Feijóo prepara el tablero electoral con una llave decisiva: marcar distancias con Abascal
El Partido Popular ya trabaja con lógica electoral. La maquinaria está en marcha y Alberto Núñez Feijóo afronta una fase en la que cada movimiento deberá responder a una doble exigencia: consolidar su posición como alternativa de Gobierno y evitar que la estrategia de Vox dicte el ritmo de la oposición.
La clave no estará únicamente en cuánto desgaste pueda acumular el Ejecutivo, sino en quién consiga presentarse ante los ciudadanos como una opción fiable, previsible y preparada para gobernar. En ese escenario, Feijóo dispone de una ventaja potencial: puede ocupar el centro de la escena sin necesidad de competir con Santiago Abascal en su terreno.
Una campaña pensada para gobernar, no solo para resistir
El PP afronta el próximo ciclo electoral con la obligación de transformar su ventaja organizativa en un proyecto reconocible. La movilización interna, la elección de los mensajes y la selección de los asuntos prioritarios serán determinantes para evitar que la campaña se convierta en una sucesión de reacciones a las provocaciones de sus adversarios.
Feijóo necesita construir una imagen de presidente preparado para tomar decisiones desde el primer día. Esa tarea exige algo más que denunciar los errores del Gobierno: implica explicar qué haría el PP, con qué prioridades y bajo qué compromisos de transparencia y control institucional.
La economía, los servicios públicos, la seguridad y la gestión territorial estarán previsiblemente en el centro del debate. Pero también lo estará la capacidad de los partidos para ofrecer garantías frente a la corrupción, el clientelismo y el uso partidista de las instituciones. Para un partido que aspira a gobernar, la credibilidad en estas materias no puede limitarse a declaraciones generales.
El riesgo de perseguir la agenda de Vox
El principal desafío político para Feijóo consiste en no permitir que Vox marque las condiciones del debate. La formación de Abascal ha demostrado que su estrategia se apoya en la polarización, la simplificación de los conflictos y la búsqueda constante de asuntos capaces de tensionar a la opinión pública.
Responder a cada giro de Vox puede proporcionar réditos inmediatos, pero también encierra un riesgo: que el PP termine hablando con el lenguaje de su competidor y pierda parte de su perfil propio. La competición por el mismo espacio puede empujar a los populares hacia posiciones que dificulten después la construcción de mayorías amplias.
Feijóo tiene, por tanto, que resolver una ecuación compleja. Debe conservar el voto más crítico con el Gobierno sin renunciar a atraer a electores moderados, abstencionistas y ciudadanos que buscan un cambio político sin sobresaltos. Esa combinación requiere firmeza, pero también capacidad de gestión y un tono institucional.
La corrupción como prueba de credibilidad
En una contienda electoral, la corrupción puede convertirse en un arma contra el adversario, pero también en una prueba para quien aspira a sustituirlo. El PP no solo tendrá que denunciar los casos que afecten a otras formaciones. Deberá demostrar que cuenta con mecanismos eficaces para prevenir irregularidades, investigar responsabilidades y apartar a quienes dañen la confianza pública.
La ciudadanía reclama respuestas concretas: controles sobre la contratación pública, independencia de los órganos de supervisión, protección para quienes alertan de prácticas irregulares y rendición de cuentas sobre el uso del dinero público. La promesa de tolerancia cero pierde valor cuando no va acompañada de procedimientos claros y consecuencias políticas.
En este terreno, Feijóo puede diferenciarse de una política basada únicamente en la confrontación. Un programa de regeneración institucional, con plazos verificables y obligaciones de transparencia, permitiría al PP presentar la lucha contra la corrupción como una política de Estado y no como un recurso de campaña.
La importancia de una mayoría suficiente
El horizonte electoral también obligará al PP a explicar qué tipo de mayoría pretende obtener. No es lo mismo aspirar a encabezar un Gobierno estable que plantear una legislatura condicionada permanentemente por un socio externo o de coalición.
La relación con Vox será observada con especial atención. Feijóo deberá aclarar qué líneas rojas considera irrenunciables, qué acuerdos estaría dispuesto a aceptar y cómo garantizaría el funcionamiento de las instituciones en caso de necesitar apoyos parlamentarios. La ambigüedad puede ser útil durante un tiempo, pero acaba generando dudas cuando llega la hora de pedir el voto.
La dirección popular parece asumir que no basta con estar preparada para unas elecciones. También hay que estar preparada para gobernar al día siguiente. Eso significa disponer de equipos, prioridades legislativas y una hoja de ruta capaz de responder a los problemas cotidianos, más allá de la batalla partidista.
Feijóo ante su oportunidad decisiva
El líder del PP tiene la llave de su propio relato. Puede dejar que la campaña quede definida por la tensión con Vox y por la contestación permanente al Gobierno, o puede situar el foco en una alternativa de gestión, solvencia y regeneración democrática.
La maquinaria electoral ya está activada, pero el resultado dependerá de algo más que de la organización. Feijóo tendrá que convencer de que su proyecto no es una simple suma de rechazos, sino una propuesta capaz de unir a una mayoría. Y, sobre todo, deberá demostrar que la distancia con Abascal no se mide solo en el tono, sino también en la forma de entender el poder, las instituciones y la responsabilidad pública.



