Publicidad

La guerra acelera la búsqueda de alternativas al GPS frente a las interferencias

La dependencia del GPS y de otros sistemas de navegación por satélite se ha convertido en un riesgo estratégico en zonas de conflicto. Las interferencias intencionadas pueden bloquear las señales, degradar su precisión o incluso inducir a un receptor a calcular una posición incorrecta. Ante este escenario, investigadores y empresas trabajan en soluciones capaces de mantener la navegación cuando los sistemas GNSS dejan de ser fiables.

El objetivo no es sustituir de inmediato al GPS, sino crear una arquitectura de posicionamiento más resistente. Para ello se combinan sensores embarcados, señales procedentes de distintas fuentes y referencias físicas que no dependan exclusivamente de los satélites de navegación. El campo magnético terrestre y las señales de otros satélites figuran entre las opciones que más interés están despertando.

El problema de bloquear o falsear la señal

Los sistemas GNSS, entre ellos GPS, Galileo, Glonass y BeiDou, transmiten señales de muy baja potencia que deben recorrer miles de kilómetros hasta llegar a la superficie. Esa característica los hace vulnerables a los dispositivos de interferencia, capaces de emitir ruido en las mismas frecuencias y dificultar que el receptor distinga la señal auténtica.

También existe una amenaza más sofisticada: el spoofing o suplantación de señal. En este caso, el atacante no bloquea necesariamente la navegación, sino que genera señales falsas para convencer al dispositivo de que se encuentra en una ubicación distinta. El resultado puede ser especialmente peligroso para aeronaves, barcos, vehículos militares, drones y servicios esenciales.

Las interferencias ya han demostrado que pueden afectar a regiones extensas. Además de alterar la navegación, pueden perjudicar sistemas que utilizan la referencia temporal de los satélites para coordinar redes de telecomunicaciones, mercados financieros, infraestructuras energéticas y otros servicios críticos.

El campo magnético como mapa natural

Una de las líneas de investigación se basa en utilizar las variaciones del campo magnético de la Tierra para determinar la posición. El planeta no presenta un campo uniforme: la intensidad y la dirección de sus componentes cambian según el lugar, debido a la composición del subsuelo y a otros factores geológicos.

Los sensores magnéticos pueden registrar esas pequeñas diferencias y compararlas con mapas previamente elaborados. Si el dispositivo identifica una combinación concreta de valores, puede estimar dónde se encuentra, de forma parecida a como un navegador tradicional compara una señal de satélite con sus cálculos de posición.

Esta técnica tiene una ventaja esencial: no necesita recibir señales externas. Mientras el vehículo avance y sus sensores funcionen, puede obtener una referencia independiente de las transmisiones que un adversario intenta bloquear. Su precisión depende de la calidad de los mapas magnéticos, la sensibilidad de los instrumentos y la capacidad del software para filtrar el ruido.

La navegación magnética no está exenta de limitaciones. Las anomalías del campo pueden ser demasiado débiles en algunas zonas, y el entorno urbano, los motores o determinadas estructuras metálicas pueden introducir perturbaciones. Por eso se plantea como una pieza más de un sistema híbrido, no como una solución única.

Señales de oportunidad: aprovechar lo que ya está en el aire

Otra alternativa consiste en emplear señales de oportunidad. Se trata de emisiones que no fueron diseñadas originalmente para calcular posiciones, pero que pueden aportar información útil. Entre ellas se incluyen señales de satélites de comunicaciones, emisiones de televisión y radio, redes móviles o conexiones inalámbricas terrestres.

Un receptor puede analizar cómo llegan esas señales, desde qué dirección y con qué variaciones temporales. Al combinar varias fuentes, el sistema obtiene una estimación de la ubicación o corrige el desplazamiento calculado por otros sensores. La estrategia resulta interesante porque amplía el número de referencias disponibles y dificulta que una sola interferencia deje al dispositivo completamente ciego.

El inconveniente es que estas señales no siempre están disponibles ni ofrecen una cobertura homogénea. Además, sus características pueden cambiar con el tiempo y no tienen necesariamente la precisión o la estabilidad de un sistema diseñado específicamente para la navegación. Aun así, pueden ser decisivas como respaldo en entornos urbanos o cerca de zonas con infraestructuras de comunicaciones.

Una navegación basada en varias capas

La respuesta más probable será una combinación de tecnologías. Los sistemas inerciales, que calculan el movimiento mediante acelerómetros y giróscopos, permiten continuar la ruta durante un periodo sin señales externas. Sin embargo, acumulan errores con el tiempo y necesitan una referencia adicional para corregirlos.

Las cámaras y los sensores lidar pueden comparar el entorno con mapas digitales, mientras que los radares ofrecen información incluso en condiciones de baja visibilidad. A estas herramientas se suman los mapas magnéticos, las señales de oportunidad y los sistemas GNSS protegidos frente a interferencias.

  • Sensores inerciales: mantienen el cálculo de la trayectoria cuando se pierde la cobertura.
  • Referencias magnéticas: utilizan las características del campo terrestre para estimar la posición.
  • Señales externas: aprovechan emisiones de satélites y redes terrestres ajenas al GPS.
  • Visión y radar: contrastan el entorno real con mapas y modelos previamente almacenados.

Más autonomía para infraestructuras críticas

El desarrollo de estas alternativas tiene implicaciones que van más allá del ámbito militar. La aviación, la navegación marítima, la logística, los servicios de emergencia y las redes de transporte necesitan seguir operando aunque se produzcan fallos técnicos o interferencias deliberadas.

La tendencia apunta a sistemas capaces de detectar cuándo una señal no es fiable, comparar fuentes independientes y degradar sus prestaciones de manera segura en lugar de ofrecer una posición falsa. En un contexto de conflictos con mayor uso de drones y guerra electrónica, disponer de varias formas de orientarse puede marcar la diferencia entre perder temporalmente la navegación y quedar completamente desorientado.

El GPS seguirá siendo una herramienta fundamental, pero la seguridad tecnológica ya no pasa por confiar en una única red. La prioridad es construir una navegación redundante, capaz de combinar el campo magnético de la Tierra, sensores propios y señales disponibles en el entorno para mantener la posición incluso cuando el cielo deje de ser una referencia segura.

Artículo anteriorTelefónica ultima una reorganización histórica en tres áreas
Artículo siguienteLa salud mental también protege tu corazón: claves vitales