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Un satélite probará por primera vez la transferencia de energía mediante láser en el espacio

La energía solar podría dejar de depender exclusivamente de los paneles instalados en cada nave. SpaceX tiene previsto lanzar este jueves 1 de octubre la misión Transporter-18, con destino a la órbita terrestre baja, en un vuelo que llevará a bordo el satélite Protostar. Su objetivo es poner a prueba una tecnología capaz de enviar energía de una nave espacial a otra mediante un haz láser.

La demostración representa uno de los primeros pasos para crear redes de suministro energético en el espacio. Si la prueba confirma las previsiones, futuras plataformas orbitales podrían producir electricidad y transferirla a satélites que necesiten ampliar su autonomía, mantener sus instrumentos activos o continuar operando en zonas donde la luz solar no sea suficiente.

Cómo funciona la energía transmitida por láser

El sistema parte de una idea relativamente sencilla: una nave genera electricidad con sus paneles solares y la convierte en un haz de luz láser. Ese haz se dirige hacia otra nave, que incorpora un receptor capaz de captar la energía y transformarla de nuevo en electricidad utilizable.

El proceso no pretende sustituir de inmediato a los paneles solares tradicionales. Su ventaja estaría en permitir que una nave reciba energía cuando sus propios paneles no puedan producirla con normalidad, por ejemplo durante un eclipse, en una órbita con condiciones poco favorables o cuando el consumo de sus instrumentos supere la capacidad disponible.

Protostar servirá para comprobar si este intercambio puede realizarse de forma segura y controlada entre dos vehículos espaciales. La prueba deberá validar aspectos esenciales como la orientación precisa del láser, la adquisición del objetivo y la conversión de la luz recibida en energía eléctrica.

Transporter-18, un vuelo compartido hacia la órbita baja

El satélite viajará en la misión Transporter-18, uno de los lanzamientos compartidos de SpaceX. Este tipo de vuelos permite poner en órbita múltiples satélites de distintos operadores en una misma misión, reduciendo los costes de acceso al espacio para proyectos científicos, tecnológicos y comerciales.

El destino será la órbita terrestre baja, conocida como LEO. Esta región se encuentra relativamente cerca de la Tierra y concentra buena parte de las constelaciones de observación, comunicaciones y experimentación tecnológica. También es un entorno adecuado para realizar demostraciones que requieren seguimiento desde estaciones terrestres.

La fecha prevista de lanzamiento es el 1 de octubre de 2026. Como ocurre con cualquier misión espacial, el despegue puede cambiar por motivos meteorológicos, técnicos o relacionados con la disponibilidad del cohete y de la plataforma de lanzamiento.

Una posible solución para satélites con más consumo

La demanda energética de los satélites ha aumentado a medida que incorporan cámaras de mayor resolución, sistemas de comunicaciones más rápidos y procesadores capaces de analizar datos directamente en órbita. Sin embargo, el espacio disponible para instalar paneles solares sigue siendo limitado, especialmente en plataformas pequeñas.

Una infraestructura de transferencia energética podría separar la generación de electricidad del lugar donde se necesita. En vez de que cada satélite dependa únicamente de sus propios paneles y baterías, una plataforma especializada podría actuar como una especie de estación de servicio orbital y suministrar energía a otros vehículos cuando fuera necesario.

Esta capacidad también podría facilitar operaciones más flexibles. Un satélite podría apagar temporalmente sus sistemas durante un periodo de baja generación y recibir después un aporte energético sin tener que esperar a recuperar toda su carga mediante sus propios paneles solares.

Los retos que todavía debe superar la tecnología

La transferencia de energía por láser plantea importantes dificultades. El haz debe apuntar con gran precisión a un receptor que se desplaza a miles de kilómetros por hora y que puede encontrarse a grandes distancias. Cualquier error de orientación puede reducir la eficiencia o impedir que la energía llegue al objetivo.

También será necesario controlar la seguridad del sistema. Un láser diseñado para transmitir energía no puede interferir con otros satélites, sensores ópticos o actividades de observación. La coordinación entre las naves y el seguimiento desde tierra serán elementos fundamentales durante la demostración.

Otro desafío es la eficiencia. Parte de la energía se pierde al convertir la electricidad en luz, transmitirla y transformarla de nuevo en electricidad. Para que el modelo sea viable comercialmente, las pérdidas deberán compensarse con una operación fiable, receptores ligeros y costes de lanzamiento y mantenimiento razonables.

El primer paso hacia redes energéticas orbitales

El lanzamiento de Protostar no supondrá la creación inmediata de una red de energía espacial, pero sí puede aportar datos clave para determinar si esta arquitectura tiene recorrido. La misión permitirá evaluar el comportamiento de los equipos en el entorno orbital y detectar los obstáculos que no siempre pueden reproducirse en una prueba terrestre.

Si los resultados son positivos, la tecnología podría evolucionar hacia plataformas capaces de atender a varios satélites, apoyar misiones científicas de larga duración o suministrar energía a vehículos que operen en órbitas más exigentes. Por ahora, el objetivo es más modesto y concreto: demostrar que dos naves pueden compartir energía mediante un láser en el espacio.

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