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Una roja revisada por el VAR destroza al Celta B en El Molinón (3-2)

El Celta B salió de El Molinón con una derrota por 3-2 y la sensación de que el partido se decidió lejos del juego. La expulsión de Meixús, después de la intervención del VAR, alteró por completo el encuentro y condicionó el desenlace de un duelo que el filial celeste había dominado durante buena parte del tiempo.

La acción resultó especialmente controvertida porque el defensa no era el último hombre cuando se produjo la jugada. Pese a ello, la revisión terminó con una tarjeta roja que dejó al Celta B en inferioridad y obligó al equipo a afrontar el tramo decisivo con un futbolista menos.

Una decisión que cambió el guion del partido

Hasta ese momento, el filial estaba compitiendo con personalidad en uno de los escenarios más exigentes de la categoría. El Celta B había conseguido llevar el partido a su terreno, con capacidad para discutir la posesión y encontrar situaciones de peligro ante un Sporting que no terminaba de imponer su ritmo.

La expulsión de Meixús introdujo un factor que acabó pesando más que cualquier ajuste táctico. El conjunto vigués tuvo que reorganizarse, protegerse en defensa y multiplicar sus esfuerzos para cubrir los espacios que aparecieron tras la inferioridad numérica.

La decisión arbitral, además, provocó la lógica frustración en el banquillo y entre los jugadores del Celta B. La interpretación de la jugada fue determinante: de una acción susceptible de una sanción menor se pasó a una expulsión que dejó al filial condicionado durante el resto del encuentro.

El Celta B no dejó de competir

Lejos de desaparecer del partido, el equipo celeste mantuvo la capacidad de reacción. Incluso después de quedarse con diez, siguió compitiendo y encontró argumentos para mantenerse con vida en el marcador. El 3-2 final refleja la resistencia del filial, aunque también confirma el coste de jugar durante tantos minutos en inferioridad.

El Celta B logró marcar dos goles y sostuvo sus opciones hasta el tramo final. La desventaja numérica no impidió que el conjunto visitante buscara la portería rival ni que tratara de aprovechar cada pérdida y cada transición. Esa respuesta refuerza la idea de que el equipo estaba preparado para pelear por un resultado positivo antes de la expulsión.

Sin embargo, el Sporting encontró el modo de sacar partido de la nueva situación. Con más espacios y una mayor necesidad del filial de replegarse, el cuadro local fue ganando metros y sometiendo al Celta B a un esfuerzo defensivo constante. El encuentro se convirtió entonces en una prueba de supervivencia para los visitantes.

Una derrota marcada por la polémica

El resultado deja al Celta B sin premio, pero el análisis del partido no puede separarse de la roja a Meixús. La jugada no solo modificó el número de futbolistas sobre el terreno de juego: también cambió el comportamiento de ambos equipos y la manera en la que se desarrolló el encuentro.

La tecnología aplicada al arbitraje debía servir para corregir errores claros, pero su intervención en El Molinón acabó abriendo un debate sobre la proporcionalidad de la decisión. La cuestión central no es únicamente si existió contacto o si la acción merecía castigo, sino si la expulsión era la respuesta adecuada cuando el jugador no era el último defensor.

En partidos igualados, este tipo de decisiones adquiere una relevancia enorme. Una tarjeta roja puede convertir un duelo controlado en una carrera contrarreloj y alterar todos los planes de un equipo. Eso fue lo que ocurrió con el Celta B, que pasó de gobernar el choque a tener que resistir con un jugador menos.

El marcador no cuenta toda la historia

El 3-2 concede los tres puntos al conjunto local, pero ofrece una lectura incompleta de lo sucedido. El filial celeste fue superior en fases importantes del partido y, aun condicionado por la expulsión, tuvo argumentos para mantenerse dentro del encuentro.

La derrota duele por el resultado y por la forma en la que se produjo. El Celta B se marchó de Gijón con la certeza de haber competido hasta el final, pero también con la percepción de que una decisión arbitral revisada por el VAR inclinó definitivamente la balanza.

El fútbol deja poco margen para las explicaciones cuando el marcador termina en contra. Aun así, la actuación del filial en El Molinón permite rescatar una conclusión positiva: incluso en inferioridad y ante un escenario adverso, el equipo no renunció al partido. La polémica queda instalada, mientras el Celta B deberá transformar esa frustración en respuesta en su próximo compromiso.

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