ritmo inglés y, con el paso de los minutos, el conjunto dirigido por Luis de la Fuente comenzó a ganar metros. La entrada de Baena y Oyarzabal resultó determinante para transformar esa mejoría en ocasiones y goles.

Baena aportó movilidad, pausa y precisión en el último tercio. Oyarzabal, por su parte, volvió a exhibir su inteligencia para interpretar los espacios y aparecer cuando más lo necesitaba el equipo. Entre los dos activaron una remontada que parecía lejana y terminaron inclinando la balanza del lado español.

Las notas de los jugadores de España

Portería y defensa

  • Unai Simón, 6: tuvo intervenciones importantes, aunque encajó dos goles ante una Inglaterra que aprovechó bien sus mejores fases ofensivas. Transmitió seguridad en el juego aéreo.
  • Dani Carvajal, 6,5: intenso en los duelos y siempre dispuesto a adelantar su posición. Sufrió por momentos ante la velocidad inglesa, pero terminó imponiendo su experiencia.
  • Robin Le Normand, 6: firme en la disputa y concentrado durante casi todo el partido. Le faltó algo más de contundencia en algunas acciones de transición.
  • Aymeric Laporte, 6: ofreció criterio en la salida de balón y ayudó a contener los centros laterales. Su rendimiento creció cuando España recuperó el control.
  • Marc Cucurella, 6,5: trabajador y profundo por la banda izquierda. Mantuvo un duelo exigente y aportó amplitud cuando el equipo necesitaba abrir el campo.

Centro del campo y ataque

  • Rodri, 7: volvió a ser el punto de equilibrio de España. Ordenó la posesión, corrigió posiciones y asumió responsabilidad en los momentos más delicados.
  • Pedri, 7: aportó talento entre líneas y fue uno de los jugadores más fiables para superar la presión inglesa. Le faltó continuidad en la primera mitad.
  • Fabián Ruiz, 6,5: mejoró con el paso del partido y ayudó a conectar la medular con los atacantes. Su capacidad para llegar desde segunda línea fue importante.
  • Lamine Yamal, 7: generó peligro cada vez que recibió con espacio. Inglaterra trató de limitar sus apariciones, pero aun así dejó detalles de enorme calidad.
  • Nico Williams, 6,5: estiró al equipo y obligó a la defensa inglesa a retroceder. No siempre decidió bien en el último pase, aunque su amenaza fue constante.
  • Álvaro Morata, 6: trabajó de espaldas y ayudó a fijar a los centrales. Tuvo menos presencia en el área de la habitual, pero su esfuerzo facilitó la llegada de otros compañeros.

Los revulsivos que cambiaron el partido

  • Álex Baena, 8,5: el cambio más influyente de España. Entró con personalidad, encontró espacios entre la defensa y el centro del campo inglés y participó directamente en la reacción visitante.
  • Mikel Oyarzabal, 8,5: decisivo por su lectura del juego y su capacidad para aparecer en el área. Su entrada elevó la agresividad ofensiva de España y resultó clave en la remontada.

Inglaterra perdona y España castiga

El conjunto de Gareth Southgate tuvo ocasiones para sentenciar el encuentro, especialmente cuando España todavía no había encontrado su ritmo. Sin embargo, la falta de precisión en los metros finales y la reacción del equipo español acabaron pasando factura.

La selección española supo aprovechar cada pequeña grieta. Cuando Inglaterra perdió metros y dejó de presionar con la misma intensidad, España encontró líneas de pase más limpias. La remontada llegó gracias a una combinación de paciencia, calidad individual y una notable capacidad competitiva.

El 3-2 final refuerza la imagen de una España capaz de ganar partidos de máxima exigencia incluso cuando el escenario se vuelve adverso. Wembley volvió a ser un campo incómodo, pero también volvió a presenciar el carácter de una selección que no renuncia a su identidad.

Una victoria que fortalece el proyecto

Más allá del resultado, el triunfo deja varias conclusiones positivas. España demostró que dispone de alternativas desde el banquillo, que puede modificar el guion de un partido y que cuenta con futbolistas preparados para asumir responsabilidades en los momentos decisivos.

El protagonismo de Baena y Oyarzabal ofrece además una lectura relevante para el futuro. La competencia interna crece y el equipo gana recursos ofensivos. En una Liga de Naciones marcada por el equilibrio, vencer a Inglaterra a domicilio supone un impulso anímico y confirma a España como una de las grandes candidatas al título.

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