
Niño Costero: qué enfermedades pediátricas podrían aumentar y cómo prevenirlas
El fenómeno de El Niño Costero puede alterar de forma importante las condiciones ambientales en las zonas afectadas. Las lluvias intensas, las inundaciones, el calor y la acumulación de agua favorecen la aparición de problemas de salud que afectan especialmente a los niños.
Los menores son más vulnerables a la deshidratación, a las infecciones y a los cambios bruscos de temperatura. Por este motivo, las familias deben extremar las medidas de higiene, protegerles frente a los mosquitos y consultar con un profesional sanitario ante cualquier signo de alarma.
Infecciones gastrointestinales y diarrea
Las inundaciones pueden contaminar el agua y los alimentos con microorganismos. Como consecuencia, es posible que aumenten las gastroenteritis, la diarrea, los vómitos y el dolor abdominal, sobre todo en niños pequeños.
La principal complicación es la deshidratación. Los bebés y los menores de cinco años pueden perder líquidos rápidamente, especialmente si presentan vómitos o deposiciones frecuentes.
- Utilizar agua embotellada, hervida o tratada para beber y preparar alimentos.
- Lavarse las manos antes de cocinar y después de ir al baño o cambiar pañales.
- Evitar alimentos crudos o que hayan estado en contacto con agua de inundación.
- Mantener la lactancia materna cuando sea posible.
- Ofrecer soluciones de rehidratación oral siguiendo las indicaciones sanitarias.
Es necesario acudir a un centro de salud si el niño está muy decaído, tiene la boca seca, llora sin lágrimas, orina poco, presenta sangre en las heces o no consigue retener líquidos.
Dengue y otras enfermedades transmitidas por mosquitos
El agua estancada proporciona un entorno adecuado para la reproducción de mosquitos. En determinadas regiones, esta situación puede favorecer un incremento de enfermedades como el dengue, el zika o el chikungunya.
La fiebre, el dolor de cabeza, el malestar general, el dolor muscular, las erupciones cutáneas y el dolor detrás de los ojos son síntomas que requieren valoración médica, especialmente si aparecen tras la picadura de mosquitos.
Para reducir el riesgo, conviene utilizar repelentes adecuados para la edad del menor, vestirle con prendas que cubran brazos y piernas y colocar mosquiteras en cunas, camas y ventanas. También es importante vaciar, tapar o eliminar recipientes donde pueda acumularse agua.
No se debe administrar aspirina a un niño con fiebre o sospecha de dengue. El tratamiento debe indicarlo un profesional sanitario, que determinará también cuándo es necesario realizar pruebas.
Problemas respiratorios y enfermedades de la piel
La humedad, el moho, el polvo y los cambios de temperatura pueden empeorar el asma y favorecer infecciones respiratorias. Los niños con alergias o enfermedades pulmonares previas necesitan una vigilancia especial.
La tos persistente, la dificultad para respirar, los silbidos en el pecho, la respiración acelerada o el hundimiento de las costillas son señales de alarma. Ante estos síntomas, se debe buscar atención médica sin demora.
El contacto prolongado con agua contaminada también puede provocar dermatitis, hongos, heridas infectadas y otras lesiones cutáneas. Tras una inundación, hay que lavar la piel con agua limpia y jabón, secarla bien y cubrir cualquier herida con un apósito impermeable.
Riesgo de leptospirosis tras las inundaciones
La leptospirosis es una infección bacteriana que puede transmitirse al entrar en contacto con agua o barro contaminados por la orina de animales, especialmente roedores. Los menores no deben jugar ni caminar descalzos en zonas inundadas.
La fiebre, el dolor muscular intenso, el dolor de cabeza, los vómitos, los ojos enrojecidos o la coloración amarillenta de la piel requieren una evaluación médica. El diagnóstico y el tratamiento tempranos ayudan a evitar complicaciones.
Calor, deshidratación y golpes de calor
Las temperaturas elevadas pueden causar agotamiento por calor y aumentar la pérdida de líquidos. Los lactantes, los niños con enfermedades crónicas y quienes realizan actividad física al aire libre son especialmente vulnerables.
- Ofrecer líquidos con frecuencia, sin esperar a que el niño tenga sed.
- Evitar la exposición solar durante las horas centrales del día.
- Utilizar ropa ligera, sombrero y protección solar adecuada.
- Mantener las estancias ventiladas y nunca dejar a un menor solo dentro de un vehículo.
La piel muy caliente, la confusión, la somnolencia excesiva, la fiebre elevada o la pérdida de conciencia pueden indicar un golpe de calor. En ese caso, hay que llamar a los servicios de emergencia y trasladar al niño a un lugar fresco mientras llega la ayuda.
Prevención y seguimiento de los niños
Las familias deben mantener al día el calendario de vacunación, conservar los medicamentos habituales en un lugar seguro y preparar un pequeño botiquín con material de curas y soluciones de rehidratación oral.
Durante una emergencia, también es importante cuidar el descanso y el bienestar emocional de los menores. Explicarles la situación con palabras sencillas, mantener rutinas y limitar su exposición a imágenes preocupantes puede ayudar a reducir la ansiedad.
Ante cualquier fiebre persistente, dificultad respiratoria, deshidratación, erupción extensa o empeoramiento del estado general, la recomendación es consultar con pediatría. Una actuación rápida puede prevenir complicaciones asociadas al Niño Costero.



