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Cuidar la salud mental también es cuidar el corazón en el Día Mundial del Corazón

La salud cardiovascular no depende únicamente de la alimentación, el ejercicio o la tensión arterial. El estrés mantenido, la ansiedad, la depresión y la falta de descanso también pueden influir en el funcionamiento del corazón y en el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Con motivo del Día Mundial del Corazón, que se celebra cada 29 de septiembre, los especialistas recuerdan que mente y cuerpo forman un sistema interconectado. Atender el bienestar emocional no es un aspecto secundario de la prevención, sino una parte más del cuidado cardiovascular.

El estrés prolongado puede afectar al sistema cardiovascular

Ante una situación de tensión, el organismo libera hormonas como la adrenalina y el cortisol. Esta respuesta es normal y ayuda a reaccionar ante un peligro puntual. El problema aparece cuando el estrés se mantiene durante semanas o meses y el cuerpo permanece en un estado de alerta constante.

En esas circunstancias pueden aumentar la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Además, el estrés crónico puede favorecer la inflamación, alterar el sueño y dificultar la adopción de hábitos saludables. También puede llevar a fumar más, beber alcohol, comer peor o abandonar la actividad física.

La ansiedad puede producir palpitaciones, opresión en el pecho o sensación de falta de aire. Estos síntomas no siempre indican un problema cardiaco, pero no deben atribuirse automáticamente a los nervios, especialmente si aparecen de forma intensa, son nuevos o se acompañan de malestar general.

Depresión, aislamiento y riesgo cardiovascular

Las personas con depresión pueden experimentar cansancio, desmotivación y dificultades para mantener rutinas básicas. Esta situación puede repercutir en la alimentación, el ejercicio, la adherencia a los tratamientos y la asistencia a las revisiones médicas.

El aislamiento social también puede influir en la salud. Contar con una red de apoyo facilita pedir ayuda, mantener hábitos beneficiosos y afrontar mejor una enfermedad crónica. Hablar con familiares, amistades o profesionales sanitarios puede ser un primer paso importante cuando el malestar emocional persiste.

Esto no significa que los problemas de salud mental sean una causa única de infarto o de otras enfermedades del corazón. El riesgo cardiovascular depende de múltiples factores, como la edad, la genética, la hipertensión, el colesterol, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo y la alimentación. Sin embargo, el bienestar psicológico puede influir en varios de ellos.

Hábitos sencillos para proteger la mente y el corazón

La prevención cardiovascular debe plantearse de forma global y realista. No se trata de alcanzar una rutina perfecta, sino de incorporar cambios sostenibles y pedir ayuda cuando sea necesario.

  • Realizar actividad física con regularidad: caminar a paso ligero, montar en bicicleta, nadar o practicar cualquier ejercicio adaptado a la condición de cada persona puede mejorar el estado de ánimo y la salud cardiovascular.
  • Cuidar el sueño: mantener horarios regulares y procurar entre siete y nueve horas de descanso, según las necesidades individuales, ayuda a regular la tensión y la respuesta al estrés.
  • Seguir una alimentación equilibrada: conviene priorizar frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pescado y aceite de oliva, y limitar la sal, los ultraprocesados y el consumo de alcohol.
  • Evitar el tabaco: dejar de fumar es una de las medidas más eficaces para reducir el riesgo cardiovascular y también puede mejorar la ansiedad a medio y largo plazo.
  • Reservar tiempo para desconectar: las técnicas de respiración, la relajación, la meditación o actividades placenteras pueden ayudar a gestionar la tensión cotidiana.
  • Mantener el contacto social: compartir preocupaciones y participar en actividades con otras personas protege frente al aislamiento.

Cuándo consultar con un profesional

Es recomendable consultar con el médico de familia si la tristeza, la preocupación, la irritabilidad, el insomnio o el cansancio se prolongan durante varias semanas o interfieren en la vida diaria. También conviene revisar la tensión arterial, el colesterol y la glucosa, aunque no existan síntomas.

La atención psicológica o psiquiátrica puede ser útil para aprender a manejar la ansiedad, tratar una depresión o afrontar una situación de estrés. Recibir ayuda no implica falta de fortaleza: permite prevenir complicaciones y recuperar calidad de vida.

Si aparece un dolor intenso u opresivo en el pecho, especialmente si se extiende al brazo, la espalda, el cuello o la mandíbula, o se acompaña de falta de aire, sudor frío, náuseas o desmayo, hay que llamar inmediatamente al 112. En las mujeres, las personas mayores y quienes tienen diabetes, los síntomas pueden ser menos típicos.

Una prevención que empieza por escuchar al cuerpo

El Día Mundial del Corazón ofrece una oportunidad para recordar que cuidar este órgano va mucho más allá de contar pasos o controlar el colesterol. Dormir mejor, reducir el estrés, buscar apoyo emocional y mantener los controles médicos son decisiones que protegen tanto la salud mental como la cardiovascular.

Cuidar la mente también es cuidar el corazón. Incorporar esta visión integral permite detectar antes las señales de alarma, mejorar los hábitos cotidianos y avanzar hacia una prevención más completa y cercana a las necesidades reales de cada persona.

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