Remedios Zafra alerta de que el impacto de la IA dependerá de quién controle sus beneficios
La escritora y profesora Remedios Zafra participará este viernes 2 de octubre en Periscopio, un encuentro que analizará el impacto de la inteligencia artificial en el sector cultural. La cita se celebrará en la Domus y pondrá el foco en una cuestión cada vez más relevante: quién decide cómo se desarrolla esta tecnología y quién obtiene los beneficios que genera.
Para Zafra, las consecuencias de la inteligencia artificial no están predeterminadas. Su alcance dependerá de las estructuras de poder que la controlen y de la forma en que se gestionen sus resultados. La autora resume esta preocupación con una idea central: los efectos de la IA dependen de quién controle la tecnología o quién gestione los beneficios.
La inteligencia artificial también transforma la cultura
El debate sobre la IA suele concentrarse en su evolución técnica, su capacidad para automatizar tareas o su impacto en el empleo. Sin embargo, su llegada al ámbito cultural abre preguntas más amplias sobre la creación, el reconocimiento profesional y el valor del trabajo intelectual.
Escritores, artistas, diseñadores, músicos y otros profesionales se enfrentan a herramientas capaces de generar textos, imágenes, piezas sonoras o propuestas audiovisuales en pocos segundos. Esta transformación puede facilitar procesos creativos, pero también introduce incertidumbres sobre la autoría, la remuneración y el uso de obras previas para entrenar sistemas automatizados.
En este contexto, la participación de Zafra en Periscopio servirá para abordar la inteligencia artificial desde una perspectiva social y cultural. El objetivo no es únicamente conocer qué pueden hacer estas herramientas, sino reflexionar sobre las condiciones en las que se incorporan a la vida cotidiana y a los sectores creativos.
Quién controla la tecnología marca la diferencia
La concentración de recursos tecnológicos en un número reducido de empresas condiciona el desarrollo de la IA. Estas compañías reúnen grandes volúmenes de datos, capacidad de computación y talento especializado, elementos que les permiten diseñar los modelos y fijar buena parte de las reglas de uso.
La cuestión planteada por Zafra apunta precisamente a ese desequilibrio. Una misma tecnología puede ampliar las oportunidades de los creadores si se utiliza como herramienta accesible y regulada, pero también puede agravar la precariedad si sustituye tareas sin garantizar derechos ni compensaciones.
El control de la inteligencia artificial no se limita a la propiedad de los sistemas. También incluye la capacidad para decidir qué datos se emplean, qué contenidos se consideran válidos, cómo se moderan los resultados y qué responsabilidades asumen las plataformas cuando sus herramientas afectan a terceros.
El reparto de los beneficios, otra cuestión clave
La automatización promete aumentar la productividad y reducir los tiempos de ejecución de numerosas tareas. No obstante, el incremento de la eficiencia no garantiza por sí solo una mejora para quienes trabajan en la cultura. La distribución de los beneficios será determinante para saber si la IA contribuye a reforzar el sector o si profundiza desigualdades ya existentes.
Entre las preocupaciones de los profesionales se encuentran la pérdida de ingresos, la sustitución de encargos y la dificultad para distinguir entre una obra creada por una persona y una pieza generada artificialmente. También preocupa que los sistemas aprendan a partir de trabajos protegidos sin que sus autores reciban información, reconocimiento o compensación.
Frente a estos desafíos, el debate cultural reclama normas claras, transparencia y mecanismos que protejan la actividad creativa. La innovación, desde esta perspectiva, no debería medirse solo por la potencia de los modelos, sino también por su capacidad para respetar derechos y ampliar el acceso a la creación.
Una conversación abierta sobre el futuro creativo
El encuentro de la Domus llega en un momento en el que la inteligencia artificial empieza a integrarse en estudios, redacciones, aulas, museos y empresas culturales. Su presencia ya no pertenece exclusivamente al terreno experimental: forma parte de decisiones profesionales y de discusiones públicas sobre el futuro del trabajo.
La intervención de Remedios Zafra contribuirá a situar estas transformaciones en un marco más amplio, vinculado a la desigualdad, la gestión del conocimiento y las condiciones materiales de quienes crean. La pregunta no será solamente qué puede hacer la IA, sino para quién trabaja, bajo qué reglas y con qué consecuencias.
La cita tendrá lugar este viernes 2 de octubre en la Domus, dentro del programa Periscopio, dedicado a explorar los cambios que la tecnología está introduciendo en la sociedad y, especialmente, en el ámbito cultural.



