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Núria Montserrat reivindica el criterio propio ante el avance de la tecnología

La consellera de Investigación y Universidades de la Generalitat, Núria Montserrat, ha defendido la importancia de conservar el criterio propio en un contexto marcado por el avance acelerado de la tecnología. La responsable política ha trasladado este mensaje durante la apertura del curso de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC), donde ha situado la formación y la capacidad crítica como elementos esenciales para afrontar los cambios que plantea la innovación.

La expansión de la inteligencia artificial, la automatización y las herramientas digitales está transformando la universidad, el mercado laboral y la vida cotidiana. En este escenario, Montserrat ha puesto el foco en la necesidad de que el progreso tecnológico vaya acompañado de una ciudadanía preparada para interpretar la información, tomar decisiones y utilizar las nuevas herramientas con responsabilidad.

La tecnología necesita profesionales con capacidad crítica

El mensaje de la consellera parte de una idea cada vez más presente en el debate educativo: saber utilizar la tecnología no es suficiente. La formación superior debe proporcionar también los conocimientos y las competencias necesarias para valorar sus efectos, identificar riesgos y distinguir entre una solución útil y una aplicación meramente automática.

El llamado criterio propio adquiere especial relevancia en un entorno donde los sistemas digitales pueden generar contenidos, recomendar decisiones o procesar grandes volúmenes de datos en pocos segundos. Estas capacidades ofrecen nuevas oportunidades, pero no sustituyen la responsabilidad de las personas ni el análisis de los profesionales.

Para la universidad, el reto consiste en integrar la innovación sin dejar en segundo plano el pensamiento crítico, la ética y la dimensión humana de la educación. La tecnología puede mejorar los procesos de aprendizaje y de investigación, aunque su impacto dependerá del uso que hagan de ella las instituciones, el profesorado y el alumnado.

Formación e investigación ante un cambio acelerado

La apertura del curso de la UIC se produce en un momento de transformación profunda del sistema universitario. Las empresas demandan perfiles capaces de combinar conocimientos técnicos con habilidades de comunicación, creatividad, adaptación y resolución de problemas. Al mismo tiempo, la investigación afronta el desafío de avanzar con rigor en áreas estratégicas como la inteligencia artificial, la salud digital, la ciberseguridad y la sostenibilidad.

En este contexto, la universidad tiene una doble responsabilidad. Por una parte, debe preparar a los estudiantes para un mercado laboral que cambia con rapidez. Por otra, debe contribuir a que la innovación responda a las necesidades sociales y se desarrolle dentro de un marco de confianza, transparencia y respeto a los derechos fundamentales.

La intervención de Montserrat incide precisamente en ese equilibrio. El progreso científico y tecnológico puede impulsar la economía y mejorar los servicios públicos, pero requiere personas capaces de comprender sus consecuencias. La educación superior no solo debe formar para emplear herramientas digitales, sino también para decidir cuándo utilizarlas, con qué límites y con qué objetivos.

Una universidad conectada con la sociedad

El debate sobre la tecnología también afecta a la relación entre las universidades y su entorno. La transferencia de conocimiento, la colaboración con empresas y la creación de proyectos innovadores son vías para convertir la investigación en soluciones concretas. Sin embargo, ese vínculo debe mantenerse conectado con las necesidades reales de la ciudadanía.

La digitalización plantea preguntas que no pueden resolverse únicamente desde la ingeniería o la informática. La privacidad, la protección de datos, la desigualdad en el acceso a las herramientas digitales y el impacto de la automatización exigen una mirada transversal, con la participación de disciplinas científicas, sociales, jurídicas y humanísticas.

Por este motivo, la formación universitaria afronta el reto de combinar especialización y visión global. Los nuevos profesionales deberán dominar tecnologías cada vez más sofisticadas, pero también comprender el contexto en el que se aplican y las consecuencias que pueden generar.

El reto de avanzar sin perder autonomía

La reivindicación del criterio propio llega en un momento en el que la tecnología ocupa un espacio creciente en la toma de decisiones. Desde los asistentes digitales hasta las plataformas de recomendación, numerosas herramientas influyen en lo que las personas consumen, estudian o consideran relevante.

Ante esta realidad, la alfabetización digital debe ir más allá del aprendizaje técnico. Incluye conocer las limitaciones de los sistemas, revisar la información que ofrecen y mantener una actitud crítica ante resultados que pueden parecer precisos, pero no siempre son correctos ni neutrales.

La apertura del nuevo curso universitario ha servido así para reivindicar una educación capaz de acompañar la innovación sin someterse a ella. El avance tecnológico seguirá modificando la sociedad, pero la dirección de ese cambio dependerá de las decisiones humanas y de la preparación con la que se afronten.

La idea trasladada por Núria Montserrat resume uno de los principales desafíos de la universidad actual: formar profesionales preparados para trabajar con las tecnologías del futuro y, al mismo tiempo, ciudadanos capaces de pensar por sí mismos. En ese equilibrio entre innovación, responsabilidad y autonomía se juega buena parte del impacto social de la transformación digital.

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