Cuba afronta un repunte de enfermedades contagiosas agravado por la crisis del agua y los residuos
El sistema sanitario cubano mantiene bajo presión su capacidad de respuesta ante el aumento de varias enfermedades contagiosas. Dengue, chikungunya, diarreas, hepatitis e infecciones respiratorias están obligando a reforzar la vigilancia epidemiológica en un contexto marcado por los problemas de abastecimiento de agua, saneamiento y recogida de residuos.
El Ministerio de Salud Pública de Cuba ha reconocido que las deficiencias en los servicios básicos están favoreciendo la propagación de infecciones. A esta situación se suma la escasez de combustible, que limita las labores de fumigación y dificulta el traslado de equipos y personal sanitario.
El agua y el saneamiento, entre los principales factores de riesgo
Las interrupciones en el suministro de agua obligan a muchas familias a almacenarla durante periodos prolongados. Cuando los recipientes no se limpian o permanecen destapados, pueden convertirse en un foco de proliferación de mosquitos y contaminación.
La falta de agua corriente también complica medidas básicas de prevención, como el lavado frecuente de manos, la limpieza de superficies y la correcta manipulación de alimentos. Estas dificultades aumentan el riesgo de diarreas y otras infecciones gastrointestinales, especialmente entre niños, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas.
El deterioro del saneamiento y las deficiencias en la recogida de residuos agravan el problema. La acumulación de basura favorece la presencia de insectos y roedores, mientras que los vertidos y las aguas estancadas pueden contaminar el entorno y crear condiciones adecuadas para la transmisión de enfermedades.
Dengue y chikungunya: el control del mosquito se complica
El dengue y el chikungunya se transmiten principalmente a través de la picadura de mosquitos del género Aedes. Estos insectos encuentran condiciones favorables en recipientes con agua acumulada, depósitos domésticos, neumáticos, basura y zonas con drenaje deficiente.
La respuesta habitual incluye fumigaciones, eliminación de criaderos y visitas de inspección a viviendas y espacios públicos. Sin embargo, la falta de combustible está reduciendo la capacidad operativa para mantener estas actuaciones con la frecuencia necesaria.
Las autoridades sanitarias recomiendan vaciar o cubrir los depósitos de agua, eliminar objetos que puedan acumular lluvia y utilizar ropa que cubra brazos y piernas. También aconsejan instalar mosquiteras y aplicar repelentes, aunque el acceso a estos productos puede ser irregular para parte de la población.
Más presión sobre hospitales y centros de salud
El incremento simultáneo de enfermedades transmitidas por mosquitos, infecciones digestivas y problemas respiratorios puede saturar la atención primaria y los servicios hospitalarios. La identificación temprana de los casos resulta esencial para evitar complicaciones y cortar las cadenas de transmisión.
El dengue puede provocar fiebre alta, dolor intenso de cabeza y detrás de los ojos, molestias musculares y articulares, náuseas y erupciones cutáneas. En algunos pacientes evoluciona hacia formas graves, con sangrados o alteraciones de la circulación que requieren atención médica urgente.
El chikungunya suele causar fiebre y un dolor articular que puede prolongarse durante semanas o meses. Por su parte, las diarreas y la hepatitis pueden estar relacionadas con el consumo de agua o alimentos contaminados, aunque cada diagnóstico exige una valoración clínica específica.
La prevención depende también de los servicios públicos
La situación sanitaria no puede abordarse únicamente con recomendaciones individuales. Mantener el control de estas enfermedades exige garantizar agua segura, mejorar la recogida de residuos, reparar las redes de saneamiento y asegurar recursos para la fumigación y la vigilancia epidemiológica.
En los hogares, las medidas más importantes son:
- Hervir o tratar el agua destinada al consumo cuando no existan garantías sobre su potabilidad.
- Conservar el agua en recipientes limpios, cerrados y protegidos de los mosquitos.
- Lavarse las manos antes de preparar alimentos y después de utilizar el baño.
- Evitar la acumulación de basura y retirar cualquier objeto que pueda contener agua.
- Consultar con rapidez ante fiebre persistente, signos de deshidratación, dificultad respiratoria o sangrado.
Un escenario que requiere medidas sostenidas
El reconocimiento de estos problemas por parte del Ministerio de Salud Pública pone de relieve la relación entre la crisis de los servicios esenciales y el aumento de las enfermedades contagiosas. Sin una mejora estable del suministro de agua, el saneamiento, la gestión de residuos y el combustible disponible, las intervenciones puntuales tendrán una eficacia limitada.
Mientras continúe la presión sobre el sistema sanitario cubano, la vigilancia de los casos y la prevención comunitaria seguirán siendo claves. La coordinación entre autoridades, centros de salud y ciudadanía será determinante para reducir la transmisión y detectar a tiempo las complicaciones.



