Jesús de la Gándara: sufrir no es una enfermedad, pero no hay que afrontarlo en soledad
El psiquiatra Jesús de la Gándara plantea una idea sencilla, aunque a menudo incómoda: sufrir forma parte de la vida y no siempre significa estar enfermo. Su propuesta pasa por diferenciar el malestar propio de las dificultades cotidianas de los trastornos que requieren atención clínica y por aprender a tomar decisiones en momentos de incertidumbre.
Para ordenar ese proceso, el experto propone recurrir a las llamadas tríadas de conceptos o trilemas. Se trata de agrupar tres elementos relacionados para observar una situación desde varios ángulos, evitar respuestas impulsivas y encontrar una salida más realista. El objetivo no es eliminar el dolor, sino comprenderlo y manejarlo mejor.
El sufrimiento también puede ser una respuesta normal
Una pérdida, una ruptura, un conflicto familiar, la incertidumbre laboral o una enfermedad pueden provocar tristeza, miedo, enfado o agotamiento. Estas reacciones son desagradables, pero no necesariamente indican la existencia de una enfermedad mental. En muchos casos, son respuestas humanas ante circunstancias difíciles.
La diferencia entre el sufrimiento y un trastorno no depende únicamente de la intensidad de una emoción. También influyen su duración, la capacidad de la persona para continuar con su vida y el impacto que tiene en las relaciones, el trabajo, el descanso o el autocuidado.
Patologizar cualquier malestar puede generar más preocupación y hacer que la persona interprete como un problema médico una experiencia que necesita tiempo, apoyo y recursos para ser afrontada. Sin embargo, normalizar el sufrimiento no debe convertirse en una forma de restarle importancia ni de negar la ayuda profesional cuando sea necesaria.
Qué son los trilemas y cómo pueden ayudar
La estrategia de las tríadas parte de una premisa: las situaciones complejas rara vez tienen una única causa o una solución inmediata. Pensar en tres dimensiones permite ampliar la mirada y escapar de planteamientos extremos, como todo o nada, éxito o fracaso, fortaleza o debilidad.
Ante un problema, una persona puede preguntarse qué está ocurriendo, qué puede hacer y qué necesita aceptar. Esta secuencia ayuda a distinguir los hechos de las interpretaciones, identificar el margen de acción y asumir aquello que no depende de uno mismo.
- Comprender: reconocer qué ha sucedido y qué emociones está provocando.
- Actuar: buscar una medida concreta y posible para mejorar la situación.
- Aceptar: admitir los límites personales y la existencia de aspectos que no pueden controlarse.
El método también puede aplicarse a decisiones difíciles. Por ejemplo, conviene valorar los beneficios, los riesgos y las consecuencias de cada alternativa, en lugar de decidir únicamente desde el miedo o la urgencia. No se trata de encontrar una opción perfecta, sino de elegir la más adecuada con la información disponible.
Del pensamiento rígido a una respuesta más flexible
Cuando el malestar aumenta, es habitual que aparezcan pensamientos rígidos: nada va a cambiar, no puedo con esto o todo depende de mí. Este tipo de ideas pueden intensificar la ansiedad y bloquear la búsqueda de soluciones. Las tríadas permiten introducir matices y recordar que entre la resignación y el control absoluto existen otras posibilidades.
Una dificultad puede contemplarse desde la emoción, la razón y la relación con los demás. También desde el presente, el pasado y el futuro. Estas combinaciones no funcionan como una fórmula automática, pero sí como una herramienta para hacerse preguntas y evitar que una sola perspectiva domine toda la experiencia.
La importancia de pedir ayuda
Afrontar el sufrimiento no significa hacerlo sin apoyo. Hablar con personas de confianza, mantener rutinas básicas, dormir lo suficiente, cuidar la alimentación y conservar cierta actividad física puede contribuir a recuperar estabilidad. También es útil limitar el aislamiento y expresar lo que ocurre antes de que el malestar se vuelva más intenso.
La atención de un profesional de la salud mental es especialmente recomendable cuando la tristeza, la ansiedad o la irritabilidad se mantienen durante semanas, interfieren de forma clara en la vida diaria o impiden descansar y cuidarse. También conviene consultar si aparecen desesperanza intensa, consumo problemático de alcohol u otras sustancias, o pensamientos relacionados con hacerse daño.
La propuesta de Jesús de la Gándara invita a mirar el sufrimiento con más precisión y menos miedo. No todo dolor es una enfermedad, pero todo dolor merece ser escuchado. Diferenciar, reflexionar y pedir ayuda cuando sea necesario puede convertir una etapa difícil en una oportunidad para comprender mejor lo que ocurre y responder con mayor flexibilidad.


